Pantallas, no juguetes: así impacta Toy Story 5 en la infancia actual

Durante tres décadas, el universo de Toy Story se sostuvo sobre un mismo dilema: el temor de los juguetes a ser desplazados. Primero por versiones más novedosas, luego por tendencias pasajeras. En la quinta película de la franquicia, el enemigo cambió de forma. Ya no es otro juguete el que amenaza a los protagonistas, sino una pantalla.

La trama de Toy Story 5, que ya genera expectativa en múltiples generaciones de espectadores, reinstala una discusión que va más allá del cine: cómo se transformó el vínculo de los niños con el juego en una era dominada por celulares, tablets y el consumo digital desde edades cada vez más tempranas.

En el programa Infobae a la Tarde, el tema fue analizado por los conductores Manu Jove, Maia Jastreblansky y Paula Guardia Bourdin, junto a Milagros Schroder, coordinadora de Educación de Faro Digital, entidad dedicada al uso crítico y responsable de la tecnología.

“La gran pregunta es si la pantalla le va a ganar terreno al juego tradicional”, planteó Jastreblansky al referirse al conflicto central de la nueva producción de Pixar. La periodista sostuvo que el tema interpela tanto a adultos como a niños, porque remite a una etapa fundamental de la vida: la infancia y las experiencias que moldean el desarrollo de las personas.

El debate no es menor. Según datos de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete, las ventas del sector cayeron de forma considerable en los últimos años. Entre las causas se mencionan factores económicos, la reducción de la natalidad y un cambio de hábitos vinculado al avance de los dispositivos electrónicos.

“La tasa de natalidad cayó un 42% desde 2014. Pero otro motivo también es el aumento de las pantallas, que poco a poco acaparan la atención de los niños y van perdiendo el interés por esos juegos más tradicionales”, explicó Jastreblansky.

El presidente de la entidad, Matías Furió, también alertó sobre las transformaciones del mercado. Según detalló, en el último año se multiplicó la cantidad de importadores y aumentó de manera significativa el volumen de juguetes ingresados al país, un fenómeno que impacta sobre la producción nacional y modifica la oferta disponible para las familias.

Sin embargo, para Schroder la discusión no puede simplificarse a una competencia entre juguetes y pantallas.

Infobae a la Tarde analizó Toy Story 5 junto a Milagros Schroder, de Faro Digital, enfocada en el uso crítico y responsable de la tecnología (Infobae en Vivo)

“Lo que notamos es una anticipación en todas las prácticas digitales. Lo que antes veíamos con chicos de 18 años ahora lo vemos con los de 16, de 13, de 10 y así sucesivamente”, señaló.

La especialista enfatizó que el foco debe estar en la mediación adulta y no únicamente en la tecnología. “Somos los adultos quienes mediamos en esa anticipación de uso de pantallas”, afirmó.

Consultada sobre la edad adecuada para introducir dispositivos electrónicos, Schroder evitó respuestas absolutas. “No hay una edad porque hay que pensar qué pantalla. No es todo lo mismo. No es lo mismo que aparezca para ver Bluey un rato y después te pregunto qué pasó, a dejarlo solo con un teléfono y que ande por YouTube”, explicó.

La observación apunta a un asunto que cada vez aparece con más frecuencia entre especialistas en crianza: el problema no es solamente cuánto tiempo pasan los chicos frente a una pantalla, sino qué tipo de experiencia tienen con ella y qué acompañamiento reciben de los adultos.

Durante la charla también surgió otra cuestión de fondo: si la infancia actual dispone realmente del tiempo y los espacios necesarios para jugar.

El debate que impulsa Toy Story 5 incluye el lugar del juego libre en la infancia y la responsabilidad compartida de familias, escuelas, empresas y Estado (Captura de tráiler oficial)

“Capaz que algunas cosas no tienen que ver con la pantalla y tienen que ver con nuestra adultez o con el momento que estamos viviendo. ¿Qué espacio tienen para jugar? ¿Solo de la escuela a la casa? ¿Hay adultos disponibles para acompañar esas infancias?”, se preguntó Schroder.

La reflexión apunta a un fenómeno más amplio. Las agendas sobrecargadas de actividades, la reducción de espacios públicos, las jornadas laborales extensas y la hiperconectividad modificaron la vida cotidiana de las familias. En ese contexto, el juego libre suele quedar relegado.

La dificultad para establecer límites también emergió como uno de los desafíos de la crianza actual. “Es mucho más difícil sostener la no pantalla que habilitarla”, reconoció Jastreblansky durante el intercambio.

Schroder fue incluso más allá al describir la contradicción que atraviesa a muchos adultos. “Hoy nosotros a los chicos estamos poniendo la mano en la estufa. Nosotros nos estamos quemando mientras les decimos a ellos que no se quemen”, sostuvo.

La advertencia coincide con una preocupación creciente entre especialistas y organismos internacionales. UNICEF define al juego como una herramienta fundamental para el desarrollo infantil, no solo por su dimensión recreativa sino también por su capacidad para estimular habilidades sociales, emocionales y cognitivas.

La nueva película de Pixar plantea cómo cambiaron el juego y la relación de los chicos con tablets, celulares y consumo digital (Pixar)

En ese sentido, el debate que propone Toy Story 5 parece ir más allá de la nostalgia por los juguetes tradicionales. La película funciona como disparador de una pregunta más profunda: qué lugar ocupa hoy el juego en la infancia y cómo pueden las familias, las escuelas, las empresas y el Estado contribuir a preservarlo en un entorno cada vez más atravesado por la tecnología.

La discusión, según planteó Schroder, no puede recaer únicamente sobre madres y padres. “Esto no puede recaer solo en una mamá o en un papá. Son acuerdos sociales y también es responsabilidad de las empresas qué construyen o qué no construyen. Cada actor social tiene su responsabilidad”, concluyó.

Mientras Woody y sus amigos enfrentan en la ficción a una nueva competidora digital, la pregunta que deja la película también interpela al mundo real: no si los juguetes desaparecerán, sino cuánto espacio seguirá teniendo el juego en la vida de los chicos.

Fuente: Infobae

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