La UFC tiene un nuevo monarca en la división de peso ligero. Durante la madrugada del pasado fin de semana, Justin Gaethje logró destronar a Ilia Topuria, conocido como El Matador. Tras el combate, el hispano-georgiano tuvo que ser evacuado en ambulancia desde la Casa Blanca, mientras Donald Trump, presidente de Estados Unidos, observaba la escena. Actualmente, Topuria permanece hospitalizado, en espera de un diagnóstico definitivo sobre una posible fractura del hueso orbital.
Topuria llegó al combate con un récord invicto de 17-0. El año anterior, había tomado la decisión de subir de categoría después de conquistar el cinturón de peso pluma frente a Alexander Volkanovski. Argumentando razones de salud, El Matador buscaba alejarse de los sacrificios extremos que había soportado durante años en la categoría inferior.
El duro camino para dar el peso
El proceso para alcanzar el límite de peso en la división pluma comenzó a pasar factura tanto física como psicológicamente a Topuria. Fuera de los campamentos de preparación, suele rondar los 80 y 82 kilos, una distancia enorme respecto al tope permitido. Para cada pelea, debía eliminar hasta 16 kilos, lo que implicaba someterse a severos procesos de deshidratación y a restricciones alimenticias muy duras, con repercusiones directas en su rendimiento deportivo y en su calidad de vida.
En una conversación con Jordi Wild en su podcast, Topuria detalló el riguroso control nutricional al que se someten los peleadores de élite. Durante 2023, cuando todavía competía en peso pluma, el luchador enfrentaba limitaciones alimentarias extremas, sobre todo en los periodos de entrenamiento intensivo. Según sus propias palabras, se trata de una dieta con “pautas alimentarias superestrictas”, diseñada con un seguimiento minucioso de cada alimento y de cada porción ingerida.
“Hasta se mide la sal que tomas, agua, la verdura… Seis almendras”.
Durante la entrevista, el peleador subrayó que el control es tan detallado que “hasta se mide la sal que tomas, agua, la verdura…”. Incluso la cantidad de frutos secos está prefijada: “Seis almendras”. Lejos de una alimentación improvisada, cada comida responde a una estructura previamente definida. “No es cómete lo que quieras”, afirmó, destacando el nivel de disciplina que exige cumplir con los objetivos físicos y deportivos marcados por su equipo.
Como ejemplo de una de las ingestas diarias, Topuria mencionó una combinación simple pero meticulosamente calculada: “Desayunas un huevo con tres claras, verdura”. No obstante, aclaró que existen distintas opciones dentro de la planificación nutricional. “Tienes muchas opciones”, comentó, añadiendo que el equipo suele ofrecer alternativas para adaptarse a las necesidades del momento.
La clave de todo el proceso, según explicó, reside en el cálculo exacto de la energía consumida. “Nosotros lo que hacemos es calcular las calorías”, indicó. Este seguimiento permite ajustar la alimentación a la carga de trabajo físico y a los objetivos concretos de cada etapa de preparación.
Una de las revelaciones más impactantes de su intervención fue la referencia al volumen de calorías que ingiere durante los campamentos de entrenamiento. Topuria describió estas concentraciones como periodos de exigencia física extrema, donde el gasto energético se dispara debido a la intensidad de las sesiones. “Imagínate en un campamento donde estoy gastando realmente energía porque estoy entrenando durísimo”, explicó. A pesar de esa elevada demanda, aseguró que su ingesta puede mantenerse en cifras muy reducidas. “Estoy en mil seiscientas calorías”, afirmó.
De esta manera, el control de las calorías, la medición exacta de los alimentos y la supervisión estricta de la dieta forman parte de una rutina tan exigente como los propios entrenamientos en la UFC.
Fuente: Infobae