En el minuto 7 del decisivo encuentro entre Curazao y Costa de Marfil, la historia comenzó a escribirse. Era la última oportunidad en la fase de grupos para que los Elefantes lograran algo que se les había negado durante más de dos décadas: superar la primera ronda de una Copa del Mundo. Un error en la salida de balón, provocado por la intensa presión de Diamande, quien robó el esférico cerca del área y se lo sirvió en bandeja a Nicolas Pépé, que irrumpió como un proyectil, desató la locura en todo un país.

La trayectoria de Pépé es la de un futbolista que aprendió a lidiar con la presión de la manera más dura posible: cargando con el peso de ser el fichaje más costoso en la historia del Arsenal. Una cifra de 80 millones de euros que lo persiguió a cada paso, transformando cualquier actuación discreta en un fracaso mediático. Sin embargo, antes de ese momento cumbre en Filadelfia, su historia guarda capítulos aún más fascinantes.
Nacido en Mantes-la-Jolie, hijo de inmigrantes marfileños, su padre trabajaba como guardia de prisiones y su madre era empleada del hogar. A los seis años, cuando comenzó a jugar en el FC Solitaires Paris Est, el equipo no tenía portero y él era el más delgado del plantel. Lo colocaron bajo los tres palos, donde permaneció casi una temporada entera. Había una curiosa regla: si su equipo lograba una ventaja de tres goles, Pépé abandonaba la portería y se transformaba en delantero.
Continuó siendo guardameta hasta los 14 años, cuando un estirón repentino reveló que poseía una velocidad excepcional. El propio futbolista ha confesado que esa etapa le otorgó una habilidad invaluable: aprendió a descifrar los movimientos de los porteros antes de disparar, anticipando dónde se posicionarían.
Un despegue pausado y el lastre de los millones
Su progresión fue gradual y alejada de las grandes canteras. Pasó por el Angers y estuvo cedido en el Orléans, donde anotó siete goles que aseguraron el ascenso a la Ligue 2. Llegó al Lille en 2017, donde Marcelo Bielsa lo fichó tras una recomendación directa. Fue entonces cuando Christophe Galtier tomó una decisión crucial: lo movió de delantero centro a extremo derecho.
El resultado fue una temporada 2018-19 que lo lanzó al estrellato europeo: 22 goles y 11 asistencias, subcampeón de la Ligue 1 con el Lille y reconocido como el mejor jugador africano del fútbol francés. El Arsenal desembolsó los 80 millones de euros.
Lo que vino después ha sido etiquetado a menudo como un fracaso, aunque no del todo. En tres temporadas y media en el Emirates Stadium acumuló 27 goles y 21 asistencias en 112 partidos, ganó la FA Cup en 2020 y brilló en competiciones europeas. Sin embargo, el precio de su fichaje lo aplastó. El sistema de Mikel Arteta no se adaptaba a su juego, y cuando surgieron jóvenes talentos locales, Pépé quedó relegado. Primero fue cedido al Niza y después se marchó libre al Trabzonspor turco.

La llamada que lo cambió todo
En el verano de 2024, el Villarreal le presentó una oferta. El propio Pépé declaró en rueda de prensa que tenía múltiples opciones, pero hubo un detalle que inclinó la balanza hacia el Submarino Amarillo: una llamada personal de Marcelino García Toral.
Esa conversación marcó un punto de inflexión. Bajo la dirección del técnico asturiano, Pépé dejó de ser el extremo que encaraba en línea recta esperando el uno contra uno. Comenzó a asociarse, a jugar por dentro y a defender. Aprendió a llegar al remate desde posiciones menos predecibles. Fue elegido Jugador del Mes de LaLiga en agosto de 2025 tras sus primeros tres partidos. La temporada 2025-26 la concluyó con 8 goles y 8 asistencias en 36 encuentros, ha renovado su contrato hasta 2028 y llegó al Mundial como titular indiscutible de Costa de Marfil.
El gol que una nación esperó por 20 años
Los Elefantes han tenido generaciones de ensueño: Didier Drogba, los hermanos Touré, Salomon Kalou. Clasificaron a los Mundiales de 2006, 2010 y 2014, pero en los tres torneos cayeron en la fase de grupos. En Rusia 2018 y Qatar 2022, ni siquiera lograron la clasificación.
Ahora, sin embargo, cuentan con otra generación dorada: Diamandé, Diallo, Kessié y, por supuesto, Pépé. Quien todavía tuvo tiempo para un último esfuerzo y certificar el pase a las rondas eliminatorias. Y lo hizo de la manera más memorable. Con su jugada característica: partiendo desde el costado derecho y recortando hacia el centro para buscar el disparo. Dos goles que serán recordados en Costa de Marfil por toda la eternidad. Los goles que, por primera vez, les permitieron superar una fase de grupos de una Copa del Mundo.
Fuente: Infobae