Una historia de transformación desde Misiones
Tanya Hartfield, nacida en Oberá, Misiones, llegó a Buenos Aires hace más de dos décadas sin recursos económicos. Hoy es mentora de miles de mujeres en América Latina y España, y se define como una «fanática de la plenitud». En una entrevista, la exreina de belleza y exmodelo relató su camino desde la pobreza hasta construir un negocio digital con presencia internacional.
«Yo soy una fanática de la plenitud en la vida. Me banqué los procesos de crecimiento de la nada a un montón, porque hoy mi vida, no solo en lo económico sino también en términos de libertad, es una fiesta. Soy una mujer súper independiente, me va muy bien y además viajo un montón», afirmó Hartfield.
Hartfield se hizo conocida a mediados de la década del 2000 mientras estudiaba Fonoaudiología en Buenos Aires. Su carrera en el modelaje despegó tras unirse a la agencia Chekka, participando en campañas publicitarias, producciones fotográficas y programas de televisión. En 2008 fue elegida Miss Misiones y representó a la provincia en el certamen Miss Argentina.
Su historia es un ejemplo de superación personal y profesional. Desde los años en que trabajaba como fonoaudióloga y enfrentaba dificultades económicas hasta la creación de un negocio digital con alcance internacional, Hartfield encontró en la independencia y la confianza en sí misma el motor para redefinir su rumbo. Actualmente es mentora y lidera comunidades de mujeres en varios países, fomentando el desarrollo personal, el emprendimiento y la autonomía económica como vías para alcanzar una vida más alineada con los propios deseos.
Los inicios en Buenos Aires y el paso por la fonoaudiología
—Llegaste muy joven de Misiones a Buenos Aires, pero tu propósito era otro. ¿Es así?—Sí, la vida es tan linda y tiene tantos ciclos si uno se anima a transitar el camino. Llegué hace más de 20 años. Hoy soy más de acá que de allá. Siempre digo que soy la Anamá Ferreira de Oberá (risas). Amo Buenos Aires.
—Estudiabas fonoaudiología y en pocos años te recibiste.—Así es.—Cómo cambió la vida, hoy lideras tu propio proyecto.—Cien por ciento. Estudié fonoaudiología, trabajé con niños con autismo y sus familias, pero estaba todo el día en el consultorio. Me imaginaba toda mi vida así y me hacía ruido. Yo me moría de ganas de ser una mujer más libre, más libre económicamente. No tenía plata para una campera. No pasé frío porque amigas me prestaban las suyas.
—Pero no sobraba nada.—Mi familia pasaba crisis en Misiones. Papá dentista, mamá maestra. Vine con una capacidad de soñar. Hace 10 años, para comprarme mi primer auto, me fui a vivir donde una tía, en una habitación de servicio. Me banqué los procesos de crecimiento: de la nada a un montón. Hoy mi vida es una fiesta en libertad. Tengo una hija de cuatro años, Inés, que con un año ya había tomado 27 aviones. Eso refleja que vamos para allá, viajamos, sin depender de nadie. Todo lo construí desde la libertad.
—¿Cuándo sentiste que debías transformarte?—El salir de la cajita. Si hubiera sido fonoaudióloga toda la vida, no llegaba a mi plenitud. Yo soy fanática de la plenitud, y plenitud no es perfección. Tardé cuatro años en tener a Inés, con tratamiento de fertilidad. Tenía endometriosis silenciosa. En esos años desarrollé la confianza de que lo que está en el deseo de mi corazón es posible. No significa que no lloraba, pero volvía a confiar.
—Hoy con el diario del lunes lo ves, pero en su momento era complejo.—Exacto, pero es tu máster. En la próxima nube gris es más fácil confiar. ¿Cómo aprendés a confiar? Manifestar no es solo poner fotos en un corcho. Manifestar es revisar qué tenés vos en el deseo de tu corazón. Y ser coherente hasta llegar ahí.

El apoyo familiar y el primer casting
—Mencionaste a tus padres. ¿Cómo reaccionaron cuando dejaste el consultorio?—Mis padres aprendieron a confiar. Cuando llegué a Buenos Aires, mi hermano, tenista, me dijo: «Caminá hasta Cabildo, tomá el subte». A los dos meses de facultad empecé con castings y salió mi primera publicidad. Le dije a mi papá: «No me mandes más plata, me mantengo yo». Tenía 18 años. Nunca más me mandó plata.
—¿De qué era el casting?—De ropa interior teen. Era disruptivo en mi casa, mis papás son de iglesia evangélica. Ver a su hija en un catálogo de ropa interior era fuerte. Pero la vida es salir de cajitas. A mis casi 39 años, he salido de muchas y sé que seguiré.
—¿Cuánto influye el entorno?—Uno elige el entorno. Somos el promedio de las cinco personas con las que nos rodeamos. Hay que cerrar ciclos y buscar personas sabias, despiertas.
Del marketing de afiliados al liderazgo femenino
—Si tuvieras que definirte, ¿quién eres?—Hace ocho años empecé con marketing de afiliados, una empresa internacional donde compartes productos y recibes comisiones. Conecté con muchas mujeres y desarrollé franquicias digitales en México, España y Argentina. Además de crecer económicamente, ayudar a mujeres a tener poder propio me llena el corazón. Muchas son exitosas pero están agotadas, sin energía para la crianza. Creo que es posible si aprendes a poner límites, pedir ayuda, ponerte primero.
—¿Cómo le dices a alguien que no llega a fin de mes que su vida puede cambiar?—Su vida puede cambiar paulatinamente. Yo pasaba frío sin un mango. El secreto es a lo que le pones energía, eso crece. Es como regar una plantita.
—¿Cómo desaprender patrones del linaje familiar?—Un cambio de identidad arranca con poner luz, darme cuenta de que me quejo. Empezar de a poquito a sentir gratitud. Entiendo las rutinas caóticas de las mamás. Yo tengo una nena fácil, pero en una cena de mamis del jardín conté el cuento de la capibara para las mañanas. Una lo probó y dijo: «Me cambiaron las mañanas». Luego todas lo implementaron. Si mueves dos o tres cositas, las cosas son diferentes.

La coherencia como ejemplo y el camino hacia la plenitud
—En una entrevista dijeron: «Todos sabemos lo que tenemos que hacer». ¿Cuánto hay de hacerse cargo?—Hacerse cargo es todo. Manifestar es coherencia. Si preguntas a alguien exitoso por qué hizo fortuna, dirá: «Porque trabajé, me levanté temprano». Otro dirá: «Es el gobierno, Argentina». Uno elige hacerse cargo, tomar decisiones incómodas. Incluso en historias tristes, hay quienes deciden salir adelante. Bancarte no tener ganas de entrenar, pero ir igual. A los 90 quiero levantar a mis nietos, así que voy todas las mañanas.
—También es dar ejemplo a los hijos.—La coherencia que ven los chicos es más importante que lo que decimos. Si les dices «no mires pantalla» y estás con el teléfono, no funciona. Separarme con Inés chiquita fue mi trabajo sobre la culpa. Entregué a mi bebé de año y medio para que durmiera con su papá, aún tomaba teta. Fue decirle: «Vamos a estar bien». Quedarme sola los domingos era duro, pero el haber salido de mi cajita en búsqueda de plenitud hace que hoy tenga mucha plenitud en la maternidad.
—Y a ti misma.—Sí. Hay que confiar en la vida, porque cuando uno se escucha un poquito adentro, esa intuición te habla siempre. Si te animas a un proceso incómodo, valiente, de escucharte, podrás armar un negocio en España y México, aunque seas de Oberá.
Un mensaje para la Tanya del pasado
—Si pudieras compartir un mate con la Tanya que llegó desde Oberá sin dinero, ¿qué le dirías?—Creo que esa parte soñadora y terca me trajo hasta aquí. Cuando vine en séptimo grado, vi un cartel de una peluquería en una parada y sentí: «Algún día voy a estar ahí». Años después, sin buscarlo, apareció mi cara en ese cartel. Ese era el deseo de mi corazón. Si hoy tomara mate con la Tany de hace 22 años, solo le sonreiría. Ella sabe que las cosas lindas que tiene en su corazón se cumplirán. Debe bancarse los procesos, ser valiente, abrazar la angustia, enfocarse en su dolor para hacer el duelo, buscar un entorno sano y preguntarse dónde quiere estar en cinco años. Y si lo que hace hoy no la lleva allí, empezar a tomar decisiones incómodas para lograrlo.
Fuente: Infobae