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Toy Story 5: Los juguetes enfrentan su mayor amenaza: la tecnología

Toy Story 5 reúne a todos los personajes clásicos de Pixar en una aventura que, aunque no es la mejor de la saga, mantiene el espíritu de la franquicia. Woody, el vaquero de rostro alargado y miembros articulados, vuelve a ser interpretado por Tom Hanks, quien le ha prestado su voz desde 1995, cuando se estrenó la cinta original. En aquella primera película, Woody era el líder bondadoso de un universo donde los juguetes cobran vida cuando los humanos no están. Como sus compañeros, pertenecía a Andy, un niño que conmovió al público al crecer y dejar atrás sus juguetes.

Para el final de la cuarta entrega, Andy era solo un recuerdo lejano. Woody se había convertido en un “juguete perdido” y el resto del grupo vivía con Bonnie, una nueva niña a quien Scarlett Spears presta su voz. Aunque Bonnie es el centro aparente, la narrativa se enfoca en los juguetes: su propósito y cómo enfrentan la vida dentro y fuera del hogar. Los juguetes, como los niños, aprenden a través de ensayo y error a lidiar con miedos y peligros existenciales. El tiempo ha pasado para ellos, y aunque parecen resistentes, ya muestran signos de desgaste.

Woody regresa a la habitación de Bonnie para reencontrarse con sus amigos, especialmente con Buzz Lightyear (Tim Allen), quien ahora parece un tanto opaco detrás de su casco de burbuja. A simple vista, Woody mantiene su apariencia, aunque un pañuelo le cuelga como poncho, recordando al pistolero sin nombre de Clint Eastwood en los filmes de Sergio Leone: una referencia más para cinéfilos que para el público general. También es notable su barriga prominente y su calva, producto de quitarse el sombrero repetidamente. El tiempo es un tema recurrente en Toy Story 5, pero los realizadores no logran abordarlo de manera completamente satisfactoria.

En esta última entrega de la popular franquicia, Woody y Buzz Lightyear están de regreso y deben enfrentarse al hipnotizante nuevo juguete de Bonnie

Andrew Stanton (director de Wall-E) ha estado involucrado en todas las películas de la saga, y junto a la codirectora Kenna Harris, presenta una historia que retoma grandes preguntas. En apariencia alegre, el filme habla de una niña tímida y creativa que busca amistad. Aborda la soledad, el deseo de pertenencia y temas complejos como el juego, la individualidad, la obsolescencia y el consumismo, tratados desde los inicios de la serie. Un tema particularmente actual es cómo la humanidad se conserva en la era del tecnocapitalismo, que reduce a las personas a datos explotables.

En concreto, Bonnie recibe una tableta llamada Lilypad, con la voz de Greta Lee. El dispositivo tiene un bisel verde, una sonrisa y dos ojos desorbitados, como si una rana se hubiera tragado un iPad. Su exigencia autoritaria:

¡Vamos a jugar!

resulta inquietante, y pronto Bonnie queda hipnotizada por la pantalla, igual que los demás niños de la ciudad, con el rostro iluminado por un resplandor azul. Las máquinas han conquistado a los niños, lo que altera la vida de los juguetes de Bonnie, especialmente de Jessie (Joan Cusack), una vaquera que, como Woody, tiene una cuerda de tiro y está lista para el rescate.

Jessie, con la voz de Joan Cusack, en una escena de

El elenco vocal imprime energía y patetismo a los diálogos. Conmueve notar que, aunque los juguetes apenas han envejecido físicamente, las voces de los actores sí reflejan el paso del tiempo, especialmente las de Hanks y Allen. Joan Cusack, con su acento de Chicago y dicción precisa, es un deleite incluso cuando el guion flaquea. Bonnie es un personaje simpático, pero los cineastas le prestan poca atención, y eso se percibe. Las secuencias más vibrantes, tanto emocional como visualmente, son aquellas con Jessie, ya sea en flashbacks o en animaciones estilo pastel.

Los cineastas, de un estudio conocido por su innovación tecnológica, llegan a un punto donde ya no pueden profundizar más. Entonces, evitan los temas espinosos y dedican demasiado tiempo a otro romance tedioso de Pixar. En el lado positivo, Stanton y su equipo presentan nuevos personajes, como Blaze (Mykal-Michelle Harris), una niña valiente con cabello rizado y sus propios juguetes, incluyendo una figura de acción con un tutú rosa. Blaze aporta entusiasmo, pero la trama nunca despega del todo. Es una película correcta, bonita y divertida, pero si nadie le pone verdadero corazón, quizá es momento de que otros juguetes tomen el relevo.

Fuente: Infobae

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