El regreso de la guacamaya de alas azules a la selva misionera abre un interrogante crucial: ¿es posible que una especie se recupere después de ser declarada extinta en estado silvestre? Según información difundida por la revista National Geographic, que recopila datos de especialistas del proyecto y de la entidad Aves Argentinas, este proceso ya está en marcha en el noreste de Argentina.
Décadas atrás, bandadas de este pequeño loro de plumaje verde y alas azuladas recorrían ruidosamente la región, pero la acción humana, la captura para el comercio de mascotas, el daño a los árboles de anidación y su catalogación como plaga agrícola provocaron la desaparición de la especie en su hábitat natural.
La única presencia que quedó se limitó a ejemplares en cautiverio, sin que se registraran vuelos libres en el país durante varios años.

El programa de conservación para su reintroducción
Se implementó un plan coordinado para devolver la guacamaya de alas azules a Argentina. La iniciativa, liderada por Aves Argentinas y respaldada por decenas de instituciones de ambos lados de la frontera con Brasil, integra el rescate de aves traficadas, la reproducción en cautiverio y la preparación para la vida silvestre. La meta es que estas aves retornen de forma definitiva a la selva de Misiones, donde se extinguieron hace décadas.
En las fases iniciales, los ejemplares rescatados atraviesan controles sanitarios y cuarentena en el refugio Güira Oga de Puerto Iguazú. Solo tras superar los exámenes de salud son trasladados al centro de entrenamiento en la reserva El Puente Verde, ubicada en pleno entorno selvático, donde se alistan para la vida en libertad.

Recuperación y adaptación de ejemplares rescatados
Muchos de estos loros han pasado años o incluso décadas en jaulas pequeñas, lo que afecta su musculatura, capacidad de vuelo y comportamientos instintivos. Algunos llegan con sobrepeso por dietas inadecuadas, otros apenas pueden volar y varios han perdido el miedo a las personas, algo que puede resultar letal en la naturaleza.
El proceso de readaptación contempla ejercicios físicos progresivos y la restauración de hábitos esenciales, como identificar a los humanos como posibles amenazas.
No todos los ejemplares logran readaptarse por completo. Aquellos que no recuperan las habilidades necesarias debido a la edad, lesiones o extenso tiempo en cautiverio, se integran al programa de cría, formando parejas para producir nuevas generaciones destinadas a la reintroducción.

Cría en cautiverio y nacimientos recientes
La recuperación de la especie también depende de la reproducción controlada, tanto en Argentina como en Brasil. En el Parque das Aves de Foz do Iguaçu, varias parejas de guacamayas han logrado incubar y criar pichones con la mínima intervención humana.
Los polluelos más sanos son destinados a fortalecer la población argentina. En la última temporada reproductiva nacieron 14 pichones en Brasil; diez de ellos se incorporarán al proyecto en Argentina.
En diciembre de 2025, se registró el nacimiento del primer pichón en libertad en Misiones después de décadas, un hito para el proyecto, aunque el ave sobrevivió apenas un mes. Los especialistas consideran que este tipo de experiencias es clave para que los adultos aprendan a criar y cuidar a sus descendientes con éxito en el futuro.

Preparativos y perspectivas para la liberación definitiva
Antes de que las guacamayas puedan ser liberadas, deben reaprender a volar y a alimentarse en la selva. El entrenamiento se lleva a cabo en un gran aviario dentro de la reserva, donde los ejemplares inician con movimientos cortos y, gradualmente, ganan fuerza y confianza para volar distancias mayores. También se promueve el reconocimiento de alimentos naturales colocando flores, brotes y frutos autóctonos en el recinto.
La adaptación no es solo física: las aves establecen jerarquías y desarrollan conductas sociales esenciales para su supervivencia. Cuando los cuidadores consideran que un grupo está listo, abren el aviario hacia estaciones de alimentación en los árboles, permitiendo que exploren el entorno y se acostumbren a obtener recursos por sí mismos.
En junio de 2026, 11 guacamayas estaban en distintas fases de preparación; ocho de ellas serán liberadas el 20 de septiembre, cada una con transmisores para su monitoreo. El plan contempla que regresen al recinto por las noches mientras se adaptan, hasta lograr una vida completamente en libertad.
Si el proyecto avanza según lo esperado, la guacamaya de alas azules podría volver a surcar los cielos de Misiones y, en el futuro, reconectar poblaciones en Paraguay y Brasil.
Fuente: Infobae