La tasa de fertilidad en Estados Unidos no deja de caer desde hace casi veinte años. Ahora, una investigación del National Bureau of Economic Research (NBER) apunta a un responsable inesperado: el iPhone. Los economistas Caitlin K. Myers y Ezekiel Hooper, del Middlebury College, calcularon que la masificación del smartphone explicaría entre el 33% y el 52% de la caída en la fertilidad entre 2007 y 2011.
Sin embargo, estas cifras son solo la punta del iceberg de un análisis más profundo sobre cómo la era digital está transformando la vida íntima de las generaciones más jóvenes.
La metodología detrás del hallazgo

Para llegar a estas conclusiones, Myers y Hooper aprovecharon una particularidad histórica del mercado: entre junio de 2007 y febrero de 2011, el iPhone solo se vendía a través de la red de AT&T. Esta situación permitió comparar los condados con alta cobertura de banda ancha móvil de esa operadora con aquellos que tenían acceso limitado, como si se tratara de un experimento natural.
Los resultados fueron contundentes. En los condados donde más del 90% de la población tuvo acceso temprano al dispositivo, la tasa de natalidad entre mujeres de 15 a 19 años cayó alrededor del 26% entre 2007 y 2011. En cambio, en los condados con cobertura inferior al 10%, el descenso fue solo del 14%.
Para las mujeres de entre 20 y 24 años, la brecha también fue significativa: una caída del 15% en zonas de alta cobertura frente al 10% en zonas con acceso restringido. Curiosamente, en mujeres mayores de 30 años, el efecto se invirtió: las tasas de natalidad incluso aumentaron ligeramente donde el iPhone tardó más en llegar.
“Para cada grupo demográfico, observamos evidencia de que el iPhone suprime la fertilidad”, declaró Myers a Axios. No obstante, la economista fue cautelosa: “No afirmamos que sea la única razón; sostenemos que es un factor importante a considerar. Explica aproximadamente un tercio a la mitad del descenso, lo que deja entre la mitad y dos tercios sin explicar”.
Menos contacto humano, más tiempo frente a la pantalla

El estudio no señala un mecanismo biológico, sino social. Los investigadores indican que los datos sobre uso del tiempo y comportamiento sexual son consistentes con una hipótesis: el smartphone redujo las interacciones cara a cara, disminuyó la frecuencia de las relaciones sexuales y aumentó el consumo de pornografía.
Hooper, quien comenzó esta investigación como tesis de pregrado tras charlas familiares sobre la soledad y la ansiedad de su generación, lo explicó claramente a CNN: “En lugar de buscar conexión con otros, recurren a la pornografía en línea. En lugar de relacionarse físicamente con sus amigos, optan por interacciones digitales a través de sus dispositivos”.
La psicóloga Jean Twenge, de la San Diego State University, considera que esta explicación es plausible. “El smartphone transformó radicalmente cómo los adolescentes pasan su tiempo fuera de la escuela”, dijo a NPR. “Comenzaron a dedicar mucho más tiempo a actividades en línea, mientras reducían considerablemente el tiempo con amigos en persona”.
Los datos del American Time Use Survey respaldan esta tendencia: en 2003, los adolescentes estadounidenses pasaban 68 minutos diarios en compañía presencial de amigos; para 2019, esa cifra había caído a 38 minutos. En el mismo período, el tiempo frente a pantallas por ocio pasó de 22 a 96 minutos al día.
La tesis más incómoda: las mujeres jóvenes vistas como producto

Más allá de la simple gestión del tiempo, algunos analistas identifican una transformación identitaria como el trasfondo cultural del fenómeno. La idea central es que las redes sociales no solo distraen a las mujeres jóvenes de tener hijos, sino que alteran la forma en que se perciben a sí mismas.
Plataformas como Instagram, TikTok y Snapchat habrían instalado una lógica de mercado sobre la propia identidad: el cuerpo como producto, la vida como contenido, las relaciones como métricas. Bajo esa lógica, el embarazo no es solo una decisión vital, sino una amenaza directa al packaging personal.
Tendencias virales como la llamada “Girl with the List” —una joven que difundió una lista colaborativa de razones para no tener hijos, que incluía desde “acné” y “estrías” hasta “la cara se hincha” y “el trasero se aplana”— ilustran hasta qué punto la maternidad se evalúa hoy en términos de impacto estético. Una cuenta de TikTok con 1,6 millones de seguidores dedica una serie entera a disuadir del embarazo, mostrando videos sobre los cambios físicos que produce.
Una generación que se aleja del matrimonio y la paternidad

Los datos de opinión refuerzan este panorama. Una encuesta de Pew Research de 2024 reveló que solo el 20% de los adultos jóvenes estadounidenses considera el matrimonio como “extremadamente o muy importante” para su realización personal. El porcentaje que dice lo mismo sobre tener hijos es apenas del 22%.
Uno de cada cuatro millennials y miembros de la Generación Z ha descartado tener hijos de forma definitiva. La razón más citada es “querer tiempo para sí mismos”. Una encuesta de Pew de 2021 encontró que la razón más común para no tener hijos era aún más directa: “Simplemente no quiero”.
Este repliegue hacia uno mismo no es exclusivo de las mujeres. Entre los hombres jóvenes crece el fenómeno del “looksmaxxing” —la optimización extrema del aspecto físico mediante dietas, rutinas de sueño, cirugías estéticas y, en casos extremos, el uso de esteroides—, también orientado a aumentar el valor de mercado en línea, no a construir relaciones o formar una familia.
Un fenómeno global con matices
Un segundo estudio, publicado en mayo de 2026 por Nathan Hudson y Hernan Moscoso Boedo de la Universidad de Cincinnati y citado por el Financial Times, amplía el alcance geográfico del análisis. Al examinar el despliegue de redes 4G en Estados Unidos y el Reino Unido, los investigadores encontraron que las tasas de natalidad entre adolescentes cayeron primero y con más fuerza en las zonas que recibieron conectividad de alta velocidad antes.
“La fertilidad entre los adolescentes cayó más rápido en todo el mundo”, afirmó Moscoso Boedo. Su hipótesis es que los smartphones no causaron el declive por sí solos, pero sí lo aceleraron de forma significativa al desplazar la vida social de los jóvenes hacia las pantallas.
Los investigadores del NBER son explícitos sobre las limitaciones de su trabajo: el estudio no prueba causalidad directa ni explica el mecanismo con precisión. Lo que sí hace es hacer difícil ignorar la correlación. Como resumió Myers a NPR con una referencia a su propia educación sexual en los años 90: “Una lección que aprendí es que es poco probable que quedes embarazada si no estás interactuando con personas cara a cara”.
Fuente: Infobae