“No nos engañemos: somos pocos”. Con esta frase, la voz de Martín Caparrós cruza el Océano Atlántico como ondas electromagnéticas, llegando desde Torrelodones, un pequeño pueblo a las afueras de Madrid, a orillas de la sierra de Guadarrama. Allí reside desde hace varios años. “Los lectores de libros somos relativamente pocos, pero no vamos a dejar de serlo porque haya buenas series o cosas interesantes en el celular o peleas estúpidas en Twitter”, asegura el escritor.
El autor argentino sostiene que el desinterés por la lectura no se soluciona limitando el acceso a la tecnología: “Si no te interesa la lectura, no vas a leer más porque te quiten el teléfono”. Su más reciente lanzamiento es la reedición de su serie Los tanguitos de Rivarola, a cargo del sello español Galaxia Gutenberg. El primer volumen, Todo por la patria, fue publicado originalmente en 2018, y le seguirán títulos como Horror de Buenos Aires, Los suicidios de Gardel, Ojos que no ven, La iglesia condenada y Viva la muerte, esta última lanzada en 2024. La serie transporta a los lectores al Buenos Aires de la década de 1930 en el Río de la Plata.
En cuanto a su salud, Caparrós comenta con sinceridad: “¿Cómo estoy? Bueno, qué se yo, dentro de lo que cabe, más o menos bien. Quiero decir: sigo escribiendo, sigo trabajando más o menos normal, dando charlas. Todo en silla de ruedas y con poquita fuerza. Pero sigo”. En 2024, el escritor hizo público su diagnóstico de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad neurodegenerativa progresiva. Sin embargo, su actividad es constante: la semana pasada participó en la Feria del Libro de Madrid y tiene más compromisos en su agenda. “Uno va a lugares, se encuentra con gente: tiene gracia”, afirma.

La historia del Pibe Rivarola ha cautivado a múltiples lectores. La trama, que entrelaza la desaparición del futbolista Bernabé Ferreyra con el asesinato de la joven burguesa Mercedes Olivieta, fue publicada por primera vez en 2018 bajo el sello Planeta. Durante la pandemia, Caparrós continuó escribiendo las siguientes entregas, las cuales fueron editadas por Clarín en una colección que solo se conseguía en quioscos y que se agotó rápidamente. “Entonces los libros quedaron sepultados. Me dio mucho gusto que Galaxia tuviera la idea de reeditar toda la serie”, señala.
El protagonista, Rivarola, es periodista de profesión, pero sus sueños giran en torno al tango: escribe letras para este género musical. Caparrós explica que “en esta reedición cada volumen tiene un QR al final del volumen, el primero tiene uno solo y todos los demás tienen dos, que son algunos de los tangos que compone Rivarola. Y están cantados con inteligencia artificial. Digamos que cada libro viene con un par de canciones. Me da gusto que lo hagan así, con ganas”. El autor recuerda con cariño el proceso creativo: “Me divertí mucho escribiendo esta serie. Fue realmente muy divertido el proceso”.
El origen de esta saga se remonta a un verano de intensa lectura. Caparrós confiesa haberse devorado todas las novelas de Andrea Camilleri protagonizadas por el comisario Montalbán. “Era una especie de entusiasmo desbordante. Cuando las terminé ya no había más. Me agarró como una pena. Estuve unos días y dije: ¿por qué no puedo buscar el mismo tipo de placer pero escribiendo? Y se me ocurrió este personaje. Siempre la pasé muy bien escribiéndolo, pero escribir una novela policial tiene el mismo atractivo que leer una novela policial”, relata.

Los tanguitos de Rivarola constituyen un viaje al pasado a través de novelas de género y saga. Caparrós buscaba “sentir un poco cómo era nuestra ciudad en esa época. Y es curioso: a la distancia parece una edad de oro. Uno cree que hace cien años la Argentina era un país próspero y pujante y qué sé yo. Yo mismo lo pensaba a la distancia, pero en esa exacta época se escribió ‘Cambalache’: ‘el mundo fue y será una porquería, ya lo sé’. No tenían para nada la sensación de estar viviendo una edad de oro; todo lo contrario”.
Consultado sobre si la ficción captura mejor la vida cotidiana que la historia, el escritor responde: “En general los libros de historia son muy parcos en cuanto a vida cotidiana, a cómo se vivía realmente. Suelen hablar de grandes movimientos pero no te cuentan cómo era el café tal, qué bondi te tomabas o cómo salías con una chica. Eso en una novela puede estar, en esta está”. Cuando se le pregunta si las novelas del futuro que retraten el presente incluirán chats oscuros con robots humanizados, suelta una risa y dice: “Por suerte yo no voy a estar”.
Pero por ahora, Caparrós está presente y sigue activo, como él mismo recalca. Opina sin reservas sobre la coyuntura política, tanto en redes sociales como en entrevistas. “No me sorprende que haya escritores que no quieren opinar para no espantar lectores. Son de un optimismo extraordinario. Me da envidia que crean algo así. Y si fuera así, que se miren una vez más, si pueden, en el espejo de Borges, que decía estupideces enormes en política y lo seguimos leyendo devotamente”, afirma.
Finalmente, el autor argentino lanza una crítica directa al gobierno de su país: “Me parece que a mediano plazo la pregunta que se hará mucha gente sobre esta época es cómo fuimos tan increíblemente estúpidos como para elegir que nos gobernara un señor y una señora como los que nos están gobernando. Gente muy poco preparada, muy poco capaz de llevar adelante la tarea que le han dado sin caer en cataratas de insultos, malos tratos, equivocaciones, errores y todo tipo de maniobras que van a ser muy dañinas, que ya lo están siendo”. Con tono resignado, concluye: “Me da mucha pena esta época, me da mucha tristeza. No nos merecemos esto, y sin embargo lo hemos sabido conseguir”.
Fuente: Infobae