En la localidad portuguesa de Fátima, reconocida mundialmente por su santuario mariano, ocurre un fenómeno que genera controversia. Cada mes, el sótano de un centro comercial se convierte en el escenario de lo que sus organizadores llaman un “exorcismo”. Decenas, a veces centenares, de personas se congregan en la penumbra de ese espacio subterráneo, iluminado apenas por una ventana cercana al techo. Frente a un altar improvisado, se sientan curiosos y feligreses de la Prelatura de San Pedro y San Pablo, una entidad fundada en 2006 que se autodenomina católica pero que no cuenta con reconocimiento del Vaticano ni de las autoridades católicas locales.
El objetivo de la reunión es presenciar o experimentar un supuesto exorcismo. Los asistentes se levantan uno a uno y se acercan a Francisco Marques, un joven vestido con sotana negra y cuello romano. Él coloca sus manos sobre la frente de cada persona, y estas, en su mayoría mujeres, caen de espaldas mientras otros participantes las recogen y las recuestan sobre una alfombra, frente al altar.

Marques asegura que las sesiones son gratuitas, según declaró a la agencia AFP. Sin embargo, se financian mediante donaciones voluntarias de los fieles y la venta de productos como libros escritos por él, sal “exorcizada”, agua bendita y ungüentos de su propia elaboración. Todos estos artículos se exhiben sobre una mesa en el sótano, junto a una fotografía de Marques con el papa Francisco y tarjetas de presentación que incluyen un número de teléfono y un número de cuenta bancaria.
Lurdes Ramísio, una enfermera de 56 años que acababa de ser “exorcizada”, describió a la AFP la experiencia como “una paz profunda”. Afirmó que en las manos de Marques hay “un gran poder” que se transmite al interior de quienes lo reciben. Mientras tanto, las autoridades católicas de Fátima rechazan y advierten en contra de esta congregación.

Sacerdotes, obispos y exorcistas fuera de la comunión eclesial
La historia de este grupo se remonta a 2009, cuando el italiano Salvatore Micalef, nacido en 1974, fue ordenado sacerdote por Emmanuel Milingo, un arzobispo de Zambia que fue excomulgado en 2020 por el papa Benedicto XVI. La excomunión se debió a que Milingo ordenó a cuatro obispos casados sin la autorización papal. El Vaticano declaró entonces que Milingo, conocido como exorcista y curandero, se encontraba “en una condición irregular” y “progresivamente rompiendo la comunión con la Iglesia”.
Micalef, quien fue ordenado por un prelado sin potestad, fue proclamado obispo en 2014. Los responsables de esa nueva ordenación fueron William Manseu y Peter Paul Brennan, dos obispos estadounidenses del movimiento “Married Priests Now” (Curas Casados Ahora), quienes tampoco están reconocidos por el Vaticano.
El italiano logró establecer una congregación en Fátima, cerca del santuario mariano. Allí, en la diócesis de Leiria-Fátima, comenzó a organizar los llamados retiros de “Curación y Liberación”. Sin embargo, en 2023, la Diócesis de Roma emitió una denuncia pública: Micalef “fue ordenado sacerdote y obispo sin mandato” del papa y, por tanto, no estaba “en comunión con la Santa Sede”.

Además, Jorge Guada, vicario general de la diócesis de Leiria-Fátima, advirtió que Micalef carecía de autoridad religiosa real. La respuesta de Micalef, según reportó Vida Nueva, fue difundir fotos donde aparece saludando al papa Francisco, como si el haber coincidido con él en un ascensor —como evidenciaba una de las imágenes— fuese prueba de sus bendiciones.
En septiembre de 2024, el Vicariato de Roma volvió a advertir contra Micalef: “El autodenominado patriarca y obispo de la Prelatura Católica de SS. Pedro y Pablo no está en comunión con la Iglesia Católica y no posee las facultades ministeriales necesarias para administrar los sacramentos”. Pese a todo, Micalef continúa con sus retiros en Fátima.

Bajo el mando de este autoproclamado obispo, quien realiza los exorcismos es Francisco Marques, un joven de 27 años. Micalef asegura que Marques tiene “el don de expulsar demonios”. “Por eso promulgué un decreto según el cual puede ser exorcista”, declaró el italiano a la AFP. Este mismo sábado, centenares de personas participaron en este “retiro exorcista” en el nivel cero de un centro comercial ubicado a pocos pasos de la explanada del Santuario de Fátima.
La diócesis de Leiria-Fátima, legítima autoridad católica de la localidad, emitió hace tres años un comunicado en el que advertía sobre estos “retiros sospechosos” organizados por “un supuesto seminarista amigo del papa” y “un obispo que se presenta como exorcista del Vaticano”. José Ornelas, obispo de esta diócesis, explicó a la AFP que, aunque el ritual del exorcismo existe en la Iglesia Católica, se aborda siempre con “mucha cautela” para evitar que el sacerdote sea visto como un “gurú que tendría poder sobre los demonios”.

Ornelas señaló que la Iglesia no tiene autoridad para prohibir este tipo de prácticas, pero sí el deber de denunciar el “abuso” que ve en ellas, al considerar que es una manera de “aprovecharse” del sufrimiento ajeno para beneficio propio. Marques, por su parte, se considera “perseguido” y víctima, y llegó a presentar una denuncia por difamación: “Nos han calumniado. Nos han llamado falsos sacerdotes, falso obispo, estafadores. Por eso hay que defender nuestra dignidad”. Además de estos retiros, el autoproclamado clérigo celebra misa cada domingo en una “capilla privada” que tiene en su casa.
A pesar del rechazo y las advertencias de las autoridades religiosas de Fátima, del Vaticano y de la Diócesis de Roma, la Prelatura de San Pedro y San Pablo sigue operando desde el sótano de un centro comercial, expulsando demonios una vez al mes con la única autoridad que brinda una foto con el papa.
Fuente: Infobae