En el mundo de la moda, dos celebridades demostraron que una prenda puede transformarse por completo según la actitud de quien la porta. Kate Moss y Kim Kardashian coincidieron en usar el mismo vestido de Gucci, pero cada una le imprimió su sello personal, generando un debate sobre estilos contrapuestos.

El diseño, creado por Demna, director creativo de Gucci, se caracteriza por su silueta columna, cuello alto y mangas largas, todo cubierto de cristales. La pieza incluye una espalda abierta en forma de óvalo que deja ver un tanga con las iniciales de la firma, adornado con diamantes. Este detalle es un guiño a la era Tom Ford, cuando el diseñador popularizó el G-string en los años 90.
La visión de Kate Moss: sofisticación minimalista
La supermodelo británica fue la primera en lucir el vestido durante el desfile de la temporada Otoño 2026, como cierre del evento. Su elección de accesorios incluyó zapatos tipo mule de charol, pendientes de diamantes y un clutch compacto, creando una imagen pulida con aires de los años noventa. Moss transmitió una actitud relajada y segura, propia de quien ha dominado las pasarelas por décadas.

Su estilo minimalista permitió que el vestido brillara por sí mismo, sin necesidad de excesos. La cobertura total del frente contrastó con la espalda descubierta, pero Moss optó por una pose más contenida, dejando que los detalles hablaran con elegancia.
Kim Kardashian: maximalismo digital en el Mediterráneo
La empresaria y estrella televisiva eligió un contexto completamente distinto: una travesía nocturna en yate frente a la costa de Montecarlo, justo después del Gran Premio de Mónaco. Con la asesoría de su estilista Dani Levi, Kardashian prescindió de accesorios llamativos para centrar toda la atención en el vestido.

Posó estratégicamente de espaldas para exhibir el elemento más provocador: la espalda abierta y el tanga con las iniciales de Gucci. Las fotos, difundidas en Instagram, aprovecharon el brillo de los cristales bajo las luces del Mediterráneo, generando miles de comentarios. Su enfoque fue narrativo y pensado para maximizar el impacto en redes sociales.
Contextos opuestos, misma prenda
El vestido, conocido como el Gucci G-string dress, debutó en la pasarela como símbolo de osadía y sofisticación. Su diseño evoca la nostalgia de los años 90, pero adaptado al brillo contemporáneo. Durante la era Tom Ford, el tanga visible apareció en la colección primavera de 1997, bajo faldas y conjuntos. La versión de Demna eleva esa silueta a la alta costura con cristales y confección meticulosa.

Ambas celebridades reafirmaron su identidad estilística con esta prenda. Para Moss, fue un guiño a su pasado como musa de la moda, demostrando que la sensualidad puede ser elegante sin estridencias. Kardashian, en cambio, usó el vestido como vehículo para amplificar su presencia digital, y también como homenaje a Moss, a quien ha llamado “el ícono de moda que definió toda una generación” en una entrevista de 2021, cuando la supermodelo participó en una campaña de SKIMS.
El contraste entre ambas apariciones ha renovado el interés por el legado de Gucci y su capacidad para crear piezas atemporales. Otras figuras como Hailey Bieber y Kylie Jenner también han lucido el diseño, pero ninguna generó tanto debate como el duelo entre Moss y Kardashian. El vestido demuestra que la moda no es solo ropa, sino una cuestión de actitud y contexto.

Fuente: Infobae