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Perú elige entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez: ¿quién tendría más afinidad con el Gobierno de Daniel Noboa?

La segunda vuelta presidencial de Perú, prevista para este domingo, 7 de junio, no solo definirá quién gobernará el vecino país durante los próximos cinco años. Desde Ecuador, la contienda también es observada con atención por el impacto que podría tener en temas sensibles, como la seguridad fronteriza, la lucha contra el crimen organizado, el comercio y la cooperación bilateral.

Los candidatos que disputan el balotaje son Keiko Fujimori, líder de Fuerza Popular e hija del expresidente Alberto Fujimori, y Roberto Sánchez, representante de Juntos por el Perú y considerado el principal heredero político del expresidente Pedro Castillo, actualmente encarcelado. Ambos llegan a la elección en medio de un escenario marcado por la fragmentación política y la desconfianza ciudadana.

La primera vuelta electoral evidenció la crisis de representación que atraviesa Perú. En una elección en la que participaron 35 candidatos presidenciales, Keiko Fujimori obtuvo alrededor del 17 % de los votos válidos y Roberto Sánchez cerca del 12 %, porcentajes bajos para quienes ahora buscan la Presidencia.

Diversas encuestas difundidas en las últimas semanas han mostrado una contienda ajustada: unas dan una ligera ventaja a Fujimori, con entre tres y cuatro puntos porcentuales por encima de su rival, especialmente gracias a su fortaleza en Lima y el Callao, regiones que concentran cerca de un tercio de la población peruana, mientras que otras lo ubican primero a Sánchez.

La prioridad de Noboa: seguridad y frontera
Luego de la primera vuelta, cuando no estaba claro aún con quién se enfrentaría Fujimori, el presidente Daniel Noboa dejó claro cuál es su principal interés respecto al próximo Gobierno peruano. Durante una entrevista concedida en abril, afirmó que esperaba que quien llegara al poder tuviera disposición para trabajar conjuntamente con Ecuador en materia de seguridad.

La declaración no fue casual. Ecuador y Perú comparten más de 1.500 kilómetros de frontera y enfrentan desafíos comunes relacionados con el narcotráfico, el tráfico ilegal de armas, la minería ilegal y la expansión de organizaciones criminales transnacionales.

Precisamente, la inseguridad se ha convertido en uno de los temas centrales de la campaña peruana. La criminalidad y las extorsiones dominan el debate electoral, mientras el país busca a su noveno presidente en apenas una década.

Dos visiones distintas para el futuro de Perú
Aunque ambos candidatos han prometido combatir la delincuencia, sus propuestas reflejan enfoques diferentes.

Keiko Fujimori ha centrado buena parte de su campaña en una estrategia de mano dura. Su plan de gobierno plantea la creación de centros regionales de videovigilancia, la incorporación de miles de cámaras de seguridad, el fortalecimiento de las unidades de flagrancia, el bloqueo total de señales telefónicas en cárceles y el control militar de las fronteras. También propone construir nuevos centros penitenciarios y reforzar las capacidades de inteligencia policial.

En el ámbito económico, defiende la economía social de mercado, la seguridad jurídica, el respeto a la inversión privada y la continuidad del modelo económico peruano.

Roberto Sánchez, en cambio, plantea una estrategia enfocada en reformas institucionales. Propone depurar los altos mandos policiales, fortalecer las capacidades de investigación financiera y combatir la corrupción dentro de las instituciones de seguridad. En materia económica impulsa una asamblea constituyente para reemplazar la Constitución de 1993, una mayor participación del Estado en sectores estratégicos y una revisión de algunos acuerdos económicos internacionales. También ha planteado acercamientos con el bloque BRICS.

Las diferencias entre ambos modelos han llevado a preguntarse cuál de los dos tendría una relación más cercana con el Gobierno ecuatoriano.

Para el analista internacional y catedrático de Flacso Adrián Bonilla, la relación entre Ecuador y Perú históricamente ha estado guiada más por el pragmatismo que por la afinidad ideológica.

“El Ecuador en los últimos años ha tratado con diferentes Gobiernos peruanos, dada la volatilidad política del país vecino, pero en general sus relaciones han sido armónicas y pragmáticas, y no han estado marcadas por la ideología”, explica.

A juicio del académico, existen razones para pensar que esa dinámica podría mantenerse independientemente del ganador de la elección.

“La posibilidad de que la relación continúe con los mismos estándares es plausible. Si así fuera, es indiferente quién gane las próximas elecciones, sobre todo porque el ámbito internacional no ha marcado el debate electoral peruano”, sostiene.

Bonilla considera que la economía peruana mantiene una tradición aperturista difícil de modificar incluso bajo Gobiernos de distinto signo político.

“La economía del Perú ha estado marcada por un signo aperturista y liberal, aún con los Gobiernos de (Ollanta) Humala y de (Pedro) Castillo. Es difícil cambiar esa agenda, porque la economía de ese país está ligada a sus necesidades de exportación”, señala.

Sin embargo, identifica una coincidencia particular entre una de las candidaturas y el Gobierno ecuatoriano.

“En los temas de seguridad, la retórica de Keiko Fujimori es afín a la del actual Gobierno ecuatoriano”, afirma.

No obstante, aclara que un eventual triunfo de Roberto Sánchez no implicaría necesariamente conflictos con Ecuador.

“Esto no significa que, si triunfara Roberto Sánchez, la relación vaya a ser conflictiva, pues las necesidades de los dos países frente a un problema transnacional son similares”, añade.

El peso de los legados políticos
Uno de los elementos que diferencian a Keiko Fujimori de su rival es la carga histórica que representa su apellido en la relación bilateral.

La candidata es hija del fallecido expresidente Alberto Fujimori, quien junto con el entonces mandatario ecuatoriano Jamil Mahuad protagonizó uno de los momentos más importantes de la historia reciente entre ambos países.

Tras el conflicto del Cenepa de 1995 y varios años de negociaciones diplomáticas, ambos gobernantes firmaron el Acta de Brasilia el 26 de octubre de 1998, acuerdo que puso fin de manera definitiva a una disputa territorial que se había prolongado durante más de un siglo y medio.

El tratado permitió culminar la delimitación fronteriza, abrió espacios para la integración económica y dio paso al Plan Binacional de Desarrollo de la Región Fronteriza, considerado uno de los principales instrumentos de cooperación entre Ecuador y Perú.

Ese antecedente sigue siendo un elemento presente cuando se analiza una eventual presidencia de Keiko Fujimori.

Del otro lado se encuentra Roberto Sánchez, quien construyó buena parte de su campaña reivindicando la figura del expresidente Pedro Castillo.

Sánchez fue ministro de Comercio Exterior y Turismo durante el gobierno de Castillo y ha incorporado a familiares y colaboradores cercanos del exmandatario dentro de su proyecto político. Además, ha prometido indultarlo en caso de llegar a la Presidencia.

Impacto en la relación bilateral Ecuador-Perú
Para el analista político peruano Enrique Castillo, estas diferencias podrían influir en el nivel de cercanía que tenga el próximo Gobierno peruano con Ecuador.

“Considerando la afinidad ideológica y la relación que Ecuador y Perú tuvieron durante el gobierno de Alberto Fujimori con la firma del Acuerdo de Paz de 1998, es muy probable que la relación con Keiko Fujimori sea más fluida en todo orden de cosas”, señala.

Según Castillo, una eventual coincidencia entre Noboa y Fujimori podría reflejarse especialmente en los temas de seguridad.

“Daniel Noboa y Keiko Fujimori podrían compartir ideas y planes comunes en lo que significa la lucha contra la criminalidad y el llamado terrorismo urbano. Además, podrían articular mejor los esfuerzos en el control fronterizo y la lucha contra el narcotráfico”, explica.

Respecto a Roberto Sánchez, considera que las prioridades podrían ser diferentes.

“Con Roberto Sánchez las cosas podrían ser un poco más distantes y las prioridades no necesariamente serían las mismas”, afirma.

El analista agrega que algunas posiciones de los sectores que respaldan al candidato de izquierda podrían generar diferencias frente a las estrategias de seguridad impulsadas actualmente por Ecuador.

Pese a las diferencias que observan los analistas, existe coincidencia en un punto: ninguno de los escenarios anticipa una ruptura en la relación bilateral.

Para Bonilla, los intereses comunes en comercio, integración y seguridad terminarán imponiéndose sobre las diferencias ideológicas.

Castillo, por su parte, considera que con Sánchez podría existir una relación más protocolaria, mientras que con Fujimori habría una mayor sintonía política. “Con Keiko Fujimori las cosas serían distintas por la línea política de ambos y por la historia de los Fujimori con Ecuador”, sostiene.

En tanto, la decisión final quedará en manos de los más de 27 millones de peruanos convocados a las urnas este domingo. Lo que ocurra en Perú no solo definirá el rumbo político de ese país, sino también el tono que tome la relación con los países de la región, incluido Ecuador, uno de sus principales socios y vecinos en la región.

fuente El universo

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