Arabia Saudita, una de las naciones que integran el Grupo H del Mundial junto a España, suele ser un territorio poco familiar para el público ecuatoriano. No obstante, más allá de los reflectores que ha ganado su liga por las millonarias inversiones en fichajes, este país alberga tradiciones profundamente arraigadas que vale la pena descubrir.
Uno de los pilares de su cultura es la hospitalidad árabe. Recibir a los invitados con café saudí, conocido como gahwa, acompañado de dátiles, es una costumbre que simboliza respeto y calidez. Este gesto refleja la importancia que tiene compartir en la vida cotidiana de sus habitantes.
Aunque muchos imaginan a Arabia Saudita solo como un mar de dunas, el país ofrece paisajes que asombran: montañas que superan los 3.000 metros de altitud, oasis con siglos de historia y una línea costera de más de 2.600 kilómetros distribuida entre el mar Rojo y el golfo Pérsico.
Sin embargo, uno de los mayores atractivos es su gastronomía. Basada en ingredientes sencillos pero profundamente aromáticos, las especias son las protagonistas indiscutibles. Esto se hace evidente en el kabsa, su plato insignia.
El kabsa: un emblema que se cocina con el alma
La preparación del kabsa consiste en una cocción lenta donde la carne —generalmente pollo o cordero— se cocina durante media hora junto a cebolla, tomate y una mezcla de especias intensas como cardamomo, canela y clavo. Durante este proceso, los sabores de la carne y las especias se fusionan para crear una base jugosa y aromática. Luego se incorpora el arroz, que absorbe todo ese fondo concentrado.
La esencia del kabsa radica en cocinar todo junto, permitiendo que los ingredientes se integren lentamente. Por eso, es un plato típico de reuniones familiares y festejos, servido en grandes fuentes para que todos compartan.
Otros platos clásicos de la mesa saudí
Más allá del kabsa, la cocina de Arabia Saudita ofrece una variedad de preparaciones que reflejan su diversidad regional. Uno de los más populares es el mandi, similar al kabsa, pero cocinado en un horno subterráneo llamado tandoor, lo que le otorga un característico sabor ahumado.
También sobresale el jareesh, un platillo elaborado con trigo triturado cocido lentamente con yogur, cebolla y carne, que resulta en una textura cremosa y reconfortante, muy consumido en el centro del país.

En la región occidental es típico el saleeg, que combina arroz cocido en leche con pollo o cordero, logrando una preparación suave y de sabor delicado, contrastando con los platos más especiados. Para los amantes de la comida callejera, el mutabbaq es una opción infaltable: una masa rellena de carne picada, huevo y verduras, cocinada a la plancha hasta quedar crujiente.
Fuente: Infobae