La historia del manuscrito que Sabato quiso quemar

El día en que el fuego casi se lleva una obra maestra

En un frío invierno de Santos Lugares, provincia de Buenos Aires, las llamas amenazaban con devorar un montón de papeles apilados en el patio de una casona antigua. No eran documentos cualquiera: se trataba del borrador de una de las novelas más complejas y fascinantes de la literatura latinoamericana. Quien alimentaba la hoguera, con la mirada perdida y el rostro marcado por la angustia, era Ernesto Sabato. Para él, aquel texto era una monstruosidad que merecía ser reducida a cenizas.

Sin embargo, Sobre héroes y tumbas logró escapar de la furia autodestructiva de su propio creador. Fue salvada en el último instante por el amor, la lucidez y la desesperación de una mujer. Retrocedamos en el tiempo: 1960. Sabato está acorralado por sus demonios. Su primera novela, El túnel, publicada en 1948, lo había consagrado como un escritor de peso. Pero la presión por escribir una segunda obra lo sumió en una parálisis creativa y en crisis depresivas que se repetían sin tregua.

Sabato escribía, tachaba, rompía y desechaba. No era una exageración: a lo largo de su vida, el autor destruyó decenas de cuadernos, ensayos y borradores completos que se perdieron para siempre. Cuando consideró terminado el manuscrito de su nueva novela, el impacto de lo que había creado lo aterró. La inclusión del perturbador Informe sobre ciegos —una sección inspirada en sus propias fobias infantiles hacia la ceguera— lo convenció de que el libro era un fracaso deforme que lo expondría al ridículo público. Y decidió quemarlo.

Matilde Kusminsky Richter, esposa del escritor, sintió un frío en el pecho al enterarse de las intenciones de su marido. Ella no era una espectadora pasiva en la carrera del físico convertido en literato; era su primera lectora, su correctora más rigurosa y el verdadero ancla de un hombre que vivía al borde del abismo. La reacción de Matilde no fue una simple súplica. La angustia psicológica ante la inminente pérdida de una obra maestra fue tan violenta que su cuerpo colapsó.

“Yo soy un destructor, un piromaníaco de mis propias cosas”

Ernesto Sabato

Matilde cayó gravemente enferma, postrada en cama con fiebre alta y un cuadro de profunda debilidad. Destruir ese libro, para ella, significaba destruir una parte de sus propias vidas. Años después, en una célebre entrevista televisiva concedida al periodista Joaquín Soler Serrano para el programa español A fondo en 1977, el propio Sabato recordaría aquel dramático episodio con la voz quebrada: “Yo soy un destructor, un piromaníaco de mis propias cosas”, comenzó diciendo.

“Escribo y quemo, escribo y rompo cientos de páginas. Con esta novela sentí que había ido demasiado lejos, que era una monstruosidad. Cuando le dije a Matilde que iba a tirarla al fuego, se puso tan mal que voló en fiebre. Pasó días en cama, enferma de la angustia. Al verla así, comprendí el valor que tenía para ella. Por amor a Matilde decidí publicar Sobre héroes y tumbas, relató Sabato en aquella entrevista. Quizás por eso su entorno familiar y literario siempre custodió este hito como un auténtico milagro.

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Su hijo, el cineasta Mario Sabato —quien retrató al escritor en el documental Ernesto Sabato, mi padre—, recordaba el rol fundamental de su madre en la preservación del archivo familiar. Matilde no solo rescataba textos del fuego, sino que pasaba en limpio a máquina los caóticos manuscritos que un Sabato acosado por la incipiente ceguera dejaba esparcidos por el living. En la Casa Museo Ernesto Sabato, los guías y especialistas suelen recordar esa eterna batalla entre la creación y la destrucción.

Los críticos literarios coinciden en que la dedicatoria oficial del libro, publicado finalmente en 1961 por la mítica Editorial Sudamericana, es uno de los actos de gratitud más puros de las letras universales. Allí, el autor escribió de puño y letra: “Dedico esta novela a la mujer que tenazmente me alentó en los momentos de descreimiento, que son los más. Sin ella nunca habría tenido fuerzas para llevarla a cabo. Y aunque habría merecido algo mejor, con todas sus imperfecciones”.

La novela llegó a las librerías en 1961 y transformó para siempre la narrativa en español. Con una estructura perfecta dividida en cuatro partes (El dragón y la princesa, Los rostros invisibles, Informe sobre ciegos y Un Dios desconocido), el texto caló hondo en los lectores al entrelazar la decadencia de la familia de Alejandra Vidal Olmos con la epopeya histórica de las tropas del general Juan Lavalle. Han pasado 65 años desde su publicación y sigue deslumbrando a nuevas generaciones.

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Nacido un 24 de junio de 1911 en la localidad bonaerense de Rojas, la vida de Ernesto Sabato estuvo marcada por profundas contradicciones y giros radicales. Antes de ser el faro de las letras que hoy recordamos, fue un brillante doctor en Física que llegó a realizar investigaciones en el prestigioso Laboratorio Curie de París. Sin embargo, el contacto con el surrealismo francés y una profunda crisis existencial sobre el rumbo deshumanizante de la ciencia lo llevaron a abandonar las ecuaciones en 1945.

Se refugió entonces en la escritura, un territorio donde ya no buscaría certezas matemáticas, sino las verdades más oscuras del alma humana a través de ensayos filosóficos urgentes como Uno y el Universo y Hombres y engranajes. Su legado literario en la ficción se erigió sobre una trilogía de novelas monumentales que marcaron a fuego el siglo XX. El fenómeno comenzó con El túnel en 1948, una sombría radiografía de los celos y la incomunicación elogiada por el mismísimo Albert Camus.

Tras el milagroso rescate de Sobre héroes y tumbas en 1961, cerró su producción ficcional con Abaddón el exterminador en 1974. Su ética se consolidó en la post-dictadura argentina, cuando presidió la CONADEP y lideró la redacción del histórico informe Nunca Más. Distinguido con el Premio Miguel de Cervantes en 1984, el escritor se despidió del mundo en 2011, dejando tras de sí una obra imperecedera que hoy vuelve a encenderse en un nuevo aniversario de su natalicio.

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Casi no hay librería argentina que no tenga entre sus estantes Sobre héroes y tumbas, ya sea la edición de Seis Barral o ejemplares más antiguos en librerías de usados. Su verdadero valor es literario y está en esas páginas de realismo gótico y en los pasajes subterráneos de la ciudad de Buenos Aires. Pero también tiene su historia detrás: el milagro de sobrevivir a la hoguera de un genio atormentado gracias al amor incondicional de una mujer que prefirió enfermar antes que permitir que el fuego devorara la belleza.

Fuente: Infobae

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