El arribo de personal de rescate y apoyo castrense proveniente de Estados Unidos a Venezuela dio comienzo a una de las misiones internacionales de socorro más extensas después de los sismos que estremecieron al país el 24 de junio de 2026.
El saldo oficial de víctimas, divulgado por el presidente de la Asamblea Nacional venezolana, Jorge Rodríguez, alcanzó 1.450 fallecidos, mientras que los equipos de emergencia siguen reportando miles de lesionados y personas sin localizar.
La dimensión del desastre desencadenó una reacción global sin antecedentes, liderada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y apoyada con recursos civiles y castrenses estadounidenses.

Colaboración mundial y arribo de brigadistas
De acuerdo con lo publicado por la ONU en su sitio oficial, más de 2.000 rescatistas de 27 países están desplegados en Venezuela realizando labores de búsqueda y rescate, con el respaldo de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).
Esta misión de carácter global cuenta con la participación de contingentes de Estados Unidos, México, España, Brasil, Francia, Reino Unido, Alemania y varias naciones latinoamericanas. La movilización fue solicitada por el gobierno venezolano tras la devastación ocasionada por dos sismos en cadena, con magnitudes de 7,2 y 7,5.
Las faenas de rescate avanzan contrarreloj en sitios como La Guaira, donde se registran los daños más severos y se mantiene la expectativa de hallar sobrevivientes bajo los escombros.

Apoyo castrense de EE.UU. y operaciones en terreno
Según un comunicado del Comando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM), la ayuda norteamericana en Venezuela comprende equipos de búsqueda y rescate, ingenieros militares y recursos logísticos, todos funcionando de forma autosuficiente.
De acuerdo con reportes de prensa, SOUTHCOM señaló que sus actividades no demandan recursos locales, lo que facilita concentrar los trabajos en la distribución de asistencia humanitaria.

La tarea de los infantes de marina estadounidenses quedó registrada en fotos difundidas por el propio comando castrense, donde se aprecia a efectivos laborando junto a socorristas internacionales y venezolanos en la remoción de escombros y la atención a damnificados.
Entre los medios movilizados destaca la llegada de aeronaves militares como el V-22 Osprey y el posicionamiento de buques de la Armada para coordinación logística y evacuación médica. Según el Departamento de Estado, cerca de 250 especialistas civiles estadounidenses toman parte en las operaciones, mientras el gobierno de Estados Unidos comprometió USD 150 millones en ayuda humanitaria y técnica.
El alcance de la intervención abarca la reparación de la pista principal del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, posibilitando la llegada de vuelos de socorro y la salida de heridos de gravedad hacia nosocomios de campaña. Esta acción, confirmada por fuentes oficiales, aceleró el ingreso de insumos médicos, alimentos y personal calificado.

Balance de víctimas y desafíos humanitarios
El recuento de víctimas se actualiza de forma permanente. Entes oficiales e informes de la ONU coinciden en que la cifra de fallecidos supera los 1.400 y los heridos se aproximan a 3.300.
La información de 51.000 personas no localizadas, citada en reportes mediáticos, corresponde a denuncias de familiares y voluntarios, aunque las autoridades no confirmaron oficialmente esa cifra como desaparecidos. Según medios internacionales, la magnitud de los daños motivó la declaración de emergencia nacional y la restricción del acceso a las zonas afectadas.
La evaluación preliminar de la ONU estima que los daños materiales alcanzan los USD 6.700 millones, lo que equivale aproximadamente al 6% del producto interno bruto venezolano.
Además, más de 12.000 personas continúan desplazadas y millares de viviendas quedaron inhabitables. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) alertó que cerca de 1,8 millones de personas, entre ellos 680.000 niños, necesitan ayuda urgente.

Repercusiones políticas y vínculo bilateral
La tragedia generó un grado de cooperación sin precedentes entre el gobierno de Venezuela y Estados Unidos. Según declaraciones recogidas por la ONU, la articulación entre el Comando Sur, el Departamento de Estado y las autoridades venezolanas permitió priorizar la respuesta en las zonas más golpeadas y evitar la duplicación de esfuerzos.
El gobierno venezolano desplegó más de 14.000 efectivos de fuerzas armadas y policía en las áreas del desastre, en tanto que la ayuda internacional sigue arribando mediante vuelos y convoyes humanitarios.
La actuación de la comunidad global, el despliegue de recursos estadounidenses y el flujo constante de información oficial fueron determinantes para enfrentar una de las emergencias humanitarias más graves en la historia reciente de Venezuela.
Fuente: Infobae