Los sistemas algorítmicos de las redes sociales deciden gran parte del contenido que millones de personas ven a diario. Aunque muchos los ven como cajas negras que determinan qué se vuelve popular, quienes los manejan de cerca aseguran que su funcionamiento es menos enigmático de lo que se cree.
Francisco Castro, un estratega digital de 20 años que opera detrás de cuentas de varios creadores con millones de seguidores, entre ellos Beltrán Briones, explicó en una entrevista con Manu Jove cómo trabajan los algoritmos, qué factores impulsan la viralidad y por qué cada vez más usuarios muestran señales de agotamiento ante las redes.
Lejos de la imagen de una inteligencia artificial todopoderosa que controla lo que cada usuario ve, Castro afirmó que los algoritmos se moldean a partir del comportamiento de las propias personas.
“El algoritmo lo crea cada uno. Depende con qué videos interactuás, cuáles comentás, cuáles compartís o cuánto tiempo te quedás mirando”,
señaló durante la conversación.
Según él, el sistema aprende continuamente de las elecciones de cada usuario y elabora patrones de consumo cada vez más refinados. Por ello, gran parte de la experiencia en plataformas como Instagram o TikTok es consecuencia de hábitos que los propios usuarios alimentan con cada acción.
En ese proceso, los algoritmos operan en un equilibrio constante. Por un lado, buscan reforzar intereses ya detectados mostrando contenidos similares a los que previamente captaron atención. Por otro, necesitan incorporar novedades para identificar posibles preferencias aún no descubiertas.
Castro indicó que esa dinámica explica por qué muchas veces las redes parecen amplificar los gustos del usuario. “Cuando muchas personas tienen un algoritmo parecido, ahí surge la viralidad”, comentó.
Desde su experiencia analizando contenidos y estrategias digitales, explicó que la viralización casi nunca es casual. Más bien, suele estar ligada a la identificación de patrones que despiertan interés en audiencias amplias.

“Yo me trato de poner en tercera persona y entender por qué me gustó un video, por qué lo salté o por qué le di like. Así entendí cómo replicar el éxito”,
relató.
Uno de los focos de su trabajo es identificar qué elementos atrapan la atención en los primeros segundos de visualización. Según explicó, la retención sigue siendo uno de los factores más decisivos para que una publicación gane alcance.
“Lo que importa es mantener a la persona concentrada”,
aseguró.
En ese sentido, relativizó algunas teorías habituales sobre supuestos secretos para lograr visibilidad. Aunque reconoció que la hora de publicación puede influir porque las plataformas priorizan los picos de actividad de la audiencia, descartó que existan fórmulas universales.
“Lo que funcionó hace un mes puede dejar de servir de un día para otro”,
indicó.
Consultado sobre el tipo de contenido que suele rendir mejor, Castro destacó el valor de la naturalidad frente a producciones demasiado planificadas.
“Los videos que más se viralizan suelen ser los más transparentes y descontracturados”,
sostuvo. No obstante, advirtió que el alcance masivo no siempre es el objetivo más importante para quienes construyen una presencia digital.
“La viralidad sola es un término vacío. Lo importante es tener una comunidad que empuje para el mismo lado”,
afirmó.
Esa lógica, según explicó, también ayuda a entender el auge de los microinfluencers, creadores con audiencias reducidas pero muy especializadas. En muchos casos, una comunidad de nicho puede resultar más atractiva para las marcas que una cuenta con millones de seguidores dispersos.
“Diez mil seguidores muy focalizados pueden valer más que millones de personas sin un interés específico en común”, ejemplificó. Más allá de las oportunidades que ofrecen las plataformas, Castro también observó una tendencia creciente entre usuarios que buscan reducir su exposición digital.
“Mucha gente se cansa, se satura y deja las redes, sobre todo quienes solamente consumen contenido”,
señaló.
El especialista reconoció que el uso intensivo de estas plataformas puede generar agotamiento, ansiedad y temor a perderse experiencias relevantes, fenómeno conocido como FOMO. Incluso admitió que quienes trabajan profesionalmente en el ecosistema digital no están exentos de esos efectos.
“Tengo muchas horas de pantalla y sé lo negativo que puede ser”,
afirmó.
La paradoja, según dejó entrever durante la entrevista, es que mientras los algoritmos son cada vez más eficaces para captar la atención, también crecen los cuestionamientos sobre el tiempo que las personas les dedican y el impacto en su vida diaria.
Fuente: Infobae