París, Francia. La capital de la moda también es la capital del clay, pero durante este Roland Garros el duelo entre ambas quedó claramente inclinado a favor de los atuendos. En la cancha Philippe Chatrier, el tenis fue opacado por el estilo, un verdadero doble bagel para los fanáticos del deporte, como dirían los norteamericanos.
Empecemos por las decepciones deportivas para despejar el camino hacia lo que realmente importa: la ropa. Carlos Alcaraz, bicampeón defensor, no pudo competir debido a una tenosinovitis en la muñeca derecha, que también lo marginó de Madrid y Roma. Aryna Sabalenka, número uno del mundo, perdió diez games consecutivos en cuartos de final cuando tenía el partido casi asegurado contra Diana Shnaider, 25 del ranking. Elena Rybakina, número dos, no superó la tercera ronda. Emma Raducanu se despidió en primera ronda. Incluso Novak Djokovic, tres veces campeón en esta cancha sagrada, cayó en cinco sets ante el adolescente brasileño Joao Fonseca, dejando un cuadro con pocos nombres estelares.
El tenis no dio demasiado para el debate. Afortunadamente, la moda sí lo hizo.
Naomi Osaka: la pasarela sobre la arcilla
Si París es indiscutiblemente la capital mundial de la moda, con las casas más prestigiosas entre la rue Saint-Honoré y la avenue Montaigne, la persona que más hizo por extender ese estatus desde las pasarelas hasta la cancha central fue la japonesa Naomi Osaka. Ella transformó los pasillos del Philippe Chatrier en un desfile que compite con el Fashion Week de Milán, París o Nueva York.
Cada vez que pisó la cancha en este Roland Garros, lo hizo como si estuviera en el Grand Palais. Su outfit principal fue una colaboración entre Kevin Germanier y su marca patrocinadora. Por encima, un corset negro estructurado y una falda plisada en cascada, obra del joven couturier suizo conocido por la alta costura con materiales reciclados. Por debajo, un vestido dorado cubierto de lentejuelas, inspirado en la Torre Eiffel iluminada de noche.
Su entrada a la cancha era pura Met Gala con red de por medio: Osaka aparecía con un manto negro, y al momento de jugar, se lo quitaba para mostrar el dorado. La cancha, dos minutos antes del partido, se volvía pasarela; los fotógrafos, paparazzi de alfombra roja. Si Naomi no hubiera ganado la primera ronda, no habríamos visto el segundo outfit. Si no hubiera ganado la segunda, tampoco el tercero. Por suerte avanzó. Su tenis estuvo a la altura de sus atuendos.

Tres grandes actuaciones la llevaron a octavos de final, donde repitió el duelo que tuvo en Madrid contra la número uno del mundo. No tuvo suerte en la revancha, pero su style se viralizó mucho más que su rendimiento tenístico. WWD, Vogue, CNN y muchos otros medios dedicaron espacio a sus dos minutos de pasarela. Ya no era solo cubrir un Grand Slam, sino un evento de moda donde casualmente también se jugaba tenis. (Aclaración para el lector fiel: ya hablé de Osaka dos veces antes en estas columnas. La defensa es simple: Naomi es la única tenista que entiende que la cancha es también un set de fotos. Mientras siga vistiéndose así, seguiré escribiendo sobre ella. Es que mientras Carlitos siga fuera, no hay mucho más de qué hablar). Después de cuatro rondas, podemos decir que en el caso de Osaka, todo lo que brilla sí es oro.
Djokovic y la chaqueta de arcilla real
Del otro lado del cuadro, mientras Osaka se vestía de Torre Eiffel, Novak Djokovic salía a la cancha vestido literalmente de Roland Garros. Para esta edición, la principal firma patrocinadora del torneo, esa casa francesa fundada por un tenista, le diseñó al serbio una campera digna de pasarela y museo. La pieza, obra de Pelagia Kolotouros, directora creativa de la marca del cocodrilo, está hecha con polvo de ladrillo de verdad, del propio torneo, aplicado mediante una técnica especial.
La textura y los tonos evocan la arcilla del Chatrier. En la espalda, un lobo enorme: el animal totémico del ex número uno del mundo, su wolf spirit del que habla desde hace años en entrevistas. Lobito, en este Roland Garros. La firma fundada por René Lacoste, que siempre supo balancear deportividad y elegancia, esta vez se animó a la haute couture. Clay Court Couture, literal. Así fue Roland Garros para el serbio: en el polvo, con su campera de polvo, con sus anhelos de un Grand Slam veinticinco hechos polvo.
Que se haya hablado tanto de la campera de Djokovic como de su derrota contra Fonseca muestra que el evento va más allá de lo que pasa en el rectángulo de 8×24. Se juega en los pasillos de Roland Garros, en las redes y en las páginas de moda. Y dice también que, mientras Osaka y Djokovic modelaban en la cancha, las grandes maisons parisinas hacían lo que mejor saben: estar justo donde deben. Galeries Lafayette Haussmann (el templo del lujo francés, cerca de la Ópera) convirtió su rooftop panorámico en una platea con vista al torneo. Del 22 de mayo al 11 de junio, socios y clientes VIP tuvieron acceso a transmisiones en vivo de cada partido, mientras tomaban champagne mirando los tejados de París. En La Griffe Roland-Garros, el espacio oficial del torneo, diez de las casas más respetables armaron colaboraciones específicas para el evento. No estuvimos lejos de ponerle nombre a la cancha 14, la cuarta en importancia del venue parisino. Chatrier, Lenglen, Mathieu, ¿Saint Laurent?

Esto lleva a la pregunta incómoda. Si salimos del torneo hablando del vestido de Osaka o la campera de Djokovic, ¿significa que el tenis nos defraudó? En cualquier otra ciudad, sí. En París, no. París es así. En París, el deporte siempre va a ser, también, otra cosa. Una excusa para vestirse mejor. Una excusa para una foto. Una pasarela más para que la moda mundial se reúna y se admire a sí misma. Roland Garros, al final, es la capital mundial del clay, pero más aún, la capital mundial de vestirse bien. Ici c’est Paris!
PD: Si alguien tiene contacto con Germanier, díganle que estoy disponible para una colaboración. Tengo unas Air Tech Challenge nuevas, en su caja original, listas para ser intervenidas. Acepto el upcycling, siempre y cuando me las devuelva.
Fuente: Infobae