Más de un centenar de negativas por parte de editoriales no lograron detener a C.S. Pacat, la escritora australiana que finalmente vio su trilogía Príncipe cautivo convertirse en un éxito de ventas a nivel mundial. La autora, reconocida como bestseller del New York Times y figura clave dentro de la literatura queer contemporánea de fantasía, regresó a Buenos Aires con motivo de la 50° edición de la Feria Internacional del Libro. En diálogo con Infobae, relató el recorrido que la llevó desde publicar capítulos sueltos en internet, sin respaldo editorial ni grandes expectativas, hasta transformar el panorama de la literatura LGBTQ+ en todo el planeta.
“Traté de publicarlo. Cada editorial me dijo que no. Recibí más de 100 rechazos, porque en ese momento las historias LGBT no se publicaban”, confesó Pacat durante la entrevista. La situación era evidente: las grandes casas editoriales consideraban que no existía un mercado para ese tipo de narrativas. Ante esta realidad, la autora optó por la autopublicación.
En 2013, con un préstamo bancario, lanzó los dos primeros volúmenes de Príncipe cautivo tanto en formato impreso como digital. En menos de 24 horas, la obra alcanzó el primer puesto en la lista de ficción gay y lésbica de Amazon. Los lectores hicieron lo que los editores se negaron a hacer: apostar por sus historias.

Del rechazo al número uno
El origen de Príncipe cautivo se remonta a 2008, en una plataforma de blogs llamada LiveJournal, donde Pacat publicaba capítulos bajo el seudónimo freece. En ese momento, no lo concebía como un libro sino como lo único posible. La ficción queer se desenvolvía entonces en un circuito subterráneo: traducciones de manga japonés hechas por fanáticos, historietas y fan fiction. Todo en internet, nada en papel. “Era un mundo oculto”, resumió Pacat. Por esa razón, inicialmente no intentó el camino editorial, y cuando lo hizo, se encontró con las negativas.
La trilogía cuenta la historia de Damen, heredero al trono de Akielos, quien es traicionado por su propio hermano y enviado como esclavo al reino enemigo de Vere, donde queda bajo las órdenes de Laurent, el frío príncipe heredero cuyo hermano murió a manos de Damen en batalla. Obligado a ocultar su identidad para sobrevivir, lo que comienza como una relación de odio entre enemigos irreconciliables se transforma, a lo largo de los tres volúmenes, en un vínculo forjado a partir de traiciones reveladas y una confianza que se construye lentamente.

Pacat escribió esa historia sin tener una dirección clara. Publicaba los capítulos a medida que los redactaba, y el libro fue tomando forma con ella inmersa en el proceso. “Cuando empecé a escribir el libro, no sabía cómo escribir un libro”, admitió. “Si lees Príncipe cautivo, es como la historia de mi educación como escritora. Puedes verme aprender en tiempo real”. En un momento dado, descubrió cómo funcionaba la trama secundaria, y de repente el libro adquirió una trama secundaria. Así, capítulo a capítulo, construyó un universo.
Al llegar el momento de publicarlo comercialmente, consideró reescribirlo. Intentó mejorarlo, pero cada vez que lo hacía, algo se perdía. “Cada vez que intentaba mejorarlo, se perdía algo. Se perdía algo de magia”, recordó. Finalmente, lo dejó tal como estaba. El libro que los lectores leen hoy es el mismo que circuló online. “Cualquier libro que escribas, nunca puedes volver a escribirlo”, dijo. “Solo puedes escribirlo en ese momento exacto”.
El éxito de la autopublicación en 2013 cambió todo. Una agente literaria de Nueva York la contactó. Penguin Random House hizo una oferta. La trilogía se publicó entre 2015 y 2016 y se convirtió en un fenómeno global.

Una infancia sin espejos
Para comprender por qué Pacat escribe lo que escribe, es necesario mirar hacia atrás. Durante su adolescencia en Australia, encontró en los libros el único espacio donde podía procesar experiencias que no podía compartir con nadie. Creció en un hogar violento, y las historias de vidas comunes con finales felices le resultaban ajenas, incluso sospechosas. “Quería romper esa pantalla y decir: eso no es verdad. Las cosas malas también pasan”, recordó.
Sin embargo, lo que más le pesaba era otra ausencia. Los libros de fantasía que leía siempre presentaban al mismo héroe: joven, heterosexual, de nombre Will o Harry. Nunca australiano. Nunca argentino. El villano, en cambio, era oscuro, extranjero, diferente, y casi siempre queer-coded.
“Scar, Maléfica, Jafar, Úrsula… todos los villanos de Disney tienen esa codificación”, señaló. “Crecí con historias que me decían que yo era la villana”. De adulta, comprendió lo que sentía de niña al defender al antagonista: “Lo que en realidad pensaba era: ‘denme una oportunidad. No soy mala persona solo por ser queer’”.

El mapa de la representación queer
Pacat describió la evolución de la literatura LGBTQ+ como un proceso que avanza por etapas. Primero, la ausencia total. Después, personajes queer como villanos o como objeto de burla. Luego, figuras positivas pero secundarias: el mejor amigo gay, la pareja secundaria que orbita alrededor del protagonista heterosexual. Hoy, según ella, se empieza a llegar al protagonista queer, aunque el camino no ha terminado.
Los números respaldan esa lectura. De acuerdo con datos de BookScan, las ventas de ficción LGBTQ+ alcanzaron 4,4 millones de unidades en los doce meses que cerraron en octubre de 2023, un aumento del 7% respecto al período anterior y del 200% frente a 2019. En el mismo lapso, las ventas generales de ficción cayeron un 3%.

Ese avance, sin embargo, tiene sus tensiones. Desde 2025, el clima político en Estados Unidos presionó en sentido contrario: según la organización PEN America, durante el año escolar 2024-2025 se registraron 6.870 prohibiciones de libros en 23 estados y 87 distritos escolares, y siete de los diez libros más censurados tenían personajes LGBTQ+. El terreno ganado no está garantizado.
“¿Podemos tomar esos personajes y hacerlos protagonistas en otros géneros? ¿Pueden ser personajes queer desordenados, problemáticos, igual que los protagonistas heterosexuales?”, planteó Pacat. La respuesta, para ella, todavía está pendiente, y esa pregunta abierta es lo que la mantiene escribiendo.

Construir universos desde la propia historia
La tensión entre el héroe y el villano, entre el poder y la vulnerabilidad, no es un recurso narrativo para Pacat: es una pregunta personal que se coló en sus libros. “Soy muy interesada en la igualdad, pero porque me interesa la igualdad, debo escribir sobre la diferencia de poder”, explicó con una lógica que atraviesa toda su obra.
Para ella, cada vez que existe una asimetría de poder en el mundo real, surge la posibilidad del abuso, la violencia y el problema. “Es muy raro que la violencia vaya hacia arriba en una jerarquía de poder. Generalmente fluye hacia abajo”, dijo.

Esa convicción moldeó los universos que construyó. En Príncipe cautivo, la esclavitud y la traición política son el escenario de un vínculo que se transforma lentamente. En El rey oscuro, la batalla entre el bien y el mal empieza clara y se vuelve cada vez más porosa.
Pacat no diseña sus mundos como escenarios de aventura sino como laboratorios para explorar qué le hace el poder a las personas, y si es posible encontrar relaciones sanas dentro de estructuras profundamente desiguales. “¿Hay alguna manera de encontrar el camino hacia relaciones saludables dentro de una compleja interrelación humana de desequilibrio de poder?”, se preguntó en voz alta.

La conexión con los lectores como origen y sostén
Si hay un hilo que recorre toda la trayectoria de Pacat, es la relación con sus lectores. No como dato de marketing, sino como el motivo por el que su carrera existe. “Le debo toda mi carrera a mis lectores”, afirmó. Sin ellos, Príncipe cautivo habría quedado como una serie online más en un rincón de internet. Fueron ellos quienes pidieron la edición en papel, quienes convirtieron la autopublicación en un bestseller, quienes demostraron a las editoriales que ese tipo de historias tenía público.
Esa deuda no es abstracta para Pacat. En Buenos Aires, la hizo concreta. Su primera visita a la ciudad, en 2022, la marcó de una manera que no esperaba. “Fue una de las ciudades más apasionadas y maravillosas en las que estuve durante una gira de libros”, recordó. La intensidad de los lectores argentinos —su modo de conectar con los textos, de reclamar más traducciones, de presentarse a los eventos con una entrega que ella no había visto en otros lugares— la dejó con una impresión que persistió cuatro años.
Cuando volvió este año, para la 50° edición de la Feria Internacional del Libro, esa impresión se confirmó. Ante la pregunta de si los lectores argentinos son diferentes al resto del mundo, no dudó un segundo: “Sí. Están en otro nivel”.

Para Pacat, esa clase de conexión es exactamente lo que busca cuando escribe. Los libros, dijo, le ofrecen un lugar seguro. “No es peligroso explorar tus sentimientos en un libro”, señaló. Ese confort fue el que ella misma buscó de adolescente, y es la que intenta construir para sus lectores. La comunidad que se forma alrededor de sus libros es, en cierto modo, la versión colectiva de lo que ella encontró sola, a los 12 años, en las páginas de otros.
Sobre sus próximos proyectos, Pacat confirmó que el tercer volumen de El rey oscuro está en camino. “Es el libro más épico que he escrito hasta ahora”, anticipó, sin dar más detalles. La serie, ambientada en un Londres del siglo XIX alternativo, sigue a Will, un joven estibador que descubre que el mundo de la magia antigua no desapareció del todo y que está destinado a combatir el regreso de un monarca oscuro que en el pasado sumió al mundo en las tinieblas.
A diferencia de Príncipe cautivo, la saga incorpora magia, profecías y reencarnaciones, y subvierte los tropos clásicos del héroe y el villano con una fuerte representación LGBT+. El primer tomo llegó al número uno del New York Times en octubre de 2021 y ganó el Premio Aurealis a la mejor novela de fantasía de ese año.
Fuente: Infobae