Corteza frontal dirige la atención entre sonido e imagen al ver películas

Una reciente investigación publicada en la revista Nature Communications ha revelado que la corteza frontal del cerebro actúa como una especie de director, desplazando la atención entre los estímulos auditivos y los visuales mientras una persona sigue una película. Este mecanismo permitiría comprender cómo el cerebro integra información para construir una historia coherente de forma casi instantánea.

Para llegar a estas conclusiones, los científicos analizaron registros directos de la actividad cerebral en 19 pacientes con epilepsia que tenían electrodos colocados temporalmente por razones clínicas. Gracias a esta técnica, lograron medir las respuestas neuronales con una precisión de milisegundos, muy superior a la que ofrecen las resonancias magnéticas convencionales.

En el experimento, los participantes observaron un cortometraje multilingüe de 12 minutos que incluía escenas en inglés, griego, alemán y francés. Cuando el diálogo no estaba en inglés, aparecían subtítulos en inglés. Esta mezcla permitió simular una situación cotidiana: momentos en que el audio es clave y otros en que la imagen (gestos, acciones o subtítulos) resulta más importante para entender la historia.

El experimento usó un cortometraje multilingüe de 12 minutos para evaluar cómo el cerebro prioriza señales auditivas y visuales en una situación cercana a la vida real (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio reveló que la corteza frontal no trata toda la información por igual, sino que existe una especie de división de tareas. La zona inferior (regiones frontales ventrales) respondió más a los estímulos auditivos, mientras que la zona superior (regiones frontales dorsales) reaccionó con mayor fuerza a lo visual.

Esto indica que, además de estar implicada en funciones como la planificación y el pensamiento complejo, la corteza frontal posee una organización interna que ayuda a gestionar, en tiempo real, cuánta atención prestamos al sonido y cuánta a la imagen.

El primer autor del estudio, Faxin Zhou, explicó:

“Esto sugiere que la corteza frontal posee un mapa organizado para procesar diferentes tipos de información durante las experiencias del mundo real”.

Y añadió:

“No se trata simplemente de un centro de control general, sino que parece separar el sonido y la vista de forma estructurada”.

El estudio encontró que las regiones frontales ventrales respondieron más a la información auditiva y las regiones frontales dorsales reaccionaron más a la información visual (Imagen Ilustrativa Infobae)

Más hallazgos del estudio

La idea central es que ver una película —una tarea cotidiana— obliga al cerebro a tomar decisiones continuas sobre qué es más relevante en cada momento: el diálogo, una expresión facial, la música o un cambio de escena. La investigación apunta a que la corteza frontal realiza ese “reparto de atención” de manera dinámica mientras la historia avanza.

El equipo encontró que, cuando en la película aparecían escenas en idiomas que los participantes no conocían, la actividad cerebral tendía a dejar de priorizar el sonido y a apoyarse más en lo visual. Este cambio ayuda a entender cómo las personas pueden seguir una historia incluso en situaciones complejas. Los autores también sugieren que estos hallazgos podrían orientar terapias relacionadas con trastornos del lenguaje, autismo, déficit de atención o pérdida auditiva.

El patrón se hizo evidente cuando cambiaba el idioma. En las escenas en inglés, al ser comprensible para los participantes, las zonas frontales se enfocaron más en procesar lo que se escuchaba. En cambio, en lenguas desconocidas, la respuesta se orientó hacia las pistas visuales, como expresiones faciales, gestos y subtítulos.

Voluntarios en línea confirmaron que en las escenas en inglés el audio ayudaba más a entender la trama y que en otros idiomas pesaban más las claves visuales (Imagen ilustrativa Infobae)

Para confirmar estos resultados, el equipo también reclutó voluntarios en línea. Les mostraron fragmentos de la película y les pidieron que indicaran qué momentos eran más importantes para entender la trama y si, en cada escena, ayudaban más las claves auditivas o las visuales.

Las respuestas de esos voluntarios coincidieron en gran medida con los registros neuronales: en las escenas en inglés, el sonido resultó más útil; en los tramos en otros idiomas, las señales visuales fueron las que más aportaron.

El autor principal, Adeen Flinker, profesor asociado de ingeniería biomédica en NYU Tandon y de neurología en la Facultad de Medicina Grossman de NYU, lo resumió así:

“Cuando la comprensión a través del habla se dificulta, el cerebro reasigna recursos de forma flexible hacia las señales visuales”.

Según Flinker, “esa adaptabilidad puede ser esencial para desenvolverse en entornos cotidianos repletos de información contradictoria”. La idea es que el cerebro no utiliza siempre la misma estrategia, sino que ajusta “sobre la marcha” qué tipo de información le conviene priorizar.

Cuando la película pasaba a idiomas desconocidos, el cerebro reducía la prioridad del sonido y se apoyaba más en gestos, expresiones faciales y subtítulos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los resultados también ofrecen una posible respuesta a una pregunta clásica de la neurociencia: cómo combina el cerebro distintos sentidos en situaciones realistas. Muchos estudios anteriores se basaron en tareas de laboratorio más simples, mientras que una película se asemeja más a la vida diaria, donde las señales llegan de forma continua y menos predecible.

Además, el trabajo plantea que la corteza frontal podría tener un rol más activo del que suele pensarse: no solo “mezclar” información al final, sino decidir antes qué canal conviene priorizar para comprender lo que está sucediendo, ya sea el sonido o la imagen.

Los autores ven posibles usos clínicos y tecnológicos, pero también señalan limitaciones del estudio. Por ejemplo:

  • Los participantes eran pacientes hospitalizados con epilepsia, por lo que no representan necesariamente a toda la población.
  • Los electrodos se colocaron por necesidad médica, no para cubrir todas las zonas del cerebro de manera planificada, y algunas áreas quedaron menos observadas.

A pesar de esto, el registro neuronal directo permitió observar con un nivel de detalle poco común cómo el cerebro humano organiza la percepción en una situación cotidiana y cómo cambia el “equilibrio” entre lo que se oye y lo que se ve cuando entender el habla se vuelve más difícil.

Fuente: Infobae

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