El uso habitual de teléfonos móviles, sobre todo durante la noche, ha cambiado por completo la manera en que las personas descansan en la actualidad.
La exposición constante a las pantallas no solo afecta la calidad del sueño, sino también el bienestar emocional y el rendimiento diario de millones de personas. Durante la conferencia “Trastornos del sueño y mentales inducidos por el uso de las tecnologías de la información y la comunicación”, especialistas analizaron los efectos de la hiperconectividad en la vida cotidiana.
El Dr. Fructuoso Ayala Guerrero, el maestro Marcos Verdejo Manzano y la estudiante Saori Rodríguez Espejo, todos de la UNAM, debatieron sobre cómo la dependencia tecnológica impacta tanto la mente como el cuerpo. Señalaron que la interacción frecuente con dispositivos electrónicos no solo desordena los ciclos de sueño, sino que también promueve la aparición de ansiedad, falta de atención y problemas físicos. El desafío está en hallar un balance entre los beneficios de estas herramientas y la necesidad de cuidar la salud.
Uno de los puntos más importantes fue el efecto de la luz azul que emiten las pantallas sobre el reloj biológico. Usar smartphones, tabletas y computadoras por la noche puede engañar al cerebro, haciéndole pensar que todavía es de día y retrasando la llegada del descanso. Esta alteración, lejos de ser un caso aislado, se ha vuelto habitual en todas las edades, transformando los patrones tradicionales de sueño.
¿De qué manera el celular interfiere con el descanso?
Los académicos advirtieron que la luz azul reduce la producción de melatonina, una hormona clave para dormir y lograr un sueño reparador. Cuando esas señales lumínicas llegan al cerebro por la noche, el cuerpo retrasa su preparación y disminuye la profundidad del sueño.
Esta situación, si se mantiene en el tiempo, puede desembocar en insomnio crónico y síntomas como fatiga constante, irritabilidad y somnolencia durante el día. Las consecuencias no terminan al despertar: la falta de sueño adecuado perjudica la memoria, la concentración y el control emocional. Por ejemplo, en el ambiente escolar, quienes duermen mal suelen tener problemas para aprender nuevos contenidos y mantener la motivación, mientras que en el trabajo se nota una baja en la productividad y más errores.
El deterioro del rendimiento diario puede llevar a situaciones graves, como accidentes laborales o de tránsito, sobre todo en tareas que exigen atención permanente.

Efectos físicos y mentales de la hiperconectividad
Más allá del cansancio, la falta crónica de sueño aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, trastornos metabólicos y obesidad. El Dr. Ayala Guerrero explicó que dormir poco favorece el aumento de la presión arterial y altera la regulación hormonal, lo que puede provocar infartos, accidentes cerebrovasculares y diabetes tipo 2. Además, debilita el sistema inmunológico, volviendo al cuerpo más propenso a infecciones y alargando los tiempos de recuperación.
La hiperconectividad no solo perjudica el cuerpo, sino también la salud mental. Las plataformas digitales y las redes sociales están diseñadas para atraer la atención mediante notificaciones constantes y estímulos inmediatos. Esto genera un estado de alerta permanente que puede desencadenar ansiedad, irritabilidad y agotamiento.
El fenómeno llamado FOMO, o miedo a perderse algo, incrementa el deseo de estar siempre conectado y dificulta la desconexión necesaria para relajarse y recuperarse.
Consejos para un uso equilibrado de la tecnología
Ante esta realidad, los expertos señalaron la importancia de fijar límites en el uso de dispositivos electrónicos, especialmente antes de dormir.
Recomiendan limitar el uso del celular en las horas previas al descanso, desactivar notificaciones que no sean necesarias y promover actividades recreativas sin pantallas. El maestro Verdejo Manzano destacó que las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) pueden ser aliadas del bienestar siempre que se utilicen con responsabilidad.
La educación y la orientación son esenciales, sobre todo en niños, adolescentes y jóvenes, quienes son los más vulnerables a los efectos de la hiperconectividad.
Fuente: Infobae