La ingeniera agrónoma Virginia Bitros, junto a su esposo Ezequiel (veterinario) y sus hijos Ulises y Aquiles, ha adoptado un estilo de vida poco convencional: desde 2022 residen en el velero Isarra y recorren distintos destinos del continente americano. Actualmente, la embarcación se encuentra en Panamá, mientras la familia realizó una pausa temporal en Argentina para evaluar los próximos pasos de su travesía, que planean mantener hasta que los niños deban iniciar la escuela secundaria.
Bitros detalló que el velero permanece en el canal de Panamá debido a que este punto representa una encrucijada clave para cualquier navegación en el Caribe. Allí deben decidir si cruzan hacia el océano Pacífico o si regresan por la corriente del Golfo hacia Estados Unidos y las Bahamas. Los ingresos del proyecto provienen del alquiler de su vivienda, y la familia mantiene un estilo de vida austero. Además, educan a sus hijos mediante un sistema de educación a distancia y adaptan la rutina cotidiana a las exigencias de la navegación.
Un proyecto que comenzó después de once años de planificación
El viaje no surgió de una decisión improvisada. “Estuvimos once años soñándolo”, afirmó Bitros en una entrevista recordando el origen del proyecto familiar. Ambos trabajaban en sus profesiones cuando decidieron trasladarse a Nueva Zelanda. Allí comenzó a tomar forma la idea de recorrer el mundo a bordo de un velero. Bitros relató que en ese país navegaban en una embarcación pequeña, pero descartaron cruzar el Pacífico por las condiciones del mar. En cambio, aprovecharon la cercanía para viajar por distintos destinos de Asia y luego participaron como voluntarios en Camerún para cuidar chimpancés rescatados del cautiverio.
Posteriormente regresaron a Argentina y concentraron sus esfuerzos en concretar el plan. Compraron el barco en 2020, durante la pandemia, y dedicaron un año completo a repararlo porque era una embarcación antigua. “El barco es viejo y había que hacerle de todo”, recordó Bitros. El momento de partir tuvo una fuerte carga emocional: “A mí se me caían las lágrimas”, confesó.
La vida cotidiana a bordo y la educación de los hijos
Bitros describió la experiencia en el velero como “una vida de campamento flotante”. La embarcación no tiene agua caliente ni freezer, por lo que deben organizar la alimentación con los recursos disponibles. “La caña va siempre a remolque y cuando sale pescado hay que comerlo porque no hay freezer”, sostuvo. Los hijos de la pareja tienen casi ocho y nueve años. La pandemia marcó gran parte de su experiencia escolar, y luego comenzaron a estudiar mediante el Sistema de Educación a Distancia del Ejército.
“Hace cinco años que les estamos dando clases nosotros. Vienen bárbaro”, afirmó Bitros. Los exámenes deben enviarse por correo postal, y cuando surgen inconvenientes, remiten fotografías para completar las evaluaciones. La vida social de los chicos también ocupó un lugar importante. Durante algunos períodos navegaron solos, lo que los llevó a replantear varios aspectos del viaje. “Ya hace un año y medio que venimos con una banda de amigos, de chicos”, explicó sobre el grupo de familias navegantes que comparte recorridos por el Caribe.

La ingeniera agrónoma destacó que la convivencia con familias de distintas nacionalidades favoreció el aprendizaje del inglés de sus hijos. “Se hacen amigos de chicos extranjeros y empiezan a hablar. Lo tenían todo guardado”, expresó.
Riesgos, experiencias y una pausa para definir el futuro
La travesía también incluyó situaciones complejas. En Brasil encallaron y debieron reparar el barco, una experiencia que definió como un aprendizaje importante. Además, cerca de la frontera entre Brasil y Guayana Francesa, una embarcación comenzó a seguirlos y modificó su rumbo cuando ellos intentaron alejarse. “Apuntamos al medio del Atlántico, prendimos el motor, pusimos las velas lo mejor posible y veíamos que los tipos nos perseguían”, relató. Después de unos veinte minutos, la otra embarcación regresó porque no podía continuar alejándose de la costa. Bitros sostuvo que esa situación confirmó que el seguimiento no respondía a una actividad pesquera. “Esa fue la prueba de que nos seguían”, afirmó.
La familia no proyecta completar una vuelta al mundo. Hasta el momento navegó por Uruguay, Brasil, Puerto Rico, las Antillas, Islas Vírgenes, Bonaire, Curazao, Aruba, Colombia y Panamá. La pausa actual en Argentina representa el período más largo que pasarán fuera del velero desde el inicio del viaje. Planean regresar en enero para reencontrarse con la embarcación.
Bitros reconoció que disfruta la vida a bordo, aunque también destacó las exigencias de una convivencia permanente entre los cuatro integrantes de la familia. “La vida en el barco es divina, pero también estamos los cuatro en bloque siempre”, señaló. La navegante aseguró que procura no condicionar las decisiones futuras de sus hijos respecto de la navegación. Contó que rechazaron la posibilidad de asistir a una clase de Optimist porque no mostraron interés y remarcó que priorizan su socialización y bienestar.
Consultada sobre el sostenimiento económico del proyecto, explicó que dejó de producir videos para YouTube y que actualmente la familia vive del alquiler de su vivienda. Resumió esa elección con una frase: “Se vive con muy poco”.
Fuente: Infobae