Un reciente análisis de la Universidad Estatal de Washington ha encendido las alarmas sobre el futuro de la aviación verde. A pesar de los avances en la producción local, Estados Unidos solo lograría cubrir aproximadamente dos tercios de su ambiciosa meta federal de combustible de aviación sostenible (SAF) para el año 2030, incluso en el escenario más optimista.

El informe señala que la industria enfrenta obstáculos técnicos, de mercado y regulatorios para incrementar el uso de combustibles limpios en el transporte aéreo, un sector particularmente difícil de descarbonizar. La tecnología de ésteres y ácidos grasos hidroprocesados (HEFA), que transforma grasas y aceites reciclados en combustible, se presenta como la ruta más viable a corto plazo. Sin embargo, el estudio revela una paradoja global: la oferta mundial de insumos como el aceite de cocina usado es insuficiente para satisfacer la demanda prevista.
De acuerdo con los cálculos de los investigadores, el país podría generar cerca de 7.950 millones de litros (2.100 millones de galones) de SAF por año para 2030. Esta cifra queda muy por debajo de la meta oficial de 11.360 millones de litros (3.000 millones de galones) anuales. Sin políticas adicionales y una mayor inversión, los expertos consideran improbable alcanzar ese objetivo, manteniendo una brecha significativa entre la producción proyectada y la aspiración gubernamental.
El SAF se considera la principal herramienta para reducir las emisiones de carbono en la aviación a corto plazo. Su ventaja clave es que puede mezclarse con combustibles tradicionales y utilizarse en las aeronaves e infraestructura actuales, lo que evita grandes cambios estructurales.
Los desafíos detrás del combustible verde

El estudio de la Universidad Estatal de Washington destaca una discrepancia notable entre los proyectos anunciados y los que realmente se materializan. Mediante un “índice de implementación”, el equipo estima que, históricamente, solo la mitad de las instalaciones planificadas llegan a operar debido a retrasos, falta de incentivos o limitaciones de materia prima.
Kristin Brandt, profesora adjunta de la Facultad de Ingeniería y Arquitectura Voiland y autora principal del informe, fue contundente: “Los anuncios no son lo mismo que el combustible. La gente comunica instalaciones gigantescas con plazos ambiciosos regularmente, pero históricamente muchos proyectos se retrasan, se reducen o no llegan a materializarse”.
“En realidad, hay una escasez mundial de aceite de cocina usado. Suena ridículo, pero es cierto”, afirmó Brandt, subrayando la dependencia del sector respecto a estos recursos.

El análisis también revela que, en las condiciones actuales, producir diésel renovable para automóviles y camiones resulta más rentable que fabricar SAF, lo que desvía las inversiones. Esto dificulta atraer el capital necesario para expandir la capacidad de producción de combustible de aviación.
El camino hacia la descarbonización aérea
La Universidad Estatal de Washington, en colaboración con el centro ASCENT, enfatiza el papel del SAF como recurso principal para descarbonizar la aviación en las próximas décadas. Esto se debe al prolongado ciclo de vida de las aeronaves y al alto costo y complejidad de renovar la infraestructura de abastecimiento a nivel mundial.
Michael Wolcott, codirector de ASCENT y coautor del informe, explicó: “Provocar cambios sociales en los sistemas energéticos implica transiciones enormes. Se necesitarán años y múltiples disciplinas para lograr avances”.

Brandt también destacó la necesidad de coordinación internacional: “Aunque las políticas varíen entre países, las aerolíneas que operan internacionalmente tendrán que cumplir con los estándares globales. Es algo que la industria tendrá que resolver en conjunto”.
El estudio concluye que la consolidación del SAF dependerá de la creación de incentivos económicos sólidos y de la expansión de alianzas entre los sectores público y privado. Los expertos coinciden en que el avance de nuevas tecnologías y la diversificación de materias primas serán factores determinantes para aumentar la producción y reducir costos, permitiendo así avanzar hacia los objetivos globales de reducción de emisiones.
Fuente: Infobae