El arte creado por humanos ha acompañado a la civilización durante siglos, pero ahora surge una nueva pregunta: ¿puede el arte percibir a las personas? La exhibición Machine Dreams: Rainforest, una instalación inmersiva impulsada por inteligencia artificial (IA), busca explorar esa posibilidad.
Ubicado en un complejo arquitectónico diseñado por Frank Gehry en el centro de Los Ángeles, se encuentra Dataland, el primer museo dedicado exclusivamente a la IA. Concebido por Refik Anadol Studio, este espacio promete transportar a los visitantes a un viaje sensorial por la selva amazónica mediante una tecnología que parece extraída de una película de ciencia ficción.
El recorrido inicia en una sala donde pantallas explican los sistemas que envolverán al público. Al escanear el boleto, una caja negra se abre y revela dos dispositivos: un difusor portátil de aromas y un brazalete biosensor de grado médico que captura las reacciones del cuerpo en tiempo real.
“Todo se siente futurista, pero en realidad usa tecnología del presente”, afirma Refik Anadol, quien fundó el museo junto a Efsun Erkilic, en entrevista con esta agencia.
Equipados con estos gadgets, los asistentes descienden por escaleras hacia una selva fantástica e inmersiva. Las imágenes evolucionan constantemente en formas orgánicas inspiradas en el Amazonas, mientras la música y los sonidos completan la experiencia.

Los visitantes pueden interactuar con el entorno, y los datos recopilados por el brazalete son interpretados por el museo como indicadores emocionales para modificar la experiencia en tiempo real. “La gente se pregunta: ¿está usando mis emociones? Sí, las usa. ¿Estoy oliendo moléculas de aromas personalizadas? Sí, estás oliendo en tiempo real los sueños de una máquina”, explica el artista.
Admirador confeso de Blade Runner, Anadol lleva una década entrenando sus propios modelos de IA. Tras su experiencia con los primeros grandes modelos de lenguaje, que según él no representaban bien la naturaleza, decidió crear el Large Nature Model, entrenado con 500 millones de imágenes obtenidas de forma ética. Este modelo es el motor detrás de todo lo que el visitante ve, huele y siente en Dataland.
Las cinco galerías del museo suman 1.500 millones de píxeles distribuidos en paredes, techos y suelos, que se transforman en selva amazónica en aproximadamente 2.300 metros cuadrados. Pero la exhibición va más allá de la contemplación: una de las salas invita al público a crear su propio arte en tiempo real en pantallas táctiles transparentes, utilizando lo que Anadol llama un “pincel pensante”.

“Buscaba un laboratorio de la imaginación”, afirma el artista. “Y creo que inventamos una forma de laboratorio que lleva ese concepto a una manifestación física”, añade. Antes de llegar a la galería final, los visitantes pueden degustar chocolates elaborados a partir de datos sobre la genética del cacao y la selva amazónica, y llevarse un “souvenir” creado con la información recopilada durante su recorrido.
El viaje culmina con una obra única e irrepetible, generada en tiempo real a partir de los datos emocionales captados por el brazalete de cada persona. En un momento en que la IA genera tanto fascinación como desconfianza, Anadol apuesta por mostrar su lado más humano.
“La IA es una herramienta poderosa. Tenemos que ser muy cuidadosos. Pero con esa misma herramienta podemos crear cosas inspiradoras, nuevas formas de arte, nuevas perspectivas”, concluye. “Todo depende de la colaboración entre humanos y máquinas”.
El museo abrió sus puertas el 20 de junio con la promesa de seguir expandiendo los límites del arte y la IA.
Fuente: Infobae