El abrazo de la esposa del Indio Solari que sanó a una fanática

La partida de Carlos “Indio” Solari, ocurrida el viernes anterior a sus 77 años, dejó una huella profunda en la cultura argentina y en el corazón de muchas generaciones. La despedida popular en Villa Dominico trascendió un simple homenaje masivo: se convirtió en una experiencia compartida, donde miles de admiradores se congregaron para honrarlo, agradecer por las canciones que marcaron sus vidas y buscar alivio en el abrazo de quienes padecían la misma pérdida. En medio de la multitud, una imagen se hizo viral y encapsuló el sentir de la jornada: el instante en que Virginia Mones Ruiz, “Viru”, pareja del Indio, y Deborah, una seguidora que llegó al funeral sumida en el sufrimiento, terminó recibiendo, entre lágrimas, el consuelo de la esposa del músico. Una de las estampas más emotivas de un día inolvidable.

El relato de Deborah se difundió este martes en el programa ¿Y ahora quién podrá ayudarnos? (Radio con vos), conducido por Ernesto Tenembaum. Allí, la fanática compartió en primera persona el significado de ese momento, el camino previo y cómo la música del Indio la había impactado y acompañado en diversas etapas de su existencia.

“Aún no me puedo recuperar de todo lo vivido. Seguramente me van a escuchar afónica porque aún duele. Duelen los huesos, duele el alma, la mente, el corazón, los días, y va a seguir doliendo, porque se fue un grande para mi vida”, declaró, con la voz entrecortada.

La historia de Deborah comienza con otro adiós:

Yo estaba en un velorio de una amiga muy querida, enterrándola, poniendo su cajón en su lugar. Yo soy de Pilar, zona norte, y me llega un comunicado telefónico donde me dicen: ‘Murió el Indio’. Imagínense que yo venía de toda la noche velando a mi amiga… recibir esa noticia fue como una bomba atómica al corazón”.

El dolor por la pérdida de su madre, años atrás, se sumaba a la tristeza acumulada de esos días. Y fue precisamente en esos momentos oscuros donde la música del Indio había funcionado como refugio:

Muchas veces me ha salvado, sus melodías, cada tema, cada recital que iba y que me subía a un colectivo y viajaba por todos lados, como mucha gente lo hizo. Sus temas me curaron el alma muchas veces”.

Decidida a despedirse, Deborah viajó con amigos a Villa Dominico. Llegó cerca de las diez de la mañana y se topó con una fila interminable. La cantidad de personas, el ambiente cargado de emoción y la energía de la multitud le recordaron el velorio de Maradona, aunque, como explicó, cada uno vive esas despedidas desde su propia historia.

Estoy toda tatuada por tapas de sus discos y de sus melodías. A mí me marcó mucho mi corazón. Me sanó en algunos momentos, me calmó el alma”, afirmó.

La música del Indio no era solo banda sonora, sino también una compañía en la soledad, una respuesta en el duelo, una forma de volver a empezar.

El encuentro con Viru fue tan inesperado como necesario.

Nunca pude llegar a él, pero llegar a un cajón y que Viru se acerque fue, y lo siento hasta el día de hoy como una caricia que sentí como que fuese mi mamá, que la tengo acá”, relató. “Como ella dijo: ‘Calmate’. Y me dijo a mí: ‘Yo le voy a dar un beso al Indio de tu parte y a tu mami también’. Y la verdad, son tristes despedidas”.

Deborah describió ese abrazo como un instante de consuelo profundo, donde el dolor, por un momento, se alivió.

Yo sentí ese abrazo, esa caricia cuando ella toca mi cara… siento como hubiese sido mi mamá. Calmate, ese calmate hija, tipo, ¿me entendés?”, expresó, todavía conmovida.

Durante 18 horas, los seguidores del Indio se acercaron a Villa Domínico para tener la oportunidad de darle un último adiós (EFE/STR)

La escena del abrazo fue capturada casi sin planeación.

Filmó la hija de una amiga, Milagros, que bueno, ella filma y yo no me di cuenta porque estaba desbordada… nunca entré con intención de filmar. Ella es la que filma y tiene el video original, donde se hizo viral”.

El video circuló por redes sociales y medios de comunicación, convirtiéndose en una imagen que resumió el adiós al Indio: la fanática, la viuda, el dolor compartido y la música como vínculo.

La entrevista radial también permitió que Deborah mostrara una fotografía junto a su madre, el otro gran duelo que atraviesa su vida y que se entrelaza con la figura del Indio.

“Para mí sería esa frase: ‘Pensando en vos siempre, siempre extrañándote’, y la tengo tatuada”, dijo, citando uno de los versos que la acompañaron en los momentos más difíciles.

Más allá de la pérdida, la música y los recitales siempre funcionaron como un punto de encuentro con otros y consigo misma: “Siempre me he sentado en una esquina, en un bar, con amigos, en una fiesta y siempre sonaron sus temas. Para mí, hoy esa es la frase”.

Al cerrar la entrevista, Deborah le agradeció a Viru el gesto y envió besos “al cielo para el Indio, para mi mamá, para Carmen… para mis hijos, que me acompañan en todo este dolor y muchas veces me han esperado en cada recital que fui, y a mi familia que siempre está conmigo. Solo decir gracias a la vida, porque escuchar cada melodía, cada tema y cada disco, fue lo más lindo que me ha pasado en mi vida y en mi juventud. Solamente decir gracias”.

La muerte del Indio no se mide solo en cifras ni en homenajes oficiales. El verdadero adiós se dio en las calles, en las filas interminables, en los cánticos, los tatuajes, las lágrimas y los abrazos entre desconocidos. La historia de Deborah, como la de tantos otros, es la de una generación que encontró en la voz del Indio consuelo, rebeldía, amor y compañía. Y en el momento más difícil, fue la mano de Viru la que, aunque por un instante, hizo que el dolor fuera un poco más llevadero. Así, entre canciones, recuerdos y despedidas, la leyenda del Indio sigue latiendo en quienes lo lloran y lo celebran, en cada rincón donde una melodía suya siga sonando.

Fuente: Infobae

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