IA oculta en firmas: 34% de profesionales usa chatbots no autorizados

Durante dos años, los estudios jurídicos y las firmas contables se preguntaron si sus profesionales adoptarían la inteligencia artificial o la rechazarían. La respuesta ya llegó, y no es la que esperaban. No solo la han incorporado: la utilizan a un ritmo más acelerado que sus superiores, y un tercio de ellos lo hace en secreto, sin que la empresa lo sepa.

La información proviene de un estudio de Thomson Reuters publicado esta semana, basado en una encuesta a 1.816 profesionales del derecho, impuestos, auditoría, contabilidad, cumplimiento, riesgo y comercio internacional en 62 países. Cabe aclarar que Thomson Reuters no es un observador imparcial, ya que también comercializa herramientas de IA para estas profesiones. Sin embargo, la cifra que incomoda no es la que la empresa quiere vender, sino la que deja entrever.

El 74% de los encuestados ya emplea IA varias veces por semana, y el 44% lo hace varias veces al día. Esto podría leerse como una historia de adopción exitosa. El giro aparece en otro número: el 34% admite recurrir a herramientas que su organización nunca aprobó, de una manera que la firma tampoco puede monitorear.

La adopción silenciosa de la IA

Profesionales del derecho y la contabilidad utilizan inteligencia artificial en secreto, exponiendo a sus firmas a riesgos legales y de seguridad, (Imagen Ilustrativa Infobae)

En inglés se conoce como shadow AI, IA en la sombra: el empleado que abre un chatbot gratuito en otra pestaña del navegador y pega el borrador de un contrato, un dictamen o un balance porque le ahorra una hora de trabajo. No se trata de sabotaje ni descuido. Es personal motivado que no piensa detenerse solo porque su empresa aún no ha decidido qué herramienta oficial proporcionar. Entre quienes sienten que su firma avanza demasiado lento, esta práctica se dispara.

El problema no es que usen IA, sino dónde la usan. Un chatbot de consumo guarda lo que uno escribe, lo procesa en servidores ajenos y no rinde cuentas a nadie. Pegar allí la cláusula confidencial de un cliente o las cifras de una auditoría no es un atajo: es una filtración a punto de ocurrir. Y como ocurre fuera de todo registro, la firma ni siquiera sabe que debería preocuparse.

¿Quién asume la culpa?

El uso de IA no autorizada en la gestión de información confidencial incrementa los riesgos de filtración y responsabilidad individual. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Casi la mitad de los encuestados, el 47%, sostiene que cuando un trabajo hecho con IA termina en error, la responsabilidad final recae en el profesional individual. Es coherente con el oficio: un abogado firma su escrito, un contador firma su balance, y con la firma llega la cuenta.

Pero esa cuenta solo se cierra cuando el profesional trabaja con instrumentos que su firma conoce y respalda. Cuando el trabajo crítico pasa por una herramienta que nadie aprobó ni revisó, la persona carga con una responsabilidad que la empresa no puede acompañar, porque desconoce que existe. El riesgo de estas firmas nunca estuvo en la velocidad de adopción, sino en la parte que no ven: el trabajo sensible que ya circula por herramientas que nadie autorizó.

La desconexión entre necesidad y oferta

Queda la pregunta de fondo: ¿por qué un profesional entrenado para verificar cada cita y cada número termina confiando datos sensibles a un chatbot cualquiera? La respuesta está en el mismo informe: el 41% de quienes usan IA en el trabajo no tiene acceso a una herramienta de nivel profesional que cumpla con lo mínimo que ellos mismos exigen. Proteger los datos confidenciales lo reclama el 96%; apoyarse en contenido verificable, el 94%; entregar un razonamiento que se pueda explicar y defender, el 90%.

Dicho de otro modo: saben con precisión qué necesitan, y a dos de cada cinco la empresa no se lo proporciona. La firma dejó un vacío entre lo que pedía y lo que ofrecía. Y los vacíos no se quedan vacíos: los llena quien tiene algo que entregar hoy.

El costo en talento

El fenómeno de la “IA en la sombra” crece fuera del control de las empresas, mientras el riesgo permanece invisible en la rutina profesional. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hay un costo adicional que golpea donde más duele a estas firmas: el talento. El 62% afirma que el acceso a IA de nivel profesional pesaría a la hora de aceptar un nuevo puesto. Entre quienes ya la usan, casi uno de cada tres rechazaría una oferta que no la incluya.

La conclusión es dura para cualquier socio gerente. La firma que no entrega la herramienta adecuada no solo empuja a su gente hacia las versiones en la sombra; también la deja lista para irse ante la primera oferta que sí la incluya.

Las organizaciones que todavía creen que su gran decisión sobre la IA sigue pendiente se equivocan de tiempo verbal. La decisión ya se tomó. La tomaron sus empleados, uno por uno, en herramientas que la firma no eligió y no puede auditar. El riesgo nunca fue correr demasiado. Fue mirar para otro lado mientras todos los demás corrían.

Fuente: Infobae

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