Después de cuatro décadas de espera, la selección mexicana finalmente consiguió un triunfo en un partido de matar o morir dentro de una Copa del Mundo. Para encontrar un antecedente similar, hay que remontarse a la lejana cita mundialista de 1986, cuando México derrotó a Bulgaria con dos goles inolvidables: el de Raúl Servín y el histórico tanto de Manuel Negrete. Hoy, el equipo dirigido por Javier Aguirre ofreció, a criterio de muchos, los mejores 45 minutos que se le han visto en un Mundial. Con jerarquía, calidad, buen fútbol y valentía, superó a un combinado ecuatoriano que había mostrado solidez defensiva tanto en las eliminatorias de CONMEBOL como en este torneo.
Uno de los aspectos más destacados fue la inteligencia de Javier Aguirre para elegir a los futbolistas adecuados y así quitarle el balón a Ecuador para imponer condiciones. Existían dudas sobre el once inicial. Finalmente, el estratega apostó por el Tala como titular indiscutible, así como por Jorge Sánchez, decisión que sorprendió a algunos que esperaban a Israel Reyes. La elección se basó en la velocidad del exjugador de Cruz Azul, especialmente ante la peligrosidad y rapidez de Angulo, quien juega por esa banda. Otra incógnita era si alinearía a Edson o devolvería la capitanía a César Montes. Al final, optó por César.

Una defensa sólida y un mediocampo inteligente
Johan Vásquez, indiscutible, y Jesús Gallardo también estuvieron presentes. La duda con Edson Álvarez en el mediocampo —considerando su trayectoria en Europa, jerarquía y condición de primer capitán— era si sería respetado para la titularidad, sobre todo porque Eric Lira no solo tuvo un año sobresaliente con Cruz Azul, sino que ha rendido bien con la selección. Finalmente, Aguirre se decantó por el canterano de Pumas y lo acompañó con Luis Romo, quien hasta ahora ha tenido un muy buen Mundial y es considerado, en opinión de muchos, el mejor futbolista que tiene México.
En la zona ofensiva, brilló el maduro e inteligente Gilberto Mora, de apenas 17 años, mostrando una madurez atípica y pocas veces vista. Tiene un gran presente y un promisorio futuro que lo pueden convertir en un histórico futbolista del país. En ataque, se mantuvo la apuesta por los tres titulares habituales: Julián Quiñones, que una vez más anotó un gol y dio una asistencia; Raúl Jiménez, quien a pesar de fallar una clara ocasión al inicio, nos regaló un gran gol tras asistencia del futbolista que milita en Arabia; y El Piojo Alvarado, destacado por su valentía y atrevimiento, quitándole la pelota a Ecuador y jugando con personalidad. En el primer tiempo, prácticamente bailaron a los ecuatorianos.

Segundo tiempo: control y solidez defensiva
Para la segunda mitad, México cambió su plan y buscó conservar la ventaja que con justicia había obtenido en el primer tiempo. Cedió la iniciativa a una inoperante Ecuador. Se defendió con jerarquía y controló el partido a su antojo, sin sufrir y sin exigir al Tala, quien tuvo dos brillantes intervenciones en la primera parte. El equipo mexicano se defendió de manera ejemplar y completó su cuarto partido en esta Copa del Mundo manteniendo el arco en cero.
Como se ha expresado anteriormente, en el fútbol es fundamental ser sólido en defensa para aspirar a trascender. Este equipo mexicano posee esa solidez defensiva que le permite potenciarse y fortalecerse anímicamente. Más allá de eso, hoy se ve a un grupo homogéneo, lleno de armonía, buen ambiente, compañerismo y absoluta lealtad para pelear por los puestos. Javier Aguirre está maduro, pragmático y demuestra un evidente crecimiento como entrenador.

Se vio a un equipo mexicano atípico en el primer tiempo, en contraste con la historia de Javier como entrenador, quien suele ponderar otras cosas similares a las de la segunda parte. En la primera mitad, el equipo era admirable por su movilidad, manejo de la pelota y cohesión. La sintonía entre la selección y su afición es indescriptible; la gente está feliz e ilusionada. Jugando como hoy, México le puede competir a quien sea. Hay que ser conscientes de que vendrán rivales de mayor jerarquía y exigencia, pero insisto: jugando así y en su estadio, donde marcha invicto en Copas del Mundo, será complicadísimo para cualquier rival, ya sea Inglaterra o Congo, vencerlo. Hoy toca celebrar con mesura y responsabilidad este memorable partido, no solo por el resultado, sino por el funcionamiento mostrado en la primera mitad.
Habrá que estar pendientes del enfrentamiento entre Inglaterra y Congo para conocer al próximo rival de México, altamente probable que sea Inglaterra. Aunque no se ha visto a una Inglaterra en gran nivel en el Mundial —salvo la jerarquía de Jude Bellingham ante Panamá—, no ha levantado la mano como candidata, a diferencia de Francia, que venció con autoridad a Suecia. Habrá que esperar, pero hoy México nos regaló una actuación inolvidable que esperamos pueda repetir en las siguientes instancias, que tendrán un grado de complejidad mayor.
Fuente: Infobae