Los hogares con menores ingresos en Ecuador tienen cada vez menos posibilidades de cubrir sus necesidades más elementales. La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de Hogares Urbanos y Rurales (ENIGHUR) 2024-2025, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), evidencia la desigualdad en la capacidad real de consumo y la fragilidad financiera que enfrentan millones de familias.
Los datos reflejan que alrededor de 2,7 millones de hogares ecuatorianos, equivalentes a cerca de 9 millones de personas, viven prácticamente sin margen financiero para afrontar imprevistos o mejorar sus condiciones de vida.
Según el economista Jonathan Báez, muchas familias están sacrificando incluso su gasto en alimentación para poder cubrir servicios esenciales que dependen, en gran medida, de subsidios estatales, como el transporte, la energía o la atención en salud.
Al analizar la encuesta se observa que los cinco deciles más pobres, que agrupan al 50% de la población, destinan entre el 87% y el 102% de sus ingresos al gasto corriente, que incluye alimentación, servicios básicos, educación, transporte y otros rubros indispensables.
La situación más crítica corresponde al decil más pobre, donde el gasto supera los ingresos disponibles, alcanzando el 102%. Esto evidencia un déficit permanente en la economía familiar. En los demás grupos la realidad tampoco es alentadora: el segundo decil destina el 97% de sus ingresos al consumo; el tercero, el 93%; el cuarto, el 90%; y el quinto, el 87%.
La canasta básica familiar alcanza actualmente los USD 829 mensuales, una cifra inalcanzable para los sectores más vulnerables. De hecho, el decil más pobre apenas puede destinar USD 61 al mes para alimentación de toda la familia, no por elección, sino por falta de recursos.
Báez sostiene que decisiones como la reducción o eliminación de subsidios a los combustibles tienen un efecto directo sobre el costo de vida, ya que encarecen el transporte y otros bienes de consumo. A esto se suman factores como los incrementos en el gasto energético derivados de olas de calor o de contingencias como los apagones, que obligan a las familias a destinar más recursos para cubrir necesidades básicas.
Los gastos que primero se sacrifican
Después de la alimentación, los rubros más afectados son la compra de: prendas de vestir y calzado, la recreación, la cultura y el transporte. Según el economista, esto demuestra que cualquier reducción en el apoyo estatal golpea con mayor fuerza a los sectores más vulnerables.
La encuesta también revela que el 35,7% de los hogares ecuatorianos percibe ingresos inferiores a un salario básico unificado. Esta realidad no solo restringe el consumo de millones de familias, sino que también limita las posibilidades de movilidad social, reduce la capacidad de ahorro e inversión y dificulta la construcción de una economía más productiva e inclusiva.
La brecha entre el costo de vida y los ingresos de los hogares más pobres es tan amplia que se ha convertido en un problema estructural. No se trata de una mala administración de los recursos familiares, sino de ingresos insuficientes para cubrir las necesidades mínimas.
Una radiografía de la economía familiar
El exdirector ejecutivo del INEC, Jorge García, explica que la ENIGHUR permite identificar las tendencias recientes del consumo y de la economía doméstica, considerando además los cambios demográficos y la reducción del tamaño promedio de los hogares.
Estos estudios sirven para actualizar las canastas de consumo, incorporando nuevos productos y eliminando aquellos que han quedado obsoletos. Gracias a ello, el Índice de Precios al Consumidor mantiene su vigencia y refleja de manera más precisa el comportamiento real de las familias ecuatorianas.
García señala que la información obtenida también es fundamental para redefinir las líneas de pobreza y pobreza extrema, a partir del análisis de la ingesta calórica y de los gastos esenciales. Esto permite que las mediciones sobre bienestar social y situación económica respondan a la realidad actual del país.
El experto coincide con Báez en que los costos de vivienda y transporte son dos de los factores que más presión ejercen sobre el presupuesto de los hogares.
Cuando el consumo se convierte en supervivencia
Para Báez, cuando una familia debe gastar más de lo que recibe para cubrir sus necesidades básicas, ya no se puede hablar de capacidad de consumo, sino de supervivencia económica.
En este contexto de vulnerabilidad permanente, cualquier enfermedad, accidente o emergencia obliga a los hogares a endeudarse o a caer en niveles más profundos de pobreza.
El economista considera que cerrar esta brecha requiere políticas públicas orientadas a una mejor distribución de la riqueza y los ingresos, salarios dignos, generación de empleo de calidad, impuestos progresivos, fortalecimiento de la demanda interna y mecanismos de control que permitan contener los efectos de la inflación sobre los sectores más vulnerables.
Radio Pichincha
LV