Del cuero a la inteligencia artificial: la evolución del balón mundialista

Hace casi un siglo, en la final del primer Mundial de fútbol, Uruguay y Argentina no lograban ponerse de acuerdo sobre qué balón utilizar. La curiosa solución fue que cada equipo jugó con su propio esférico en cada tiempo. Uruguay, que impuso el suyo en la segunda mitad, se llevó la victoria por 4-2. Ya entonces, el balón no era un simple accesorio: representaba una ventaja competitiva.

Hoy, el balón que rodará en el Mundial 2026, que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá, necesita ser cargado antes de salir al campo. Se llama Trionda, está compuesto por solo cuatro paneles y alberga un sensor interno que transmite 500 datos por segundo al sistema de videoarbitraje (VAR).

En el camino, el esférico ha mutado desde el cuero empapado por la lluvia hasta la era sintética, pasando por el polémico Jabulani y la llegada silenciosa de los chips. Cada cuatro años, el objeto más codiciado del planeta ha renovado su piel. A veces con éxito, otras con controversia, pero siempre alterando el juego.

El agua, el enemigo histórico

Durante muchas décadas, la lluvia fue el mayor desafío para los balones. Los primeros modelos se fabricaban con cuero de vaca, cosidos a mano con cordones exteriores llamados tientos. Al mojarse, el cuero absorbía agua y el balón podía duplicar su peso, haciendo que cabecearlo fuera un riesgo real de lesión.

La impermeabilización fue un proceso gradual. En Francia 1938, el modelo Allen introdujo una válvula de inflado interna y eliminó los cordones exteriores, acercándose al diseño moderno. En Brasil 1950, una válvula de látex mejoró la retención de presión. Ya en España 1982, el Tango España incorporó costuras selladas con caucho inyectado, siendo el último balón de cuero puro en una Copa del Mundo.

Manel Neuer parando un balón bajo la lluvia. (EFE/Christian Bruna)
Manel Neuer parando un balón bajo la lluvia.Fuente: EFE/Christian Bruna

El Telstar y la era televisiva

El cambio estético más emblemático ocurrió en México 1970, cuando Adidas se convirtió en proveedor oficial de la FIFA y lanzó el Telstar: 32 paneles, con 12 pentágonos negros y 20 hexágonos blancos. Su diseño no fue casual. Las televisiones de la época transmitían en blanco y negro, y el contraste facilitaba que los aficionados siguieran la trayectoria del balón desde sus hogares.

A partir de ahí, Adidas mantuvo esa línea visual durante cinco ediciones, siendo el Tango de Argentina 1978 uno de los modelos más recordados.

Tango de Argentina 1978.
Tango de Argentina 1978.

La revolución sintética

México 1986 marcó otro hito: el Azteca fue el primer balón completamente sintético en la historia de los Mundiales. Fabricado con capas de poliuretano, eliminó la absorción de humedad y ofreció un comportamiento uniforme en las condiciones de altitud y temperatura del torneo. Fue el balón con el que Diego Maradona marcó el gol conocido como ‘la mano de Dios’.

En los torneos siguientes, la meta fue reducir el número de paneles para lograr una esfera más perfecta. El Teamgeist de Alemania 2006 llegó a tener 14 paneles termosellados, sin costuras de hilo, con una esfericidad que rozaba el uno por ciento de error. Parecía el límite técnico, pero la ingeniería siguió avanzando, no siempre en la dirección correcta.

La Mano de Dios de Maradona.
La Mano de Dios de Maradona.

El desastre del Jabulani

Sudáfrica 2010 quedó grabada en la memoria de los porteros por el Jabulani, el balón más impredecible de la historia reciente. Con solo ocho paneles y una superficie deliberadamente lisa, el esférico no generaba las turbulencias necesarias para estabilizar su vuelo. A velocidades de disparo normales, la trayectoria se volvía errática. Los guardametas fueron unánimes: se comportaba como una pelota de playa.

Balón del Mundial 2010. (Wikipedia)
Balón del Mundial 2010.Fuente: Wikipedia

La llegada del chip

La respuesta llegó de manera gradual. El Brazuca de Brasil 2014 recuperó la estabilidad con seis paneles en forma de hélice. El Telstar 18 de Rusia 2018 incorporó un primer chip NFC bajo la piel, aunque solo servía para interacciones comerciales: al acercar el móvil al balón se desplegaban estadísticas y promociones.

El cambio real se produjo en Qatar 2022 con el Al Rihla. Por primera vez, el balón llevaba en su interior un sensor inercial suspendido en el centro de la cámara de aire mediante un sistema de tirantes tensores. Ese dispositivo enviaba datos de posicionamiento en tiempo real a la sala del VAR y fue clave para el debut del sistema semiautomático de detección de fuera de juego.

El balón del torneo se llama Al Rihla y cuenta con un sensor interno para medir los movimientos de los jugadores.
El balón del torneo se llama Al Rihla y cuenta con un sensor interno para medir los movimientos de los jugadores.

El interior del Trionda

El balón de 2026 lleva esta tecnología un paso más allá. El sensor ya no flota en el centro: se inserta directamente en la pared interna de uno de los cuatro paneles. El resultado es un sensor que emite 500 lecturas por segundo y se sincroniza con cámaras de seguimiento óptico y un sistema de modelado 3D desarrollado con Lenovo.

Cada jugador sobre el césped es digitalizado en tiempo real. Cuando el chip detecta el impacto de un pie sobre el balón, el algoritmo asocia ese instante con las coordenadas exactas de todos los futbolistas en el campo. El fuera de juego deja de depender de la interpretación humana.

Fuente: Infobae

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