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La gran diva italiana que desafió a Mussolini en busca de libertad artística

Considerada una de las figuras más emblemáticas del teatro italiano entre finales del siglo XIX y principios del XX, Eleonora Duse era conocida como ‘la Divina’ y aún hoy es recordada como una de las pioneras del teatro moderno. Su existencia estuvo siempre atada a los escenarios, en medio de una época turbulenta marcada por la Primera Guerra Mundial y el ascenso del fascismo en Italia.

Ahora, el cineasta Pietro Marcello presenta un biopic poco convencional sobre esta artista, impregnado de su sello personal: una mezcla de ficción, imágenes documentales y una dosis de poesía melancólica. Esta cinta complementaría, en cierto sentido, su notable trabajo anterior Martin Eden.

Marcello se enfoca en los últimos años de Eleonora Duse —quien nació en 1858 y falleció en 1924— cuando regresó a las tablas tras 12 años de ausencia, con problemas de salud, deudas y en un país donde el fascismo comenzaba a apropiarse de los símbolos culturales. Su negativa a someterse a las exigencias sobre su trabajo artístico marcó también su relación con el poder, especialmente a través de su vínculo con Gabriele D’Annunzio, poeta y dramaturgo cuyas ideas estéticas fueron fundamentales para construir la imagen y la simbología de la ultraderecha de Benito Mussolini.

Una artista que quebró los moldes teatrales

Pietro Marcello optó por retratar los años de ocaso de la actriz porque “nunca se cuenta esta parte de los mitos de la historia”. En lugar de abarcar toda su biografía, la película se centra en el momento en que Duse, tras haber sido una celebridad, retorna al teatro en una etapa de vulnerabilidad física y financiera.

El papel de Eleonora Duse lo interpreta Valeria Bruni Tedeschi, en un rol que parece diseñado a su medida, pues pocas actrices podrían capturar un personaje tan complejo y contradictorio con una mezcla de fragilidad, poder y egocentrismo.

Duse fue una intérprete que rompió esquemas, ficciones y clichés del teatro del siglo XIX. Su manera de actuar en el escenario desconcertaba al público, que vivía sus presentaciones como una experiencia más existencial que estética. Su arte fue calificado como un “fenómeno espiritual”, capaz de llevar la actuación a niveles nunca antes vistos.

Impacto en los intelectuales de Europa

Su legado alcanzó a figuras centrales de la cultura europea, vinculadas con la transformación de la conciencia del siglo XX, como Friedrich Nietzsche y Henrik Ibsen. Se dice incluso que su forma de trabajar inspiró a Konstantin Stanislavski para desarrollar su célebre método actoral.

Valeria Bruni Tedeschi en 'Eleonora Duse, la divina', película dirigida por Pietro Marcello

También fue admirada por escritores y artistas de su época, desde Hugo von Hofmannsthal hasta Rainer Maria Rilke, pasando por Antón Chéjov y Charlie Chaplin. Esta dimensión histórica coexiste en el filme con un retrato íntimo y vulnerable: una mujer con afecciones respiratorias producto de una larga tuberculosis, deudas crecientes y vínculos personales resentidos.

Esa semblanza incluye la relación con su hija Enrichetta, interpretada por Noémie Merlant, uno de los ejes del relato debido a la distancia que existía entre ambas. También aparece la legendaria actriz Sarah Bernhardt, encarnada por Noémie Lvovsky, con quien Duse mantuvo una amistad teñida de rivalidad.

Mussolini rindió homenajes a Duse y le ofreció una pensión estatal, pero Pietro Marcello señala que ella “nunca recibió dinero de Mussolini porque se fue a Estados Unidos y no se quedó en Italia”, convirtiéndose así en una de las pocas figuras que se atrevió a desafiar al dictador, aunque tuviera que exiliarse a Estados Unidos, donde finalmente murió.

Fuente: Infobae

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