Los misterios que yacen en las profundidades oceánicas siguen sorprendiendo a la comunidad científica. Esta vez, un equipo internacional de investigadores provenientes de China, Italia y Nueva Zelanda ha revelado un hallazgo sin precedentes en la revista Nature: un vasto cementerio de ballenas que contiene fósiles de hasta cinco millones de años de antigüedad, junto con restos mucho más modernos.
La necrópolis fue localizada en la zona Diamantina, una fractura ubicada en el océano Índico sudoriental, frente a la costa occidental de Australia. Los restos de cetáceos se extienden a lo largo de 1.200 kilómetros, en profundidades que oscilan entre los 4.600 y los 7.000 metros. Con estas cifras, se convierte en el cementerio de ballenas más profundo jamás documentado, superando el récord anterior de 4.200 metros.

Especies extintas y modernas conviven en el registro fósil
Algunos de estos cetáceos perecieron en la zona hace tantos milenios que sus especies ya no existen en la actualidad. Hasta ahora, los científicos han documentado 476 fósiles de cetáceos en la fractura Diamantina. Un análisis paleontológico detallado de 43 de ellos permitió identificar cinco especies de zifios, pertenecientes a la familia Ziphiidae, mamíferos caracterizados por un hocico alargado similar a un pico. El conocimiento actual sobre este grupo es limitado, y se cree que podrían existir más de las 22 especies reconocidas hasta la fecha.
Entre los restos identificados se hallaron especies que aún viven, como el zifio de Andrews (Mesoplodon bowdoini) y el zifio de Layard (Mesoplodon layardii). También se encontraron fósiles de géneros ya extintos: Pterocetus —incluyendo una nueva especie bautizada como Pterocetus diamantinae— e Izikoziphius. El estudio además registró una especie de ballena barbada (Mysticeti): el rorcual norteño o rorcual sei (Balaenoptera borealis).
Un ecosistema vivo en la oscuridad absoluta
Dado que se trata de una región extremadamente profunda, sin apenas luz ni sedimentos, cabría esperar un desierto biológico. No obstante, este cementerio resulta ser un imán para la vida: los cuerpos de las ballenas actúan como sustrato para ecosistemas donde habitan lombrices, bivalvos, estrellas de mar y otros organismos que podrían ser nuevos para la ciencia.

Una de las interrogantes clave es por qué tantos cetáceos terminaron sus días precisamente en la zona Diamantina. Los expertos señalan que se debe a una combinación de factores ecológicos y geológicos. La región constituye un hábitat ideal para los zifios, pues ofrece condiciones óptimas para su dieta preferida —calamares y peces de aguas profundas—, y la topografía del fondo marino permite canalizar los cadáveres hacia las mayores profundidades.
El hallazgo resulta aún más notable si se considera lo difícil que es que los organismos marinos tengan tiempo suficiente para fosilizar. El estudio publicado en Nature destaca que la escasa tasa de sedimentación y la densidad extremadamente alta de los huesos de estas especies, que retarda su descomposición, fueron factores determinantes para la fosilización.
El sitio aún guarda secretos. Los investigadores creen que la necrópolis podría albergar nuevas especies para la ciencia, según indican los datos moleculares obtenidos de los restos recolectados.
“La necrópolis de la Zona Diamantina constituye un mega-sitio fósil en aguas profundas: una ventana hacia la historia evolutiva, la paleoecología y la dinámica poblacional de los zifios desde el Plioceno hasta la actualidad”, destacan los autores del estudio.
Fuente: Infobae