Un mercado popular en la Ciudad de México se convierte en el escenario de Pásele, pásele, una propuesta escénica que combina danza contemporánea, teatro físico y sonidos inspirados en la tradición sonidera para abordar la realidad de quienes viven en las calles y enfrentan adicciones. La obra, dirigida y coreografiada por Nael De Anda, busca combatir la indiferencia social y exponer las experiencias de quienes habitan los márgenes de la urbe.
La trama gira en torno a Krikoman, un individuo sin hogar que intenta integrarse a la comunidad durante el aniversario del mercado. Mientras comerciantes y vecinos se alistan para la celebración, él enfrenta el rechazo y los prejuicios del entorno. A través de esta historia, la obra muestra las dificultades para lograr un sentido de pertenencia en una ciudad llena de tensiones y contrastes.
Las funciones están programadas en la Biblioteca Vasconcelos los días 13 y 14 de junio. Además, la obra se presentará en espacios públicos: el 19 de junio a las 14:00 en el centro histórico Ciudadela, el 20 de junio a las 14:00 en la Plaza de la Conchita, y el 26 de junio a las 14:00 en la Plaza la Santísima.
Entrevista con Nael De Anda, director de Pásele, pásele

“El Krikoman es una persona que consume cristal, que es una persona en situación de calle, que según los locatarios del mercado le da mala vista al mercado. Es así como a través de la cumbia, de los ritmos latinos y del folklore y del folclor mexicano, se cuenta esta historia donde el Krikoman intenta encajar para que lo inviten, pero al mismo tiempo los estigmas y todo el señalamiento de las personas hacia las personas consumidoras de sustancias nocivas, las personas en situación de calle, se ven reflejados. Es así como invita a divertirnos bailando cumbia, pero al mismo tiempo a reflexionar sobre estas personas que consumen cristal”, explicó el director sobre el eje central del proyecto.
Consultamos a Nael De Anda sobre cuál es la mejor manera de contar historias: ¿desde el desconocimiento o desde la experiencia personal? “¿Cuál de estas dos formas para ti es mejor ingrediente para tu creatividad?”:

“Creo que podría contestarte ambas. Cuando ya hay algo que vivir y lo plasmo en escena me siento como pez en el agua, ¿no? Sé más, como por ejemplo, en esta obra cómo se consume el cristal, de qué manera se hace, cuáles son los mecanismos que se ha hecho o que yo viví para consumirlo. O sea, tengo más facilidad. Sin embargo, me ha tocado también hablar y escribir sobre obras, por mencionar un ejemplo, de personas privadas de su libertad. Yo no tengo ni un familiar y yo tampoco fui una persona privada de su libertad. Pero entonces, ¿de qué manera voy a hablar y voy a relacionar todos los mundos de varias personas con una obra de teatro? ¿Cómo voy a hacer fidedigno? Ahí hacemos labor de investigación y es cuando yo sí soy esa persona que se va a meter hasta los penales para entrevistar y para saber. Me da otro panorama. Lo que me gusta mucho de escribir cosas que yo desconozco es que me acerca a otras realidades y borra mis sesgos”.
La audiencia resulta fundamental para la realización de un proyecto escénico como Pásele, pásele. Al respecto, el director comentó:

“Para empezar, siento que quiero que el público llegue y que se eche una cumbia, porque de eso se trata el arte, sobre todo el arte escénico, de generar convivio. ¿Y qué mejor convivio que generarlo a través de la danza, del teatro? Ese es mi primer acercamiento para con el espectador. Sin embargo, como decimos en la obra, generamos emociones. Y generar emociones a través del movimiento, a través del texto hablado, es también provocar reflexión. Es decir, para mí sería maravilloso que los espectadores que vayan a ver ‘Pásele, pásele’ se sientan identificados con el sabor latino de la cumbia, del dembow, de la bachata, pero al mismo tiempo que todos esos movimientos les generen reflexión sobre quiénes son las personas en situación de calle, sobre todo, no qué son”.
Finalmente, Nael De Anda explicó la motivación detrás de contar una historia como Pásele, pásele:

“Queremos alejarnos de la alta cultura que llaman. Simplemente para nosotros no hay alta ni baja, simplemente hay cultura. A partir de ello es que abordamos sucesos personales que han pasado, ya sea a través de mi vida o a través de la vida de alguien del grupo, para llevarlos a escena. Yo fui un consumidor no problemático de cristal. Es así cuando por esa vivencia me relaciono con personas en situación de calle y veo todo el estigma al que se somete, todo el señalamiento, todos los prejuicios. Tuve amigos que no pudieron dejar el consumo. Tuve amigos que tienen un consumo no problemático y pueden consumir y estar en la vida tal cual. Ese fue el motor y fue como nos metimos también a los mercados, a enfrentar y a investigar a los locatarios, porque para nosotros es bien importante que si hacemos algo, tratemos de ser lo más fidedignos en lo que estamos hablando. Hay muchos compañeros del gremio que les gusta hablar sin saber. También está bien, pero no es nuestro camino creativo. Nosotros queremos ser lo más fidedignos a la realidad, a lo que estamos hablando y lo que estamos construyendo”.
Fuente: Infobae