A lo largo de su trayectoria profesional, Pedro Almodóvar se ha consolidado como una de las figuras más emblemáticas del cine europeo. El cineasta manchego, ganador de varios premios Oscar y condecorado en los festivales más prestigiosos del planeta, ha sido fuente de inspiración para numerosos colegas de profesión. Incluso en sus primeros años, cuando su nombre aún no resonaba con fuerza a nivel mundial, ya era reivindicado por otros directores como un artista fundamental de nuestra época.
Ese es exactamente el caso de Quentin Tarantino. Reconocido no solo por sus emblemáticas películas como Pulp Fiction, Malditos bastardos o Érase una vez… en Hollywood, el también ganador del Oscar es célebre por su devoción cinéfila. En su vasto conocimiento del séptimo arte dentro y fuera de Estados Unidos, Tarantino ha destacado al español como un pilar clave en su propio desarrollo creativo.
En una entrevista reciente, Tarantino confesó que largometrajes como Matador, dirigido por Pedro Almodóvar, marcaron un punto de inflexión en su forma de entender el cine. Durante su participación en The Joe Rogan Experience, el cineasta estadounidense se refirió a una cinta quizá no tan popular de la filmografía de Almodóvar, pero de enorme relevancia para él: Matador, protagonizada por Antonio Banderas.
“En ese momento, no había nada parecido a aquello disponible en América. Yo estaba como: ‘¡Oh, Dios mío! ¡Esta es la mierda más salvaje de la historia! ¡Esto es increíble!’”.

“Lleva una racha magnífica”
En su obra Cinema Speculation, Tarantino explica cómo el declive del cine de autor estadounidense lo impulsó a buscar inspiración más allá de sus fronteras. La conexión con el cine de Almodóvar, especialmente con el controvertido thriller Matador, resultó determinante.
“Recuerdo haber estado sentado en Video Archives (el videoclub en el que trabajaba) y haber dicho: ‘Quiero hacer mierdas de este tipo cuando esté rodando una película’”, continuó diciendo. “Siempre hice lo que quería hacer. Y al hacer lo que queríamos hacer, fuimos capaces de cambiar los 90. Y entonces los 90 dejaron de ser políticamente correctos”.
Por eso resulta comprensible que Tarantino haya expresado en repetidas ocasiones su pesar por la falta de reconocimiento a la importancia del cine de figuras como Almodóvar.
“Me duele reconocerlo, pero cuando en Estados Unidos se habla de los grandes escritores y directores del cine de autor, no se habla lo suficiente de él”, lamentaba en una entrevista anterior con la revista Vulture.
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“Durante 30 años, ha pasado por encima de casi todos sus homólogos estadounidenses. Pasó por un período un poco débil durante una época, después de Kika y antes de Todo sobre mi madre. Personalmente, no entendí Los abrazos rotos, pero aún así estuvo bien. Pero con las cosas que ha estado haciendo los últimos siete años, ha tenido una racha magnífica. Es un director fantástico”, continuaba.
Su película favorita
Tarantino también destacó que, aunque el cine de Almodóvar conserva siempre el sello inconfundible de su creador, el director ha transitado por múltiples etapas, moviéndose con soltura de la comedia al drama, del drama al terror y explorando todo tipo de narrativas.
“Sus guiones son maravillosos y suponen una apuesta segura. Y es tan específico… Pero, a diferencia de muchos de esos directores de cine de autor tan particulares de los que acabas cansándote, como Wong Kar-Wai (Deseando amar), uno nunca se cansa de Almodóvar”.
Años después de establecerse como una de las grandes voces del Hollywood de los 90 y los 2000, el cine volvió a unir a Tarantino y Almodóvar a través de otro filme. En 2004, el estadounidense fue designado presidente del jurado del Festival de Cannes. Ese mismo evento fue inaugurado con la proyección de la más reciente cinta de Almodóvar, La mala educación, que se convertiría en la favorita de Tarantino dentro de toda la filmografía del director manchego.
Fuente: Infobae