Microgravedad y músculos: el reto tras 60 días sin gravedad artificial

Un estudio de 60 días reveló que la gravedad artificial logró mantener el metabolismo basal de los participantes en condiciones simuladas de microgravedad, pero no impidió el deterioro neuromuscular ni la caída de la fuerza muscular. Los resultados, publicados en The Journal of Physiology y difundidos recientemente, reabren el debate sobre cómo se vinculan el gasto energético, la masa muscular y procesos como el envejecimiento o la inmovilización prolongada.

En el ensayo, realizado con 24 hombres sanos, la combinación de ejercicio físico y gravedad artificial mantuvo el gasto energético en reposo en valores cercanos a los previos a la inmovilización. Sin embargo, esta estrategia no logró frenar la disminución de la fuerza máxima ni el declive neuromuscular. Según la fuente, los investigadores encontraron que el metabolismo y el deterioro muscular no siempre avanzan por la misma vía, lo que contradice hipótesis previas.

La microgravedad ha sido identificada como uno de los mayores desafíos para la fisiología humana. Pasar largos periodos sin la carga gravitatoria terrestre afecta huesos, músculos y procesos energéticos. Este problema no solo es relevante para la exploración espacial, sino también para condiciones terrestres como hospitalizaciones prolongadas, inmovilización o el propio envejecimiento.

El experimento utilizó un modelo terrestre clásico: los participantes permanecieron acostados con una inclinación de seis grados, con la cabeza ligeramente más baja que los pies. Esta posición redistribuye los fluidos corporales y reduce la carga mecánica sobre el esqueleto, simulando parte de los efectos de la ingravidez.

El experimento con 24 hombres sanos mostró que la combinación de ejercicio y gravedad artificial mantuvo el gasto energético en reposo cerca de los valores previos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Así se dividieron los grupos durante los 60 días

Los 24 voluntarios fueron distribuidos en tres grupos distintos. El primero no recibió ninguna intervención. El segundo realizó sesiones regulares de pedaleo en posición horizontal. El tercero combinó el mismo entrenamiento de pedaleo con el uso de una centrífuga que generaba gravedad artificial mediante rotación controlada.

Durante todo el ensayo, los autores midieron múltiples parámetros: gasto energético en reposo, composición corporal, uso de combustibles fisiológicos, fuerza, potencia física y otros indicadores. La hipótesis inicial era que reducir el desgaste por inmovilización también amortiguaría la caída del metabolismo y el rendimiento muscular.

Los resultados, sin embargo, mostraron un panorama más complejo. El grupo que solo estuvo en reposo registró la reducción esperada del metabolismo basal. Quienes hicieron ejercicio sin gravedad artificial tuvieron una mejora moderada. Pero la diferencia más notable apareció en el grupo que combinó entrenamiento y centrifugación.

En ese tercer grupo, el gasto energético en reposo se mantuvo muy cercano a los niveles previos al experimento. Además, el uso de grasas como fuente de energía quedó mejor conservado. Sin embargo, este efecto no se trasladó por completo al sistema muscular.

El ejercicio sin gravedad artificial produjo una mejora moderada en los resultados del estudio (Imagen Ilustrativa Infobae)

Aunque la estrategia conjunta favoreció algunos indicadores de masa magra y elevó el rendimiento específico en pruebas de ciclismo, no evitó la disminución de la fuerza máxima ni el declive neuromuscular tras dos meses de inmovilización. Esta separación entre metabolismo y fuerza es el punto central del trabajo.

Metabolismo vs. músculo: dos caminos independientes

El hallazgo parece contradictorio, ya que el tejido muscular consume una parte relevante de la energía corporal incluso en reposo. Si disminuye la masa o la funcionalidad del músculo, cabría esperar una caída automática del gasto energético. Pero los autores observaron que intervienen más factores.

La combinación de ejercicio y gravedad artificial ayudó a conservar compartimentos corporales con alta actividad metabólica y sostuvo una oxidación de grasas más eficiente. Este cambio se reflejó en el cociente respiratorio, un indicador que muestra qué combustible utiliza preferentemente el organismo. Quienes mostraron mejor capacidad para oxidar lípidos también registraron un metabolismo basal más alto.

Para llegar a esta interpretación, el equipo aplicó modelos estadísticos multivariantes que incluyeron decenas de variables sobre composición corporal, desempeño muscular, condición aeróbica y otros marcadores fisiológicos. El análisis indicó que el gasto energético en reposo no depende solo del volumen de masa magra, sino también del comportamiento de esos tejidos y de cómo el cuerpo administra sus reservas.

El tejido muscular consume una parte relevante de la energía corporal incluso en reposo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Este matiz corrige una idea extendida en la literatura científica: el descenso del metabolismo durante la inmovilización no se explica únicamente por la pérdida de músculo, aunque ese vínculo exista.

Lecciones para el espacio y la vejez

La lectura práctica del estudio alcanza varios campos. Según la fuente, entender por separado los mecanismos que regulan fuerza y metabolismo puede ayudar a abordar mejor el envejecimiento, cuando ambos cambios no siempre avanzan al mismo ritmo.

El trabajo también deja un mensaje de cautela para la exploración espacial. La gravedad artificial, al menos con el protocolo empleado, no reprodujo por completo el efecto protector que ejerce la gravedad terrestre sobre el aparato locomotor. Aun así, ofreció ventajas concretas: los participantes que pedalearon dentro de la centrífuga conservaron mejor la potencia máxima en las pruebas de ciclismo que quienes hicieron ejercicio sin ese dispositivo.

El estudio dejó un mensaje de cautela para la exploración espacial por los límites de la gravedad artificial (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores interpretan esta aparente contradicción como una señal de que las adaptaciones metabólicas y las mecánicas siguen trayectorias parcialmente independientes. Mantener el gasto energético no garantiza conservar la fuerza, del mismo modo que sostener parte del desempeño muscular no asegura la estabilidad del metabolismo.

Esta distinción puede orientar futuras contramedidas para misiones espaciales largas, periodos de hospitalización o inmovilización. Más que esperar una solución única, los datos apuntan a intervenciones combinadas, cada una dirigida a proteger funciones fisiológicas distintas, como el músculo, el equilibrio energético o los sistemas óseo y cardiovascular.

Fuente: Infobae

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
Twitter

FACEBOOK