En lo profundo de la isla de Sumatra, en Indonesia, habita una especie de primate casi desconocida para el público general: el orangután de Tapanuli. Estos grandes simios sobreviven en un pequeño fragmento de selva montañosa, donde menos de 800 ejemplares libran una batalla constante por su existencia. Desde que fue identificada como especie independiente en 2017, esta población representa al linaje de primates más amenazado del planeta, enfrentando una presión incesante por la pérdida de hábitat, la fragmentación del bosque y el avance de las actividades humanas.
A diferencia de otros orangutanes, los Tapanuli han quedado confinados en una franja de bosque rota y desconectada. La tala, la agricultura y megaproyectos como la construcción de una represa hidroeléctrica los han desplazado de sus territorios naturales. En las alturas de Batang Toru, donde la selva se reduce cada día y los alimentos son más escasos, estos animales han tenido que adaptarse a condiciones adversas.
El aislamiento y la reducción de su territorio no son los únicos peligros. A esto se suman la caza furtiva y el tráfico de crías, males que azotan a todas las especies de orangutanes de la región. Su tasa de reproducción es extremadamente baja —una cría cada varios años—, lo que hace casi imposible cualquier recuperación poblacional tras cada golpe.
En noviembre de 2025, un fenómeno climático extremo se sumó a esta larga lista de amenazas: una tormenta acompañada de inundaciones masivas provocó la muerte de aproximadamente el 10% de la población de orangutanes de Tapanuli. Así lo revela un estudio internacional publicado en la revista Current Biology. Este hecho muestra la fragilidad de una especie que, a pesar de su gran valor ecológico y científico, podría extinguirse en pocos años si no se fortalecen las acciones de conservación.

El simio más raro del mundo
El orangután de Tapanuli vive únicamente en el ecosistema de Batang Toru, una zona boscosa al norte de Sumatra, Indonesia. De acuerdo con la New England Primate Conservancy, su población salvaje no supera los 800 individuos. Esta cifra lo convierte no solo en el gran simio más escaso de la Tierra, sino también en una de las especies con mayor riesgo de extinción. Su descubrimiento fue un hito: es el primer gran primate identificado en más de cien años. Se caracteriza por su pelaje espeso y rizado, un rostro más plano y pequeño, y rasgos genéticos que lo diferencian de sus parientes de Sumatra y Borneo.
La mayoría de estos primates habita en fragmentos de selva montañosa, alejados de los valles y llanuras que ocuparon durante milenios. La presión humana los ha empujado a zonas menos aptas, un exilio ecológico forzado por la expansión agrícola, la tala y, más recientemente, la edificación de una central hidroeléctrica.
Los orangutanes de Tapanuli son animales solitarios y de vida arbórea. Con sus largos brazos y manos prensiles se desplazan entre las ramas y construyen nidos en lo alto de los árboles. Su alimentación se basa en frutas como el durián, pero también incluye hojas, brotes e insectos. El vínculo entre madre y cría es esencial: los pequeños permanecen con su progenitora durante años, aprendiendo a sobrevivir en un entorno cada vez más hostil.
La destrucción de su hábitat es una causa central de su declive. Según la World Wildlife Fund (WWF):
“Los hábitats de los únicos grandes simios de Asia están desapareciendo rápidamente debido a las motosierras que están dando paso a las plantaciones de palma aceitera”.
El desarrollo industrial, las carreteras y la minería fragmentan la selva y aíslan a las poblaciones, reduciendo las oportunidades de reproducción y favoreciendo la endogamia. A esto se agrega la caza y el tráfico de crías, práctica que implica matar a la madre y dificulta aún más la recuperación de la especie.
El golpe letal de la naturaleza: una tormenta devastadora
En noviembre pasado, una tormenta extrema provocó la muerte del 10% de los orangutanes de Tapanuli. Así lo documenta el estudio publicado. “Un solo episodio meteorológico en Sumatra diezmó al orangután de Tapanuli; quedan menos de 800 ejemplares en estado salvaje”, detalla la investigación. Los deslizamientos de tierra y las lluvias torrenciales asociadas al ciclón Senyar destruyeron más de 8.300 hectáreas de bosque y causaron la muerte de al menos 58 individuos, lo que equivale aproximadamente al 11% de la población local y al 7% del total estimado.

El impacto no solo afectó a los simios. Las inundaciones dejaron más de 1.000 víctimas humanas y arrasaron aldeas y cultivos. “
La pérdida estimada de 58 orangutanes de Tapanuli durante un solo episodio de deslizamiento de tierra inducido por el clima constituye un choque demográfico devastador para el gran simio más raro del mundo”, advirtió Jatna Supriatna, investigador de la Universidad de Indonesia.
Las fuentes de alimento y refugio también quedaron destruidas, agravando la situación de una especie que ya vivía al límite.
Esta tragedia natural se suma a décadas de amenazas acumuladas. El estudio subraya que
“para evitar la primera extinción moderna de una especie de gran simio, Indonesia debe proteger permanentemente el ecosistema de Batang Toru”.
“Nuestros socios internacionales también deben cumplir con sus compromisos globales con financiamiento inmediato para la restauración de la biodiversidad”, reclamó Jatna Supriatna.
Organizaciones conservacionistas y científicos insisten en la urgencia de detener proyectos como la represa hidroeléctrica, restaurar áreas degradadas y reforzar la protección legal. De acuerdo con la New England Primate Conservancy:
“Si un 1% de los adultos es eliminado cada año, la extinción es inevitable e inminente”.
Es decir, la pérdida de unos pocos ejemplares por año basta para que la especie desaparezca.
El destino del orangután de Tapanuli, símbolo de la fragilidad y resistencia de la biodiversidad mundial, sigue en manos de la voluntad y la acción humana.
Fuente: Infobae