La trayectoria del Main Man dentro de DC Comics explica por qué este personaje llega a la nueva cinta de Supergirl como una figura reconocida por distintas generaciones de lectores. De acuerdo con la revista GQ, el antihéroe comenzó como una sátira de los personajes violentos de los años ochenta y, con el paso del tiempo, se transformó en un ícono. Ahora, Jason Momoa asume el papel que siempre soñó.
Según GQ, el primer encuentro con Lobo ocurrió en el número tres de Omega Men, publicado en junio de 1983. Allí se presentó como un cazarrecompensas espacial despiadado, cuya brutalidad quedó marcada desde el inicio: liquidaba a una víctima con una supuesta “rinoplastia exprés”. Esa escena ya reflejaba el tono exagerado que definiría al personaje.
Fue creado por Keith Giffen y Roger Slifer como un antagonista menor dentro de la editorial. Slifer, que venía de Marvel, estaba influenciado por la dureza extrema y caricaturesca de figuras como Wolverine o Punisher, un ambiente creativo que GQ señala como clave para entender el origen de Lobo.
A lo largo de los años ochenta, Giffen fue recuperando al personaje en distintas series y modificando tanto su apariencia como su función. En sus primeras versiones, Lobo se parecía a Jack Nicholson, aunque más pálido y con leotardos, hasta que la sátira se volvió más evidente.
Para GQ, el personaje empezó a mutar hacia una figura que no podía tomarse en serio. Don Marstein, en su Toonpedia, lo describió como una especie de Pato Lucas con gatillo fácil, una comparación que resume el paso de villano brutal a parodia de la brutalidad.
La miniserie que lo redefinió
El punto de inflexión llegó en 1990 con Lobo: The Last Czarnian, la primera miniserie protagonizada por el antihéroe. La historia fue escrita por Alan Grant e ilustrada por Simon Bisley, con una estética inspirada en la subcultura motociclista que quedó ligada al personaje para siempre.
Giffen figuró como coautor del argumento original, pero ya mostraba distancia con su criatura. GQ indica que el dibujante consideraba que la sátira se había diluido y que, en cualquier caso, el chiste ya no le causaba gracia.
El éxito de The Last Czarnian confirmó esa deriva. Lobo pasó a ser uno de los emblemas de los excesos de la llamada Era Image, una etapa en la que, según la crónica, todo tendía a la exageración y a la falta de moderación.
En ese nuevo contexto, el personaje terminó convertido en aquello que antes ridiculizaba. Esa transformación se vio en cruces cada vez más improbables, como en Paramilitary Christmas Special de 1992, donde el Conejito de Pascua lo contrata para matar a Papá Noel.
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Incluso una de sus aventuras más moderadas en los años noventa mantuvo esa lógica extrema. En Superman: The Animated Series (1996-2000), Paul Dini lo incluyó como estrella invitada en un episodio doble y trazó un paralelo con Superman: ambos eran los últimos supervivientes de sus planetas, aunque Lobo alcanzó ese estatus tras exterminar a los suyos.
El giro pacifista en 52
Cuando Keith Giffen regresó como dibujante principal de 52 (2006-2007), el retorno de Lobo parecía inevitable. En las notas interiores del cómic, recordó aquella situación con una frase citada por GQ:
“Para que conste en acta. Lobo no fue idea mía”.
El propio creador amplió su incomodidad al recordar cómo todos lo miraron cuando surgió el nombre del personaje en una reunión. “No es que no me guste el personaje —este czarniano se ha portado bastante bien conmigo—, es solo que no tenía nada más que decir sobre él y, para ser sincero, ya estaba un poco aburrido de toda su carnicería inconsciente”.
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El cambio llegó cuando Grant Morrison confesó que nunca le había gustado Lobo. Giffen aprovechó esa declaración para retarlo a que lo tomara y lo reformulara, como ya había hecho antes con otros personajes.
Morrison aceptó el desafío y llevó al Main Man por un camino opuesto al esperado. En lugar de otra matanza intergaláctica, el Lobo de 52 abrazó el pacifismo con la misma intensidad con la que antes repartía mutilaciones.
Nombrado Papa de la Iglesia del Tiple Pez Dios, el personaje apareció rodeado de delfines espaciales y predicó la no violencia ante quien quisiera escucharlo. Para GQ, aquella reencarnación funcionó como una idea muy ligada a la sensibilidad de Morrison, y por eso resultó difícil de repetir después.
Del cómic a Supergirl
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Desde entonces hubo otras versiones, entre ellas la que Cullen Bunn suavizó en la década pasada. Ninguna, según la lectura de GQ, alcanzó una resonancia comparable, aunque la alianza reciente con Crush —su hija adolescente— sí abrió una vía para reconciliar sus rasgos más anticuados con una sensibilidad distinta.
En ese papel de padre, Lobo funciona como una reliquia de otro tiempo dentro de una lectura más actual del personaje. Esa combinación prepara el terreno para su nueva aparición en la inminente Supergirl, dirigida por Craig Gillespie.
Allí, según GQ, también se cumple un deseo de Jason Momoa, que podrá encarnar a uno de sus ídolos de papel. El personaje vuelve así como un secundario desatado en una historia que remite a sus comienzos con los Omega Men.
Ese regreso no reescribe su pasado, sino que lo encuadra otra vez dentro del mismo impulso que lo hizo destacar desde el principio. Según GQ, el Main Man llega a la gran pantalla después de cerrar un recorrido en círculo, con el puro encendido y la violencia convertida otra vez en seña de identidad.
Fuente: Infobae