Bucareli 158: la novela que revela los oscuros secretos de la política mexicana

Una casona de aspecto fantasmal ubicada en la calle Bucareli de la Ciudad de México es el eje central de Bucareli 158, la más reciente obra de José Manuel Cuéllar Moreno. Esta novela transporta al lector hacia los rincones más sombríos del poder político, donde se entremezclan las misas negras, las sesiones espiritistas, las sectas y los pactos demoníacos.

La trama combina múltiples líneas narrativas a través de personajes singulares: Ifigenia, una empleada doméstica que halla un diente oculto en una de las paredes de la vivienda; Eulalia Madero, propietaria de la casa y cercana a turbios funcionarios públicos; Agustín Coquet, un amigo corrupto del mismísimo presidente; y Eusebio Cárdenas, un asesino confeso que enterró a varias mujeres en el patio de su hogar.

La historia creada por José Manuel Cuéllar se convierte en un viaje vertiginoso, inquietante y adictivo a través de los aspectos más oscuros de la capital mexicana y de la psique humana.

Entrevista con José Manuel Cuéllar: “Quería que el lector sintiera que se estaban difuminando los contornos de la realidad”

José Manuel Cuéllar mezcló investigación, filosofía y narrativa en Bucareli 158. Crédito: Joaquín Trujillo

En una charla con este medio, el escritor compartió sus fuentes de inspiración, su método creativo y la estructura de un relato concebido para leerse de noche.

El inmueble real de Bucareli 158 fue una fuente clave de inspiración. Según Cuéllar, la casa “no se cuenta, pero no por eso es menos real”. El autor describe así el edificio:

“Tenía toda la fachada descarapelada, me parecieron casi como heridas en la epidermis de esta casa, con las ventanas rotas que invitaban a asomarse, que invitaban a preguntarse cuáles son los secretos que albergan, qué esconden estos muros, qué ocurrió aquí y en qué momento los habitantes tomaron la decisión de abandonarla”.

El estado de la casa despertó la parte investigadora de Cuéllar, llevándolo a indagar en el pasado de la Ciudad de México, sobre todo en el ámbito periodístico:

“Comencé a hurgar en los archivos, me eché un clavado en toda la prensa de los años cuarenta, cincuenta, sesenta. Este caleidoscopio de personajes que provienen directamente de la nota roja y de la crónica negra mexicana, como el monstruo de Tacuba, Vicente Solana – único sobreviviente del ataque a un buque petrolero en 1944, que desembocó en la entrada de México en la Segunda Guerra Mundial – y una actriz de los sesenta. Fueron muchas idas a la hemeroteca”.

Cuéllar es Doctor en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México, y su formación se refleja en la obra:

Muchos de los oscuros personajes de Bucareli 158 vienen de de la nota roja y de la crónica negra mexicana. Crédito: Javier Narváez

“También le di un trasfondo filosófico, porque al final del día esa es mi profesión. Me remonté a todas estas teorías de la geometría divina de Ramón Lulio, por ejemplo, que dice que ciertas disposiciones geométricas y arquitectónicas pueden tener efectos de realidad, pueden causar cambios en la realidad. A esta tradición alquímica, a místicos como Jacob Böhme, todo el espiritismo de Allan Kardec, que fue muy recibido en México en el siglo XIX y sobre todo por los círculos liberales. No es casualidad que uno de nuestros grandes espiritistas sea nuestro apóstol de la democracia, Francisco I. Madero”.

Al proceso de investigación y al conocimiento filosófico se suma un tercer elemento: la narrativa, que permitió elevar la atmósfera siniestra de la historia:

“A mí lo que me interesaba también con esta novela era que a través del lenguaje, a través de la cadencia de las palabras, a través de las metáforas, el lector sintiese que se estaban difuminando los contornos de la realidad, que no solamente yo le contara las sesiones espiritistas y fuese como un testigo lejano, sino que el propio lector se sintiese partícipe de estas sesiones espiritistas y de estas misas negras”.

Dentro de Bucareli 158 abundan las postales terroríficas. Una de ellas sitúa a un grupo de personajes perturbadores en un claro del bosque, como parte de una pesadilla de una de las protagonistas. Cuéllar explica esa escena:

“Recuerdo cuando la estaba escribiendo y estaba casi como en trance. Fue una experiencia muy bonita. Es un aquelarre, o sea, está descrito como un sueño, es una experiencia onírica, pero es un aquelarre tal cual se describe en la literatura anglosajona victoriana del siglo XIX, Blackwood, el propio Edgar Allan Poe. Están todos los elementos, las fórmulas de encantamiento de los aquelarres, estas reuniones al medio del bosque entre hogueras”.

La literatura gótica fue una de las influencias que dieron forma a la novela. Autores como Poe, así como obras como El Horla de Maupassant y Otra vuelta de tuerca de Henry James, marcaron el estilo. El autor señala: “toda esta literatura gótica que nos presenta las casonas no como escenarios, sino como personajes, como criaturas palpitantes, como criaturas vivientes”.

El terror latinoamericano también es fundamental en el libro. Textos como Aura de Carlos Fuentes, El huésped de Amparo Dávila y Casa tomada de Julio Cortázar “recogen muy bien esta sensación de que hay una presencia ominosa que no puedes nombrar, la cual no tiene rostro y que está rondando tu casa, tu espacio más íntimo y seguro”. También menciona La casa de Adela de Mariana Enríquez y relatos de Jorge Luis Borges.

Entre las referencias cinematográficas, Cuéllar cita películas como El quimérico inquilino de Polanski y series como Dark o Penny Dreadful.

El autor afirma que la novela fue redactada durante la noche y sugiere que se lea en ese mismo horario: “que se lea de noche y a media luz. Y espero que parte de esas penumbras hayan quedado impregnadas en esa página”.

Finalmente, Cuéllar compartió su visión sobre el panorama lector en México y el entorno ideal para fomentar la lectura:

“La lectura es vital. Yo soy optimista. Yo estoy viendo la proliferación de clubs de lectura, que no solamente recupera el hábito de la lectura, sino que recupera la dimensión social de la lectura. La lectura es una forma privilegiada de establecer un diálogo, ya no solamente entre el autor y el lector, sino ese diálogo entre lectores. Tiene que ser una actividad compartida. Yo veo que esto está sucediendo en México. Y también creo que nosotros los escritores tenemos que hacer un esfuerzo enorme para dar a conocer nuestro trabajo y para contar estas historias que el público quiere leer y sobre todo que inquieten, que trasciendan un poco las páginas y que se conviertan en una experiencia”.

José Manuel Cuéllar recibe la bendición de Olivia Collins

Olivia Collins recitó una oración especial para el autor (Foto: Ignacio Izquierdo)

El jueves 25 de junio, la novela fue presentada en el mismo inmueble que inspiró al autor: la casona de ornamentados rincones ubicada en Bucareli 158.

Durante el evento, Cuéllar conversó con lectores, amigos y entusiastas. Además, contó con la visita de la actriz Olivia Collins, quien en su papel de madrina de la presentación, le otorgó su bendición al autor recitando una oración que, según confesó, siempre reza cuando las cosas se tornan extrañas y que heredó de su padre.

“Benditas y alabadas sean las hostias que se han quedado en todos los templos, así se aparten de mí las malas horas, los vicios, las lenguas murmuradoras, asesinos, rateros y todos nuestros enemigos. Si alguna desgracia, peste, enfermedad, esté contra mí, por la misericordia y gracia de Dios, que venga un aire de la región del olvido y se las lleve”, recitó Collins tomada de las manos del autor.

Fuente: Infobae

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