Un equipo internacional de científicos ha logrado, por primera vez, medir y cartografiar las enormes redes de hongos que se esconden bajo la superficie terrestre, gracias al uso de aprendizaje automático y un robot de imágenes de alta resolución. Estos microorganismos, conocidos como hongos micorrízicos arbusculares, forman un sistema circulatorio oculto que late justo debajo de nuestros pies.
Incrustadas en el suelo, estas densas redes se adhieren a las raíces de las plantas y envían filamentos largos y delgados a lo largo del terreno. Dichos filamentos transportan agua y nutrientes a las plantas y, a cambio, se llevan el carbono, contribuyendo así a mantener grandes cantidades de este elemento fuera de la atmósfera. De acuerdo con un nuevo estudio publicado el jueves en la revista Science, si se colocaran uno tras otro, estos filamentos se extenderían a lo largo de 109 mil billones de kilómetros, es decir, aproximadamente 730 millones de veces la distancia entre la Tierra y el Sol.
En conjunto, los filamentos contienen cerca de 300 megatones de carbono, lo que equivale a entre cuatro y seis veces el carbono que almacenan todos los seres humanos del planeta. Para llegar a estas cifras, el equipo científico combinó técnicas avanzadas: recolectaron datos de cientos de estudios previos que analizaron más de 16.000 muestras de suelo de todo el mundo, y utilizaron esa información para entrenar un modelo de aprendizaje automático que predijo la densidad fúngica incluso en lugares donde no se había tomado muestras.
Además, los investigadores fotografiaron muestras de hongos cultivadas en laboratorio con un robot de imagen de alta tecnología, desarrollado por Thomas Shimizu, biofísico del Instituto AMOLF de Ámsterdam y coautor del estudio. Este robot permitió determinar el grosor de los filamentos, conocidos técnicamente como hifas, y así calcular la longitud y masa total de estas redes subterráneas.
Praderas: los grandes sumideros de carbono ignorados
El estudio reveló que las praderas del mundo albergan las redes fúngicas más densas de todos los ecosistemas. Entre los puntos de mayor concentración se encuentran los Everglades de Florida, el humedal de Sudd en Sudán del Sur y la estepa tibetana. Esto refuerza la evidencia de que estos ecosistemas, a menudo menos protegidos que los bosques, funcionan como sumideros de carbono vitales para el planeta.
Toby Kiers, directora de la Sociedad para la Protección de las Redes Subterráneas (SPUN) y bióloga evolutiva de la Universidad Libre de Ámsterdam, coautora del estudio, señaló: “La gente simplemente no presta atención a estos ecosistemas. Lo que queremos hacer con estos datos es realmente sacar a la luz algunos de estos patrones ocultos bajo tierra”. Kiers también destacó la magnitud del hallazgo: “Estamos entusiasmados con la cifra —aproximadamente mil millones de veces la distancia de la Tierra al Sol— porque da una idea de la magnitud, de la escala de lo que estamos observando”.
Más del 70 por ciento de las especies de plantas terrestres dependen de estos hongos micorrízicos arbusculares, que no solo transportan nutrientes y almacenan carbono, sino que también ayudan a estabilizar el suelo y protegen a las plantas del estrés ambiental. Sin embargo, Kiers advierte: “No sabemos dónde las redes están muy sanas y dónde están amenazadas”.
Impacto humano y necesidad de conservación
Los investigadores también descubrieron que la densidad de estas redes era aproximadamente un 50 por ciento menor en los suelos destinados al cultivo que en las tierras no cultivadas. Aunque se necesita más investigación para relacionar las prácticas agrícolas con la salud micorrícica, el hallazgo subraya el impacto de la actividad humana en estos ecosistemas ocultos.
Liz Koziol, ecóloga especializada en hongos micorrízicos de la Universidad de Kansas, quien no participó en la investigación, elogió el trabajo: “Comparar todos estos conjuntos de datos de todo el mundo supone una cantidad increíble de trabajo. Es simplemente asombroso ver el mapa de calor global”.
Los propios investigadores reconocen que los hallazgos conllevan una incertidumbre considerable, especialmente en regiones y ecosistemas poco estudiados, como las zonas áridas. No obstante, Kiers expresó su esperanza de que estos datos sirvan para orientar políticas de conservación y gestión del territorio que protejan no solo la vida en la superficie, sino también las vastas redes fúngicas que se encuentran debajo. “Porque creo que, una vez que desaparecen, es muy difícil recuperarlas”, concluyó.
Fuente: Infobae