Las autoridades de Sudán han lanzado una advertencia sobre el posible desbordamiento del conflicto hacia otras zonas de la región, debido a las acciones de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) y al constante flujo de armas y combatientes que cruzan las fronteras. Señalan que el respaldo que recibe este grupo paramilitar por parte de varias naciones está alargando la guerra y profundizando una crisis humanitaria considerada una de las más graves del mundo.
Amgad Fareid Eltayeb Idris, asesor para Asuntos Políticos y Diplomáticos del presidente del Consejo Soberano de Transición y jefe del Ejército, Abdelfatá al Burhan, afirmó en una entrevista que el apoyo externo a las RSF —proveniente de países como Emiratos Árabes Unidos (EAU), Chad o Kenia, entre otros— está «alimentando la sed de poder» del grupo, lo que prolonga un conflicto con consecuencias devastadoras para la población civil.
Idris detalló que Chad «acoge» a milicianos de las RSF, mientras que EAU «proporciona apoyo y armas» al grupo; Kenia «sigue acogiéndolas y apoyándolas», y las autoridades del este de Libia «les proporcionan recursos». En sus palabras:
«Todo estos países alimentan la sed de poder de las RSF. Si no detienen esta situación, especialmente los países vecinos que les brindan apoyo directo, la guerra continuará.»
El asesor advirtió que la inestabilidad no se limitará a Sudán: «Esto pone en riesgo su propia estabilidad, porque si esta guerra en Sudán se fragmenta, las consecuencias no se limitarán a las fronteras sudanesas». Subrayó que la situación «afectará al mar Rojo y al Sahel» y proporcionará armas y fondos a organizaciones terroristas que se benefician del caos generado por las RSF.
Sudán ha denunciado un intenso tráfico de armas y mercenarios. Idris señaló que las RSF cuentan entre sus filas con personas llegadas desde otras regiones del continente, e incluso desde Colombia y Bolivia, para combatir en el conflicto que estalló en abril de 2023, tras meses de tensiones en la transición posterior a la caída del régimen de Omar Hasán al Bashir en 2019.
El gobierno sudanés ha trasladado a la comunidad internacional el peligro que representa la situación, tanto por una posible expansión de la inestabilidad como por la imposibilidad de controlar los flujos de armas y milicianos a través de fronteras porosas, en una región ya sometida a fuerte presión por la actividad de grupos terroristas y yihadistas —incluidas ramas de Al Qaeda y Estado Islámico.
Incidentes fronterizos
Idris se refirió a los recientes incidentes cerca de las fronteras con Egipto y Etiopía —país al que Jartum ha acusado del lanzamiento de drones desde su territorio, incluso contra el aeropuerto de la capital—. El asesor indicó que las autoridades «analizan con atención» estos sucesos y dejó claro: «No queremos entrar en guerra con Etiopía, ni con Egipto, ni con nadie».
El portavoz del Ejército sudanés, Asim Auad Abdeluahab, afirmó a principios de mayo que Jartum cuenta con pruebas sobre el papel de Etiopía y EAU en el ataque contra el aeropuerto de Jartum. Detalló que desde el 1 de marzo se han registrado ataques con drones lanzados desde el aeropuerto etíope de Bahir Dar contra las regiones de Nilo Blanco, Nilo Azul, Kordofán Norte y Kordofán Sur.
A esto se suma la muerte de varias personas en ataques con drones y artillería contra zonas mineras en el estado de Río Nilo, cerca de la frontera con Sudán, incidentes achacados a Egipto y que ocurrieron tras meses de fricciones en la zona.
Idris confirmó que ya ha habido contactos «de alto nivel» con Etiopía, incluido un encuentro entre el vicepresidente del Consejo Soberano de Transición, Malik Agar, y el primer ministro etíope, Abiy Ahmed, para «abordar este tema». Similar situación se ha dado con El Cairo. «Los canales de comunicación con ambos países están abiertos», afirmó, en el marco de los esfuerzos para evitar cualquier contencioso.
«Lo fundamental es que no queremos que esta guerra se extienda. Queremos que termine, pero las RSF siguen provocando la inestabilidad que conduce a su expansión.»
Y agregó: «Sin estabilidad del Gobierno central, sin poner fin a esta insurgencia y al intento de golpe de Estado de las RSF de tomar el control del país, las consecuencias serán cada vez más peligrosas para los países vecinos y la región».
Duras críticas a Kenia
Idris tuvo palabras especialmente severas contra el presidente de Kenia, William Ruto, a quien acusó de «estar completamente alineado con las RSF» y de beneficiarse «personalmente» del conflicto, entre otras cosas a través de un programa de exportación de oro saqueado por las RSF que tendría a EAU como principal destino. «Este es el oro que financia la guerra y los drones que matan al pueblo sudanés», puntualizó.
«Lamentablemente, Kenia no ha sido honesta con los principios de la Unión Africana (UA) ni con la vecindad entre ambos países y su historia compartida. Lamentablemente, también están utilizando su influencia sobre la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD) y la UA para convertir a estas organizaciones en instrumentos de hostilidad hacia el pueblo sudanés», declaró.
La UA suspendió a Sudán tras el golpe de Estado de 2021 contra el gobierno de transición encabezado por Abdalá Hamdok, asonada liderada por Al Burhan con apoyo de su entonces aliado, ‘Hemedti’. El bloque indicó que la suspensión se mantendría hasta una «restauración efectiva» de las autoridades transicionales, algo impedido por el estallido de la guerra.
Kenia ha sido blanco de críticas de Jartum por su rol en el conflicto, incluyendo la decisión de acoger a miembros de las RSF y de una plataforma política aliada que anunció la creación de un «gobierno paralelo» en 2025. Sudán calificó esto como un intento de «dividir el país», y el secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que la medida «podría provocar un mayor enquistamiento de la crisis».
Nairobi habría expedido además un pasaporte a Algoney Hamdan Dagalo Musa, hermano del líder de las RSF, quien está sometido a sanciones de Estados Unidos. En febrero de 2026, Washington actualizó su listado para incluir que el alto cargo paramilitar cuenta con ese documento keniano y con papeles oficiales emitidos por EAU.
Idris expresó el deseo de Sudán de que las autoridades kenianas «recapaciten» y «reconozcan» lo negativo de su conducta para las relaciones bilaterales. «Estos países existen desde hace milenios y seguirán existiendo por generaciones. Por lo tanto, no deberían poner en riesgo esta relación geopolítica entre los dos países que están aquí para quedarse», remarcó, añadiendo que «nadie se va de África» y que «nadie se va a alejar físicamente del otro».
El asesor de Al Burhan recordó que la reincorporación de Sudán a la IGAD —en febrero de 2026, tras casi dos años de suspensión— podría jugar un papel clave, ya que Kenia también forma parte de ese bloque regional. «Estamos intentando asegurar que estos países respeten los compromisos de la membresía conjunta en dicha plataforma», señaló.
Finalmente, Idris reiteró que las autoridades sudanesas «intentan dialogar con todos» para lograr avances hacia la paz, aunque matizó que «es muy difícil hablar con alguien mientras te está matando». «En Sudán queremos dialogar con todos. Queremos la paz con todos, y queremos que nadie se inmiscuya en nuestros asuntos», concluyó.
Fuente: Infobae