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Aurora austral deslumbra en la base antártica más austral de Argentina

Un resplandor verde de impacto visual tiñó el cielo antártico durante la noche polar, cuando dos miembros de la Base Belgrano II lograron registrar una aurora austral que cautivó tanto por su esplendor como por su relevancia para la ciencia.

El suceso, dado a conocer por el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), acercó a miles de personas las postales de un fenómeno natural que solo se despliega en latitudes extremas y bajo condiciones muy específicas de actividad solar.

Durante la noche del sábado, en la estación más austral de Argentina, Brian Lara Gómez y Daniel Alejandro Coro filmaron el evento conocido como aurora austral, la contraparte meridional de las famosas luces boreales. Cortinas de luz verdosa ondearon sobre el horizonte, bañando la oscuridad absoluta que caracteriza el invierno antártico.

En esta temporada, la Base Belgrano II permanece sumergida en la noche perpetua, con temperaturas cercanas a los -25 °C y sin indicios de amanecer durante meses.

El valor de este testimonio radica en su escasez y dificultad de captura. Las auroras australes no son comunes para la mayoría de los argentinos, ya que por lo general se manifiestan en latitudes muy altas del hemisferio sur, alejadas de zonas habitadas.

Es por ello que los registros desde bases antárticas poseen un significado especial: permiten al público presenciar escenas que ocurren en lugares remotos, lejos de centros urbanos y de la contaminación lumínica.

Un laboratorio natural para el estudio del clima espacial

La Base Belgrano II es uno de los puntos más australes de la ciencia argentina y un laboratorio natural para el estudio del clima espacial y la atmósfera (Min de Seguridad)

La Base Belgrano II, asentada sobre el Nunatak Bertrab (77º51’S y 34º33’W), fue inaugurada en 1979 y representa la base permanente más austral de Argentina. Constituye uno de los puntos de partida para expediciones que han alcanzado el Polo Sur, y alberga el Laboratorio Belgrano (LABEL) del Instituto Antártico Argentino y una estación meteorológica.

Allí se realizan investigaciones sobre la capa de ozono, el dióxido de carbono, la radiación ultravioleta, las auroras polares y las variaciones del campo magnético, en colaboración con Italia, así como análisis del comportamiento de la ionosfera y fenómenos como ruidos cósmicos y silbidos atmosféricos.

Las auroras, tanto en el norte como en el sur, se originan cuando partículas cargadas provenientes del Sol alcanzan la Tierra y son desviadas por el campo magnético hacia las regiones polares. Al ingresar en la atmósfera, dichas partículas interactúan con gases como el oxígeno y el nitrógeno, liberando energía en forma de luz.

Una vista impresionante de la aurora, con sus colores verdes y rojos iluminando la atmósfera terrestre desde la Estación Espacial Internacional, bajo un cielo estrellado. (Reuters)

“Los colores de las auroras reflejan el tipo de moléculas que emiten estas luces: las de oxígeno suelen brillar en verde, blanco o rojo, mientras que las de nitrógeno se observan en tonos azules o púrpuras. Estas luces se generan a entre 100 y 400 kilómetros de altura”, explicaron los especialistas del SMN al difundir las imágenes.

La relevancia científica de las auroras trasciende su atractivo visual. Estas luces no solo son producto de una anomalía electromagnética, sino también un reflejo de la interacción entre el viento solar y el escudo magnético de la Tierra.

Este escudo, originado por el movimiento de materiales en el núcleo externo del planeta, desvía la mayor parte de la energía solar, aunque permite el paso de una fracción, que al interactuar con la atmósfera produce los colores característicos de las auroras. El verde, uno de los tonos más habituales, suele asociarse al oxígeno en las capas altas de la atmósfera.

Aurora y clima espacial: riesgos y oportunidades para la ciencia

Una aurora austral iluminó la noche polar de la Base Belgrano II, donde las temperaturas llegan a menos veinticinco grados y la oscuridad es permanente en invierno
 (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las probabilidades de observar auroras se incrementan durante épocas de intensa actividad solar o cuando ocurren tormentas geomagnéticas. En esos momentos, el viento solar llega con mayor energía a la magnetosfera terrestre y puede desencadenar tormentas que, en lugar de rayos y lluvia, se manifiestan con colores verdes, violetas y amarillos en el cielo polar.

Estas tormentas no solo generan espectáculos visuales excepcionales, sino que también pueden afectar sistemas de comunicación, navegación satelital y redes eléctricas en diversas partes del mundo.

Las auroras australes pueden afectar sistemas de comunicación, navegación satelital y redes eléctricas en el mundo durante tormentas geomagnéticas intensas ( REUTERS/Andrew Boyers)

El SMN y otras instituciones científicas monitorean estos fenómenos porque aportan información clave sobre el “clima espacial”, es decir, la influencia de la actividad solar en la atmósfera terrestre y sus posibles consecuencias sobre la tecnología y la vida cotidiana. La recopilación de datos atmosféricos y meteorológicos desde las bases argentinas en la Antártida brinda una oportunidad única para estudiar el impacto del Sol en una región crucial para la ciencia climática global.

La Base Belgrano II, ubicada a 1.300 kilómetros del Polo Sur y en una zona donde se alternan cuatro meses de noche polar con cuatro meses de día continuo, es un observatorio privilegiado para la investigación de estos procesos. Las condiciones extremas, con largos períodos de oscuridad y cielos despejados, favorecen la observación de fenómenos luminosos, siempre que la actividad solar lo permita.

“No es un espectáculo habitual ni fácil de registrar: las condiciones deben ser precisas, tanto en la actividad solar como en el cielo despejado. Por eso, cada registro desde la Antártida tiene un valor especial, no solo estético sino también científico”, señalaron los responsables del SMN.

El Servicio Meteorológico Nacional monitorea desde la Antártida variables como temperatura, presión y viento, clave para el estudio del clima y el clima espacial
(Imagen Ilustrativa Infobae)

El interés de la comunidad científica por las auroras australes también radica en su relevancia para comprender cómo la Tierra responde a los cambios en el entorno solar. Las auroras no solo revelan la belleza de la interacción entre la atmósfera y el espacio, sino que también ayudan a los expertos a anticipar posibles riesgos para las infraestructuras tecnológicas y a entender mejor los mecanismos que regulan el clima del planeta.

Fuente: Infobae

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