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Bad Bunny vs. la IA: el artista que desafía a los algoritmos con autenticidad

Si Bad Bunny hubiera vivido en el año 65 a.C., difícilmente habría compuesto el verso «Vamos a perrear, la vida es corta», frase extraída de Yo perreo sola, un tema que en 2020, durante el auge feminista, rompió esquemas machistas y normas de género en el reguetón. En su lugar, el poeta romano Horacio escribió: «Carpe diem, quam minimum credula postero» (Aprovecha el día, no confíes en el mañana). Entre Horacio y el conejo malo pasan más de dos mil años y un idioma distinto, pero la filosofía se mantiene idéntica.

Esta comparación no es casual. Es el eje central de Bad Bunny ganó a las máquinas (Debate), el más reciente ensayo de la periodista Marta Fernández (Madrid, 1973), lanzado el 4 de junio, en medio de las diez noches que el boricua ofreció en el Riyadh Air Metropolitano de Madrid. Se trata de un texto breve donde se retrata la heroicidad de un artista cuyo superpoder son sus canciones, mientras el antagonista son los algoritmos y la inteligencia artificial que devoran la creación artística.

Fernández utiliza la figura de Benito Antonio Martínez Ocasio (Bayamón, 1994) para reflexionar sobre este fenómeno que ha sacudido al mundo con su perreo. Frente a una inteligencia artificial que «coge muchas voces y las reduce a la media», el puertorriqueño representa lo opuesto: «Él utiliza su voz, que es poderosa, para dársela a sus compatriotas, para otros representantes del género, para explicar cosas que a él le importan, para asombrarnos, para llamar nuestra atención».

Bad Bunny: la respuesta humana a la inteligencia artificial

Con 53 años, Fernández no es el perfil típico de seguidora de Bad Bunny, pero reconoce que «durante mucho tiempo me ha interesado mucho lo que provoca en mí y lo que provoca en el público». En una de las 150 páginas del ensayo escribe: «Para vencer a las máquinas cada uno tiene que elegir aquello que ama y que le emociona y defenderlo hasta el final con pasión desbordada». Para ella, esa pasión fue Benito. «Yo elegí este algo, Bad Bunny. Él es muy interesante, muy sincero, muy honesto», afirma.

Un ejemplo claro: el 5 de enero de 2025 lanzó DeBÍ TiRAR MáS FOToS, su sexto álbum de estudio y una oda a su amado Puerto Rico. El título es una reivindicación de su niñez en la isla; la portada, un homenaje visual a la cultura, la identidad y la nostalgia caribeña. Las canciones del disco, además de celebrar el carpe diem, son un mensaje educativo y político contra la gentrificación. Para Fernández, esta vuelta a las raíces va más allá de lo geográfico: también es una reivindicación del tiempo. «Bad Bunny es una buena metáfora de cómo contraponer el sentido de las cosas al de la inteligencia artificial. Los algoritmos y la IA insisten en que todo es contenido y que todo tenemos que consumirlo. Nosotros no somos consumidores. Hemos venido también a pararnos y a disfrutar», comenta sobre el mensaje del álbum.

El tema central del LP gira en torno a la esencia latina y a la defensa del español ante el mundo, especialmente frente a Estados Unidos. «Me enorgullece mucho llegar al nivel en el que estamos hablando en español, y no solo en español, sino en el español que hablamos en Puerto Rico. Sin cambiar el acento», declaró en una entrevista con El País en 2020. «En el caso de lo que ha hecho Bad Bunny con la música de Puerto Rico, hay algo de justicia histórica«, reflexiona Fernández. «Y es muy bonito cómo hace eso un artista, porque si tú pones todas esas músicas en uno de esos algoritmos que componen canciones, nunca van a conseguir algo tan sentido y tan emocionante como lo que consigue él en este disco o como lo que ha conseguido en otros».

Última noche de Bad Bunny en Madrid, el pasado 15 de junio de 2026. (Europa Press)

Pero el puertorriqueño no solo habla de su archipiélago o del reguetón: también representa a una generación a menudo etiquetada como desinteresada o apática. «Hemos estado diciéndoles a los jóvenes que son pasivos, que no les importa nada, que viven pegados a las pantallas. Quizá nos estamos equivocando. Cuando ves a los jóvenes en un concierto de Bad Bunny te das cuenta de que hay una voz que les hace vibrar de una manera especial. No es que no alcen la voz; es que quizá no les estamos escuchando«.

Para Fernández, una de las claves del éxito del artista es su capacidad de sorprender. Porque si un cantante no sorprende, no logra convertirse en un genio. Recientemente el público ha reaccionado así ante Lux, de Rosalía, o You seem pretty sad for a girl so in love, de Olivia Rodrigo. «La genialidad en la creatividad tiene que ver con la sorpresa que provoca en el receptor de tu obra», asegura. «Stanley Kubrick nunca hace una película igual a la anterior porque quiere sorprender a la audiencia, pero sobre todo porque quiere sorprenderse a sí mismo. Y eso es algo que está en toda la discografía de Bad Bunny», apunta sobre sus seis álbumes de estudio, cuyo debut llegó con el trap oscuro de X 100pre en 2018, y que evolucionó con YHLQMDLG, El último tour del mundo (el primer disco completamente en español en llegar al número uno de Billboard 200), su famoso Un verano sin ti, Nadie sabe lo que va a pasar mañana y DTMF. «La inteligencia artificial no busca el asombro, ni busca lo nuevo, ni busca el reto. Busca contentar a todo el mundo. Y los artistas son precisamente lo contrario«.

Última noche de Bad Bunny en Madrid, el pasado 15 de junio de 2026. (REUTERS/Violeta Santos Moura)

Si Bad Bunny representa todo esto, ¿por qué sigue generando tanto rechazo? Benito ha recibido críticas por su dicción, por su acento o porque supuestamente no se le entiende. Algunos dicen que ni siquiera canta bien. «Es puro clasismo y racismo«, dice la autora sin rodeos. «Hay determinadas músicas que son músicas populares, normalmente hechas además por personas que no son blancas, que generan susceptibilidades en la gente. Basta con prestar un poco de atención a lo que dice. Hay algo tan castellanocentrista de pensar que quien no habla como nosotros es que está hablando mal». En el libro lo expresa así: «Precisamente por eso es nuestra única esperanza. Porque Benito es la prueba hecha carne de lo lejos que estamos del silicio y del algoritmo».

La pregunta no es si una inteligencia artificial podrá escribir una canción como las de Bad Bunny, sino si logrará emocionar igual. «Todo el mundo tiene un amigo que ha jugado a hacer una canción con IA. La escuchas y piensas: ‘Qué gracioso’. Pero cuando llegan las doce de la noche y te metes en la cama ya no te acuerdas de ella. Ponte Tití me preguntó a las seis de la tarde y cuando te acuestes seguirá resonándote. Tiene algo que te interpela«, finaliza.

Fuente: Infobae

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