La estrategia de James Rodríguez para arribar en plenitud física al Mundial 2026 no se limitó a una dieta genérica, sino que se fundamentó en un programa adaptado a su perfil genético, orientado a acelerar la recuperación, mitigar el dolor muscular y minimizar los riesgos de lesiones.
Andrés Zapata, nutricionista del capitán de la selección colombiana, reveló a Gol Caracol que este enfoque marcó un antes y un después en la disponibilidad física del volante, quien venía arrastrando molestias recurrentes. El especialista indicó que, a lo largo de cuatro años y tras sus pasos por distintos clubes, “no volvió a tener esos periodos prolongados fuera de las canchas”. Esta preparación, de cara al torneo, también contempló esquemas de hidratación diferenciados según cada sede, con especial atención a la ciudad de Miami debido a las altas temperaturas y humedad.
La recuperación como eje central y el salto a la nutrigenómica

Colombia se medirá ante RD Congo el martes 23 de junio de 2026 en Guadalajara, en una cita mundialista caracterizada por una mayor cantidad de partidos, vuelos extensos, largos traslados y climas diversos. En este contexto, la preparación del mediocampista fue diseñada no solo para el rendimiento inmediato, sino para sostener la carga física a lo largo de una competencia de exigencias acumuladas.
Zapata explicó que, al iniciar su trabajo con Rodríguez, la base alimenticia ya estaba consolidada por los procesos previos en los clubes. El énfasis, entonces, se desplazó hacia otro punto: “Me enfoqué en un aspecto que muchas veces se subestima en la nutrición deportiva: la recuperación”. Según el nutricionista, este proceso no se reducía a un batido post-entrenamiento, sino que se abordó como un factor clave que impacta en el músculo, el sistema inmunológico y la prevención de lesiones.
“Como él venía con algunas molestias, trabajamos mucho en lograr que ese proceso fuera más rápido y eficiente”, afirmó. Tras los primeros meses, el jugador comenzó a sentir mejoría y reportó una disminución del dolor muscular. A partir de ese progreso, el equipo integró la nutrigenómica, una técnica basada en el análisis de saliva para identificar características individuales y ajustar tanto la alimentación como la suplementación. Zapata considera que este paso redefinió el tratamiento: “Con esa información buscamos mejorar su recuperación y reducir factores asociados a lesiones. Para mí, trabajar desde la individualidad genética marcó un antes y un después en la nutrición de James”.
El plan combinó análisis genético, ajuste dietético y suplementación personalizada. La meta, según el especialista, fue disminuir la exposición a lesiones en un calendario exigente y optimizar la recuperación entre entrenamientos y partidos.
Colágeno, micronutrientes y comidas según la carga de trabajo

Al profundizar en el método, Zapata detalló que la nutrigenómica estudia los polimorfismos genéticos, variaciones que pueden influir en la predisposición a ciertas condiciones y en la respuesta del organismo. En el caso del volante, esta lectura condujo a decisiones concretas sobre suplementación y organización de la dieta. “Trabajamos estrategias específicas, entre ellas la suplementación con péptidos de colágeno, que ayudan a fortalecer tejidos como tendones, ligamentos y articulaciones”, señaló. Agregó que algunos estudios sugieren que su consumo antes del entrenamiento podría contribuir a la prevención de lesiones.
El otro pilar fue la periodización nutricional, un enfoque donde el deportista no consume lo mismo todos los días, sino que adapta las ingestas y cantidades a la carga de entrenamiento, la recuperación y la competencia. Zapata indicó que, con base en la información genética de Rodríguez, identificaron una mayor respuesta al estrés oxidativo en sesiones prolongadas y desarrollaron una formulación personalizada de micronutrientes. El plan descansó sobre tres pilares: la periodización alimentaria, la suplementación basada en genética y el uso de colágeno, todo orientado a favorecer la recuperación y reducir los factores vinculados a lesiones.
Hidratación y energía adaptadas a cada sede mundialista

La preparación para la Copa del Mundo no se limitó a la alimentación diaria. Zapata mencionó que revisaron el peso y la altura del jugador, así como la altitud de Ciudad de México y Guadalajara y las condiciones climáticas de Miami, para diseñar un esquema de hidratación específico para cada partido. En esa evaluación, Miami se perfiló como el escenario más demandante. “Hicimos énfasis en líquidos, sodio y carbohidratos durante la competencia”, explicó el especialista, quien también señaló que trabajaron en protocolos de recuperación rápida pensando en las fases posteriores del torneo.
La lógica del plan respondió a una exigencia concreta del Mundial: más encuentros, menos tiempo entre esfuerzos y viajes más largos. Bajo ese criterio, la nutrición se empleó como una herramienta para sostener al capitán en una secuencia de partidos que ofrece poco margen de descanso.

Zapata también describió los hábitos cotidianos del jugador y desestimó la idea de una dieta con “permitidos” frecuentes o alimentos ultraprocesados. Según relató, Rodríguez mantiene una alimentación de perfil colombiano y sus preferencias se inclinan más por aumentar porciones que por buscar productos fuera del plan. “Sus gustos van por otro lado: qué rico poder agregar más arroz, qué rico poder aumentar las porciones de leguminosas, como lentejas o fríjoles”, comentó. El nutricionista añadió que esos alimentos le agradan bastante y forman parte de una pauta que no se aleja de sus hábitos.
Entre todas las opciones, hay una que predomina en el desayuno. “A James le encanta la arepa. Cuando yo he intentado que coma avena o arroz, por ciertas características, él dice: no, arepa, es indiscutible. A James le encanta su arepita al desayuno”, afirmó Zapata a Gol Caracol.
Fuente: Infobae