Una bacteria que puede desencadenar cuadros graves de diarrea y requerir hospitalización se desplaza a través de los cauces fluviales y los mapaches silvestres en Japón. Así lo revela una investigación publicada en la revista Applied and Environmental Microbiology, difundida por Popular Science.
El agente infeccioso, denominado Escherichia albertii, fue hallado en más de la mitad de los animales analizados y en casi el 80% de las muestras de agua fluvial recolectadas en la prefectura de Osaka. Esto enciende las alarmas sobre su posible impacto en la salud pública.
El estudio fue dirigido por Atsushi Hinenoya, científico veterinario de la Universidad Metropolitana de Osaka (OMU). Es el primer trabajo en demostrar la alta prevalencia y detectabilidad repetida de E. albertii en entornos acuáticos, así como los vínculos genéticos entre cepas halladas en agua, fauna silvestre y pacientes humanos.
La pesquisa abarcó ocho ríos de la zona y 122 mapaches capturados. Los resultados revelan un panorama más complejo del conocido hasta ahora sobre este patógeno emergente.
Las cifras del descubrimiento
El equipo de la OMU detectó E. albertii en el 76,6% de las muestras de agua tomadas en seis de los ocho ríos examinados. La bacteria fue más frecuente a finales de la primavera, durante el verano y el otoño, mientras que en invierno y principios de primavera los resultados fueron negativos, periodos que coinciden con una menor cantidad de mapaches infectados.

Entre los animales, el 57,7% de los mapaches examinados portaba el patógeno. La secuenciación del genoma completo de 147 cepas confirmó una notable diversidad genómica, pero también mostró relaciones clonales entre las cepas del agua y las de los animales. Por ejemplo, una cepa de un mapache y otra del agua, recolectadas en la misma ciudad y en el mismo lapso, diferían en menos de 20 polimorfismos de un solo nucleótido, lo que sugiere una posible transmisión directa entre ambas fuentes.
La amenaza que llega desde río arriba
Uno de los datos más reveladores es la ubicación geográfica de la contaminación. Los investigadores encontraron E. albertii río arriba de las zonas habitadas y en fuentes de agua alejadas de barrios y parques recreativos.
Dado que las bacterias transportadas por las corrientes tienden a acumularse aguas abajo, este patrón refuerza la hipótesis de que la fauna silvestre, y no la actividad humana, es el origen de la contaminación.

Además, el análisis secuencial en dos puntos del río, realizado tres veces con intervalos de 30 minutos, arrojó resultados positivos de forma consistente. Esto indica que la bacteria puede detectarse repetidamente en los mismos sitios a pesar del flujo continuo del agua, lo que implica una presencia estable de ciertos clones en el ambiente acuático, no una contaminación puntual.
El vínculo con casos humanos
El análisis genómico también reveló un dato preocupante: varias cepas ambientales y de mapaches guardaban estrecha similitud con cepas aisladas de pacientes humanos, incluida una relacionada con un brote de gran escala ocurrido en 2017 en Japón.
Todas las cepas identificadas albergaban genes de virulencia asociados con variantes clínicas capaces de causar diarrea y vómitos severos que en algunos casos requieren hospitalización.

“Estos hallazgos son claros indicadores de que estas variantes representan un riesgo potencial para la salud pública”, advirtió Hinenoya en un comunicado difundido por Popular Science.
Estrategia para prevenir brotes futuros
Ante este panorama, Hinenoya y su equipo propusieron una estrategia de vigilancia basada en el modelo conocido como “Una Salud” (One Health), que integra el monitoreo de infecciones en humanos, animales y ecosistemas de forma simultánea.
El enfoque parte de la premisa de que la salud humana, animal y ambiental son interdependientes y deben gestionarse de manera coordinada.

Los próximos pasos de la investigación apuntan a identificar rutas de contaminación más específicas que involucren a los mapaches, las granjas locales, los productos alimenticios y los cursos de agua de la región.
“Esperamos ampliar esta investigación para desarrollar estrategias integrales para el control de enfermedades infecciosas”, señaló el científico veterinario a Popular Science.
Los investigadores también plantearon que este tipo de vigilancia integrada debería extenderse a otros patógenos, con el objetivo de anticipar futuros brotes antes de que alcancen a las poblaciones humanas.
Fuente: Infobae