Botellas de agua mineral y ramos de rosas. Botellas de coñac y cestas de fresas. Cerezas jugosas y vino tinto. Incluso pescado fresco. Cuando Armenia acudió a las urnas el 7 de junio, Rusia ya había bloqueado la entrada de una larga lista de productos armenios. El Kremlin lanzó advertencias veladas contra el primer ministro Nikol Pashinyan, de inclinación prooccidental, y sembró desinformación en redes sociales. Dmitry Medvedev, expresidente ruso, comparó el acercamiento de Pashinyan hacia la Unión Europea con el «camino peligroso» de León Trotsky —quien rompió con Stalin y fue asesinado por ello—. El mensaje a Armenia, que alguna vez fue uno de los aliados más sólidos de Moscú, resultó inequívoco: piénsenlo dos veces antes de reelegirlo.
Sin embargo, la campaña de presión del Kremlin terminó siendo contraproducente. El partido de Pashinyan, Contrato Civil, alcanzó casi el 50% de los votos, asegurándose la mayoría en la Asamblea Nacional. Pashinyan, ex periodista convertido en líder de protestas, llegó al poder hace ocho años tras un levantamiento pacífico contra la vieja élite armenia respaldada por el Kremlin. Desde entonces, ha buscado fortalecer vínculos con Estados Unidos, la UE y Turquía, su histórico adversario. Tras la derrota en la larga guerra contra Azerbaiyán en 2023, también ha trabajado en un acuerdo de paz. «El pueblo armenio votó por la prosperidad y la cooperación regional», declaró Pashinyan.
Los líderes occidentales celebraron el resultado. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, afirmó que la victoria de Pashinyan demostraba que «el espíritu de la Revolución de Terciopelo que usted lideró en 2018 sigue vivo». La UE ayudó a Armenia a resistir el chantaje económico ruso, encontrando nuevos compradores para los productos que Moscú había prohibido. El 4 de junio, el bloque europeo anunció un paquete de ayuda financiera por 50 millones de euros (58 millones de dólares), pequeño pero simbólicamente relevante. Prometió más asistencia en el futuro.
Poco después del cierre de urnas, Samvel Karapetyan, cuyo partido prorruso Armenia Fuerte obtuvo el 23% de los votos, denunció irregularidades. Desde su mansión en la cima de una colina, donde cumple arresto domiciliario por pedir el derrocamiento del gobierno (cargo que niega), el oligarca ruso-armenio acusó a las autoridades de interferencia electoral. Dmitry Peskov, portavoz del Kremlin, también insinuó —aparentemente sin ironía— que hubo «irregularidades» durante la votación. Estas afirmaciones carecen de sustento. La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), organismo intergubernamental, calificó las elecciones como «transparentes y eficientes».
La oposición perdió por su propio mensaje. Mientras Pashinyan prometía paz y desarrollo económico, Karapetyan ofrecía un nacionalismo reavivado y el regreso a la alianza con Rusia, que la mayoría de los armenios considera fallida. Una propuesta poco elaborada para un «Ministerio del Sexo» destinado a combatir la baja natalidad y garantizar que «ninguna mujer esté insatisfecha», sugerida por el hijo de Karapetyan en un podcast, evidenció la superficialidad de la plataforma interna de Armenia Fuerte. Por su parte, Robert Kocharyan, expresidente y líder del segundo partido de oposición más grande, evocó malos recuerdos de violencia y oligarquía que marcaron el pasado autoritario de Armenia.
La victoria de Pashinyan tranquiliza a los vecinos de Armenia, Turquía y Azerbaiyán, al demostrar que su giro en política exterior no se derrumbará. Normalizar las relaciones con Turquía, que cerró su frontera con Armenia en 1993 en solidaridad con su aliado azerbaiyano, es uno de los posibles logros. Armenia y Turquía ya acordaron reconstruir un puente histórico en la frontera y trabajan en la restauración de una antigua línea ferroviaria entre ambos países. La culminación de la Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacionales, una ruta comercial respaldada por Estados Unidos, parece ahora más factible. Este corredor conectaría a Azerbaiyán con su enclave de Najicheván a través del sur de Armenia.
A pesar de la victoria, el ambiente entre algunos seguidores de Pashinyan es agridulce. Contrato Civil no alcanzó la mayoría de dos tercios necesaria para convocar un referéndum sobre la reforma constitucional. El partido busca reformar el poder judicial, pero esto también es clave para el proceso de paz. Azerbaiyán exige que Armenia elimine de su Constitución la referencia a Nagorno-Karabaj, territorio por el que lucharon en el pasado, antes de firmar un tratado de paz.
«La cuestión ahora es si Azerbaiyán estará dispuesto a seguir adelante con la firma y ratificación sin avances en la constitución de Armenia, o si continuará insistiendo en este punto», señala Zaur Shiriyev, del Centro de Estudios Carnegie para la Paz Internacional. Turquía ha insistido en que Armenia y Azerbaiyán deben firmar un tratado de paz antes de que se abra la frontera.
Rusia también podría causar problemas. Karapetyan obtuvo mejores resultados de lo que pronosticaban las encuestas. Esto «podría llevar a algunos a creer que las diversas medidas adoptadas por Rusia durante la campaña tuvieron algún efecto», afirma Laurence Broers, de Chatham House, un centro de estudios londinense, y podría disuadir a algunos armenios de apoyar a Contrato Civil en el futuro. Un riesgo latente es que Vladimir Putin, presidente de Rusia, anule un acuerdo de exportación de gas libre de aranceles para castigar a Pashinyan. «Creo que este es el comienzo de una crisis intensificada entre Rusia y Armenia», declara Arsen Kharatyan, fundador de AliQ Mediaplatform, un medio armenio-georgiano.
En conjunto, la victoria de Contrato Civil reivindica los esfuerzos de Armenia por trazar su propio rumbo. Los intentos de Rusia por atraer al país de vuelta a su órbita fueron puestos a prueba y fracasaron. En abril, los votantes húngaros expulsaron a Viktor Orbán, el mejor amigo del Kremlin dentro de la UE. Ahora, sus aliados vuelven a ser derrotados en las urnas. En su discurso de victoria, Pashinyan prometió cumplir las promesas de la Revolución de Terciopelo, insistiendo en que «el sistema criminal-oligárquico debe ser erradicado por completo». Putin le deseará lo peor. Pero muchos otros lo aplauden.
Fuente: Infobae