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Borges y Saer: el lazo oculto entre dos grandes de la literatura argentina

La literatura se construye a partir de conexiones invisibles que, como los hilos de una telaraña, entrelazan épocas, tradiciones y fronteras. Aunque la metáfora pueda resultar gastada, lo cierto es que las grandes obras conviven en un universo de referencias y diálogos, algunos evidentes y otros casi secretos.

En octubre de 1983, la editorial Folio Ediciones lanzó una de las novelas más emblemáticas del escritor santafesino Juan José Saer: El entenado. Este relato, enmarcado como una crónica de viajero, aborda la otredad y el extrañamiento. Considerada una de las obras favoritas de los lectores, también es vista como una puerta de entrada ideal al universo literario de Saer.

La historia sigue a un joven grumete que forma parte de una expedición española que llega a un mar de agua dulce. Allí es capturado por los colastiné, una tribu nativa que practica una antropofagia ritual. Según Florencia Abate, en su libro El espesor del presente. Tiempo e historia en las novelas de Juan José Saer (Eduvim, 2014), la novela “nos coloca ante un tipo de experiencia cósmica o metafísica más que histórica”. Los indicios iniciales sitúan la trama en la llegada de Juan Díaz de Solís a las costas del Río de la Plata.

El entenado no solo es un extraño entre los colastiné; la extrañeza define su existencia. Es un viajero sin patria a la que regresar ni hogar al que cantar. No es Odiseo. Su condición de marino es accidental. No es explorador, conquistador ni misionero. Su relato, escrito desde la memoria de un anciano, cuestiona el lenguaje y la identidad. Se acerca más a la figura de Charles Marlow en Heart of Darkness (1899) de Joseph Conrad que a Robinson Crusoe de Daniel Defoe.

Diversas fuentes de inspiración

Saer fue un lector lúcido, inquisitivo y combativo. Son conocidas sus críticas a Gabriel García Márquez y Michel Houellebecq. En cuanto a las intertextualidades de El entenado, es inevitable pensar en los relatos de viajeros y conquistadores, como la obra de Ulrico Schmidl, Verídica descripción (1567), sobre su expedición al Río de la Plata. También se menciona la historia real de Francisco del Puerto, único sobreviviente registrado de la expedición de Solís.

La inspiración para la novela pudo surgir de un fragmento sobre el desembarco de Solís y el canibalismo, leído en Historia argentina (1966) del coterráneo José Luis Busaniche, a quien Saer califica en El río sin orillas (1991) como “uno de los más sensatos de nuestros historiadores”.

La memoria es un territorio misterioso. Una idea puede anidarse y crecer sin que notemos su origen. Esto, muy borgesiano, lleva a conjeturar que un cuento de Jorge Luis Borges pudo estar entre los orígenes de El entenado.

El único cuento que Saer apreció

Trece años antes de la publicación de la novela de Saer, en 1970, la editorial Emecé lanzó El informe de Brodie. La expectativa era enorme: se prometía el regreso de Borges al cuento formal. La primera edición se agotó rápidamente. Los lectores redescubrieron a un autor que se renovaba con un estilo directo y realista.

Sin embargo, Saer no compartió el entusiasmo general. En su ensayo “Borges como problema”, incluido en La narración-objeto (1999), afirma que sus preferencias por la obra de Borges se ubican entre 1930 y 1960, periodo delimitado por Evaristo Carriego y El hacedor. Sobre este último, Saer dijo que era uno de los mejores libros del autor porteño.

Beatriz Sarlo, en su libro Zona Saer (Ediciones Universidad Diego Portales, 2016), escribió: “Saer tampoco tiene problemas en afirmar que los cuentos del Informe de Brodie, excepto el que le da título al libro, no le parecen buenos; y que los poemas de los setenta no le interesan”. Y aunque Saer fue un crítico duro de Borges, Sarlo plantea: “La cuestión a resolver es si, antes de esos últimos libros de Borges, Saer ya temía que su admiración por Borges fuera un tributo demasiado pesado para su propia literatura”.

Más allá de esto, un detalle clave: de toda la producción borgesiana posterior a 1960, el único texto que realmente gustó a Saer fue el cuento El informe de Brodie.

Borges y Saer: una relación compleja

El autor de El limonero real no dejó que cuestiones extraliterarias influyeran en sus juicios. Lo dejó claro en su ensayo: “si como intelectual Jorge Luis Borges, por varias razones, genera nuestro escepticismo y aún nuestra reprobación, como artista, por sus logros más altos, merece también nuestro gozoso reconocimiento”.

Saer fue un lector constante de Borges. Incluso lo invitó, en 1968, a visitar la provincia de Santa Fe. Roberto Maurer recuerda en Juani. Pequeña crónica de una amistad (Ediciones UNL, 2025) que el joven Saer defendía a Borges “en enfrentamientos en soledad, prescindiendo de aliados de derecha, en enemistad con el populismo cultural de la izquierda de la cual uno formaba parte”.

“El entenado” de Juan José Saer

De esa visita quedó un registro valioso: una entrevista que Saer hizo a Borges, grabada el 15 de junio. Se publicó veinte años después en la revista Crisis, número 63, con el título “El patetismo de la novela”.

Saer fue un crítico, no un “criticón”. Criticar también es un acto de admiración. Sus análisis revelan una lectura profunda de la obra borgesiana, al punto de ofrecer una de las caracterizaciones más acertadas sobre la construcción del Borges escritor y público: la de polemista.

La barbarie como tema

El tópico sarmientino fue uno de los favoritos de Borges, no tanto por lo ideológico como por sus posibilidades literarias. La violencia y la muerte son recurrentes en sus cuentos. En ese universo bárbaro, Borges presenta en El informe de Brodie una mirada diferente a los salvajes hombres yahoo de Gulliver’s Travels (1726) de Jonathan Swift. En la cuarta parte de la novela, Lemuel Gulliver es abandonado en una isla donde conoce a los houyhnhms, caballos civilizados que dominan a los humanos. Los yahoos son humanos en un estado de salvajismo. Gulliver aprende sus costumbres y los describe como “unos animales totalmente refractarios al aprendizaje”.

Borges, lector universal, detectó en esta historia una posibilidad literaria nueva. Swift usó a los yahoos y houyhnhms como metáforas de fuerzas humanas. Borges expandió ese concepto. David Brodie, un misionero protestante escocés, llega a la misma isla, pero su informe es diferente. No hay caballos excepcionales ni salvajes sin remedio. En una operación típicamente borgesiana, extrae el mundo de la fantasía y lo inserta en la realidad. El informe de Brodie sería el relato verídico de lo que Swift adornó literariamente.

Los yahoos de Borges no son monstruos: “Los Yahoo, bien lo sé, son un pueblo bárbaro, quizá el más bárbaro del orbe, pero sería una injusticia olvidar ciertos rasgos que los redimen”. Brodie escribe su informe para el Gobierno de Su Majestad, pues los yahoos “representan, en suma, la cultura como la representamos nosotros, pese a nuestros pecados”.

Juan José Saer

Los yahoos de Saer

Una lectura detenida del cuento de Borges lleva a conjeturar que El entenado también tiene un origen borgesiano. La historia del grumete que llega al Río de la Plata y es llevado por los colastiné ofrece una mirada renovada sobre la otredad y la cultura, influida por las corrientes etnográficas de Claude Lévi-Strauss con Tristes trópicos (1955).

El entenado, como Brodie y Gulliver, es un testigo involuntario de una forma de civilización. El primer obstáculo es el lenguaje. El def-ghi que repiten los colastiné obsesiona al grumete: “desentrañarlo fue como abrirme paso por una selva resistente y rabiosa”. Al final, comprender la lengua del otro es entender su mundo.

“Como todos los otros que componían la lengua de los indios —escribió el personaje de Saer— esos dos sonidos, def-ghi, significaban a la vez muchas cosas dispares y contradictorias”. Similar a lo que Brodie informa: “El idioma es complejo (…). Cada palabra monosílaba corresponde a una idea general, que se define por el contexto o por los visajes. Pronunciada de otra manera o con otros visajes, cada palabra puede tener un sentido contrario”.

Mientras Gulliver desprecia a los yahoos, Brodie y el entenado analizan su lenguaje. Las particularidades lingüísticas que otros verían como despreciables son, para ellos, el signo de civilización.

El otro

Ambos textos reflexionan sobre la otredad, pero se alejan del modelo clásico. Tanto Brodie como el entenado son ese otro, y desde allí escriben. El extraño no es el salvaje. Subvierten la mirada eurocentrista que ordena el mundo en relación a sí misma.

Jorge Luis Borges

Borges y Saer escriben sobre la fragilidad de la “civilización”. Saer expande la idea, aprovecha lo no escrito por Borges (como las costumbres sexuales de los yahoos) para crear su literatura. Ambos personajes se asimilan a su nuevo entorno. Brodie siente incomodidad al volver a tratar con europeos. El entenado siempre es el otro.

Este concepto es natural en Saer, formado en teorías etnográficas. Sorprende en Borges, de setenta años, pero no tanto si se le ve como un agnóstico militante de cualquier idea absoluta. Como escribió en Juan López y John Ward: “El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras”.

Ese ser otro motiva a ambos personajes a rescatar del olvido a los yahoos y colastiné. Brodie declara estar orgulloso de haber combatido en sus filas: “Tenemos el deber de salvarlos”. El entenado afirma: “como les debo la vida, es justo que se la pague volviendo a revivir, todos los días, la de ellos”.

Ambos autores coinciden en la escritura como medio de conservar la memoria. Brodie es un intelectual; el entenado se vuelve uno. Los motiva preservar la humanidad de los yahoos y colastiné. Si esa preservación no causa efecto en su tiempo, la escritura se convierte en el medio para que el futuro recuerde lo que fue y lo que pudo haber sido. Brodie y el entenado salvan la humanidad de los descartados.

Fuente: Infobae

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