La monarquía belga vivió una jornada de alto simbolismo con la visita de Estado de los emperadores de Japón. La cena de gala, celebrada en el castillo de Laeken este martes, no solo fortaleció los lazos diplomáticos entre ambas naciones, sino que también representó un hito para la nueva generación de la realeza: el esperado debut de la princesa Eléonore en un acto de Estado luciendo tiara por primera vez.
Con apenas 18 años recién cumplidos, la hija menor de los reyes Felipe y Matilde de Bélgica se convirtió en uno de los temas más comentados de la velada. Su aparición con vestido largo, joyas de gala y una tiara desconocida hasta ese momento marcó un paso más en su paulatina incorporación a los compromisos institucionales de la Casa Real.
La jornada comenzó con la recepción oficial a los emperadores Naruhito y Masako, quienes iniciaron su agenda oficial en Bélgica tras varios encuentros privados con la familia real. Uno de los instantes más relevantes fue el papel asumido por la princesa heredera Elisabeth de Bélgica, que por primera vez recibió en solitario a unos jefes de Estado extranjeros a su llegada al país.
Sin embargo, la atención de la noche se centró en la cena de Estado en la residencia oficial de los soberanos belgas. Allí, los reyes Felipe y Matilde de Bélgica quisieron proyectar la imagen de una monarquía en transición al dar visibilidad a sus cuatro hijos: Elisabeth, Gabriel, Emmanuel y la joven Eléonore.

El debut de Eléonore como princesa de gala
Aunque la princesa no tiene responsabilidades constitucionales directas por no estar en la línea inmediata de sucesión al trono, su presencia en una ocasión de tanta relevancia evidencia su creciente participación en los actos más representativos de la institución.
Para una noche tan especial, Eléonore optó por un estilismo delicado y acorde a su edad. Escogió un vestido largo en color rosa empolvado de la firma Safiyaa, una creación que ya ha conquistado a otras figuras de la realeza y el espectáculo.
El diseño presentaba una silueta recta de crepé, sin mangas y ajustada al cuerpo, sobre la que destacaba una original capa de cuello alto que descansaba sobre los hombros. En la parte posterior, el tejido formaba un elegante drapeado con efecto de lazada que alargaba la caída del vestido y aportaba movimiento al conjunto.
El tono elegido también creó un interesante diálogo visual con el vestido de su madre, la reina Matilde, quien lució un diseño en tonos rosados con una degradación hacia el verde azulado y bordados inspirados en motivos de la cultura japonesa, como guiño a los invitados.

Una tiara inédita en la realeza belga
El gran misterio de la velada estuvo sobre la cabeza de Eléonore. Por primera vez se le vio llevando una tiara y, para sorpresa de los expertos reales, no se trataba de una pieza conocida del joyero belga. La joya mostraba una estructura baja con motivos florales entrelazados, decorados con lo que parecen ser pequeñas perlas en la parte superior y piedras talladas en forma de lágrima en el centro de cada elemento floral. Montada en un metal blanco, posiblemente oro blanco o platino, la tiara se completaba con unos pendientes de gotas a juego.
Su procedencia se desconoce; sin embargo, podría tratarse de un regalo privado de sus padres con motivo de su mayoría de edad, una tradición que ya se produjo anteriormente con su hermana mayor, Elisabeth. Sea como fuere, el debut de Eléonore llega en un momento en el que las casas reales europeas están dando un protagonismo creciente a sus miembros más jóvenes. Hace apenas unos días, la princesa Ariane de los Países Bajos también vivió su primera aparición con tiara durante una cena de Estado, mostrando cómo las nuevas generaciones comienzan a ocupar un papel cada vez más visible en la representación de sus respectivas monarquías.

Fuente: Infobae