Durante mucho tiempo, hablar en voz alta con uno mismo fue visto como una rareza o incluso un signo de inestabilidad. Sin embargo, la evidencia científica acumulada durante años demuestra que este acto es una herramienta fundamental para el autocontrol y la regulación emocional. Ahora, una investigación publicada en 2025 en la revista Scientific Reports profundiza en cómo el pronombre que usamos al dirigirnos a nosotros mismos puede transformar nuestro estado de ánimo.
El estudio, titulado ‘La frecuencia, la forma y la función del diálogo interno en la vida cotidiana’, recopiló 12.966 encuestas de 208 participantes durante dos semanas. Los investigadores emplearon evaluaciones ecológicas momentáneas (EMA, por sus siglas en inglés) para analizar cómo reaccionaban las personas en cuatro situaciones cotidianas: cuando se sentían críticos consigo mismos, cuando necesitaban prepararse para decir o hacer algo, cuando querían sentirse mejor o cuando estaban satisfechos consigo mismos.

Diálogo interno: primera persona vs. segunda persona
Los resultados revelaron que el diálogo interno está presente el 61% del tiempo en las situaciones evaluadas. Sin embargo, la clave está en la forma: el diálogo inmersivo (en primera persona, usando “yo”) se empleó un 43.2% de las veces, mientras que el diálogo distanciado (en segunda persona, usando “tú” o el propio nombre) fue menos común, con un 14.5%. Pero este último demostró un impacto positivo directo. Los autores señalaron textualmente:
“Participar en el diálogo interno distanciado (frente al inmersivo) predijo un aumento en el afecto positivo con el tiempo durante situaciones preparatorias”.
Además, los investigadores destacaron que “participar en el diálogo interno distanciado cumplía una función de regulación emocional cuando las personas lo usaban para preparar qué hacer o decir, donde su uso predecía sentirse mejor que en el momento anterior”. Es decir, hablarse a uno mismo como si fuera otra persona ayuda a manejar las emociones de manera más efectiva.
Beneficios adicionales respaldados por la neurociencia
Este hallazgo se apoya en investigaciones anteriores. Un estudio pionero de 2017, realizado por la Universidad de Michigan mediante electroencefalogramas e imágenes por resonancia magnética funcional, demostró que usar el propio nombre para reflexionar sobre experiencias negativas reduce casi instantáneamente la reactividad emocional en el cerebro. La conclusión fue categórica:
“El diálogo interno en tercera persona facilita el control emocional sin reclutar el control cognitivo”.
Esto significa que, al referirnos a nosotros mismos por nuestro nombre, obtenemos la perspectiva necesaria para calmar nuestras emociones sin esfuerzo, como si aconsejáramos a un amigo.

En el ámbito deportivo, un estudio de 2020 publicado en la African Educational Research Journal analizó a 233 atletas y confirmó que el diálogo interno guía el comportamiento y facilita alcanzar objetivos. Los investigadores de la Universidad de Sinop señalaron que “el diálogo interno educativo y motivacional influyó positivamente en el rendimiento de las tareas de habilidades motoras finas y gruesas”. También encontraron que las atletas femeninas y los deportistas profesionales tienden a ser más severos en sus autocríticas.
En resumen, la ciencia deja claro que hablar solo no es un rasgo de inestabilidad, sino una de las herramientas psicológicas más versátiles y eficientes para regular nuestras emociones y mejorar el rendimiento en la vida cotidiana.
Fuente: Infobae