¿Se puede aprender a ser feliz? Para Tal Ben-Shahar, la respuesta es un rotundo sí. Durante 25 años en la Universidad de Harvard, este psicólogo ha defendido que el bienestar no es un don innato, sino una habilidad que se entrena mediante la combinación de placer, propósito, vínculos humanos y rutinas constantes. Lejos de ofrecer soluciones mágicas, su método se apoya en décadas de investigación en psicología positiva, donde el objetivo no es evitar el sufrimiento, sino desarrollar prácticas que mantengan el equilibrio incluso en contextos de dificultad o estrés.
Uno de los pilares de su enfoque es la repetición. Estudios en neurociencia demuestran que el cerebro puede transformarse cuando los pensamientos y comportamientos positivos se repiten hasta convertirse en una segunda naturaleza. Ser amable, moverse a diario y agradecer lo que nos rodea son hábitos simples que, según Ben-Shahar, construyen una vida más plena. La clave no está en los grandes momentos, sino en las pequeñas acciones cotidianas.
El poder de las relaciones y el “hermoso enemigo”
Las relaciones personales son otro componente esencial. Amistades sinceras, lazos familiares fuertes y parejas estables actúan como amortiguadores del dolor y potenciadores de la alegría. Sin embargo, Ben-Shahar advierte que la armonía total no es el ideal. Inspirado en el filósofo Ralph Waldo Emerson, introduce el concepto del “hermoso enemigo”: esa persona que nos contradice, desafía y confronta con respeto, generando crecimiento mutuo.
“Los conflictos ayudan a elevar la relación, y también elevan a cada individuo”, asegura Ben-Shahar en el podcast Aprendemos juntos de BBVA.
Citando a David Schnarch y su libro Passionate marriage, el psicólogo sostiene que las relaciones largas funcionan como una “máquina de crecimiento” donde el desacuerdo impulsa el desarrollo personal. Así, la felicidad no se basa en evitar roces, sino en aprender a navegarlos.
Gratitud, tecnología y meditación
La gratitud ocupa un lugar central, no como un gesto superficial, sino como un ejercicio de percepción que permite apreciar lo que tenemos, agradeciéndolo y aumentando su valor. Ben-Shahar también pone límites al uso de la tecnología: considera que las redes sociales alejan del contacto humano real. Por eso, en su casa ha establecido zonas libres de dispositivos. Una caja en el salón guarda los móviles desde las ocho de la noche, y en el dormitorio no hay pantallas, una medida que refuerza su convicción de que la felicidad requiere conexión humana auténtica.
Además, incorpora la meditación como una vuelta a lo esencial: respirar, observar y estar presente. A esto suma el ejercicio físico, al que atribuye efectos comparables a los de los antidepresivos cuando se practica 30 minutos de actividad aeróbica tres veces por semana, estimulando la producción de serotonina, dopamina y norepinefrina.
Fuente: Infobae