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Corredor Seco: recorte del 59% y El Niño agravan hambre en Guatemala y Honduras

El Corredor Seco centroamericano enfrenta una situación límite. La combinación de sequías prolongadas asociadas al fenómeno de El Niño, el incremento de la violencia y una reducción del 59% en la ayuda humanitaria internacional desde 2022 están llevando a Guatemala y Honduras a una crisis alimentaria sin precedentes, según un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA).

El documento sitúa a la región entre los trece focos críticos del planeta que requieren atención urgente entre junio y noviembre de 2026. En Guatemala, se calcula que tres millones de personas se encuentran en niveles críticos de inseguridad alimentaria; de ellos, 250 mil ya padecen una emergencia aguda. En Honduras, 1.6 millones de habitantes están en situación de crisis o peor, y 62 mil enfrentan condiciones extremas que amenazan su supervivencia.

Factores que agravan la crisis

El avance de la sequía vinculada a El Niño, la fuerte dependencia de cultivos vulnerables como maíz y frijol, y la reducción de lluvias en la temporada agrícola principal han recortado las áreas de siembra y las cosechas. Esto obliga a muchas familias a recurrir a mercados más inestables y costosos. A esto se suman la inflación y las dificultades para acceder a bienes esenciales, lo que incrementa la fragilidad de los hogares rurales.

Haití y Cuba en el Caribe

En el Caribe, Haití continúa como el país más golpeado. La violencia armada, el desplazamiento interno y el colapso económico han dejado a 5.8 millones de personas –el 52% de la población– en crisis alimentaria o peor. De ese total, 1.8 millones están en situación de emergencia, el registro más alto desde que existen mediciones sistematizadas. En Honduras, 1.6 millones están en situación de crisis o peor, y al menos 62 mil enfrentan condiciones extremas que ponen en riesgo su supervivencia. (Magnific)

La inflación alimentaria, cercana al 24% en febrero de 2026, y la caída de las remesas agravan el acceso a alimentos básicos. Aunque se observó una mejora reciente atribuida a menores tasas de inflación y mejores condiciones agrícolas puntuales, Haití sigue bajo amenaza de sequía por El Niño en los próximos meses. En Cuba, si bien no figura entre los países de máxima alerta, la crisis económica persistente, la caída de la producción agrícola y los cortes eléctricos recurrentes mantienen a la población en una situación vulnerable ante cualquier shock adicional. El informe advierte que, sin cambios, podría crecer la inseguridad alimentaria y complicarse el acceso a bienes esenciales para los hogares más frágiles.

Crisis alimentaria fuera de América

Fuera del continente americano, el informe de la FAO y el PMA destaca la crisis en Sudán, Sudán del Sur, Nigeria y Somalia, donde millones de personas enfrentan riesgos de hambruna si no se refuerza la asistencia humanitaria. El análisis de la FAO y el PMA identifica tres motores principales de la inseguridad alimentaria aguda: los conflictos armados, las crisis económicas y los eventos climáticos extremos. (Magnific)

Yemen y Palestina continúan entre las zonas más afectadas, con poblaciones enteras dependiendo de la ayuda internacional y con infraestructuras agrícolas devastadas por conflictos prolongados. En Asia, Afganistán y Myanmar siguen bajo presión por la combinación de sequía, violencia y crisis económica. En Madagascar y Líbano se suman factores climáticos y de seguridad que agravan las necesidades alimentarias.

Conflictos, economía y clima

El análisis de la FAO y el PMA identifica tres motores principales de la inseguridad alimentaria aguda: los conflictos armados, las crisis económicas y los eventos climáticos extremos. Uno de cada seis habitantes del planeta vive hoy bajo exposición directa a violencia armada. Un vasto terreno agrícola muestra profundas grietas en la tierra y cultivos marchitos, resultado de una sequía prolongada bajo un sol intenso y una atmósfera calurosa. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además, la volatilidad de los mercados internacionales de energía y alimentos, agravada por la inestabilidad en Medio Oriente, se traduce en aumentos de precios y restricciones que afectan a los países más dependientes de la importación de alimentos. El Niño también contribuye a sequías en África occidental y Centroamérica, así como a lluvias erráticas en Asia, lo que compromete la producción agrícola local y los medios de subsistencia rurales.

La caída del 59% en la ayuda alimentaria internacional desde 2022 coincide con un aumento del número de personas en necesidad crítica. La brecha entre la demanda y la capacidad de respuesta humanitaria se amplía y debilita la capacidad de anticipar y mitigar crisis antes de que se transformen en hambrunas.

Prevención y coordinación

La FAO y el PMA sostienen que la prevención es más eficaz y menos costosa que la respuesta tardía. Los sistemas de alerta temprana y las intervenciones anticipatorias permiten evitar el colapso de los medios de vida y reducir la mortalidad asociada a la desnutrición extrema. La coordinación entre actores humanitarios y de desarrollo resulta clave para maximizar el impacto de los recursos disponibles y evitar respuestas fragmentadas. La resiliencia, entendida como la capacidad de los hogares para recuperarse y sostenerse tras un shock, debe estar en el centro de las estrategias.

Cómo se mide el riesgo

El reporte utiliza la clasificación IPC, que distingue entre Fase 3 (Crisis), Fase 4 (Emergencia) y Fase 5 (Catástrofe/Hambruna), según la gravedad del acceso alimentario y el riesgo de mortalidad. Las cifras se basan en consensos técnicos y revisiones periódicas de los datos en terreno, con prioridad tanto para los números absolutos como para las proporciones respecto de la población total.

Fuente: Infobae

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