Las monarquías del Golfo Pérsico, conocidas por sus cuantiosas compras militares a proveedores occidentales, están girando hacia una estrategia de producción nacional de armamento. Históricamente, su riqueza petrolera financia cerca del 20% de las importaciones globales de armas, abarcando desde cazas hasta fragatas. En un entorno volátil, la seguridad siempre ha tenido un costo elevado.
Actualmente, estos gobernantes buscan reducir su dependencia tecnológica y militar de Occidente, una ambición reforzada por el conflicto con Irán. Arabia Saudita, por ejemplo, aspira a que para 2030 el 50% de su gasto en defensa se quede dentro del país —frente al 25% actual— y que su firma estatal SAMI figure entre las 25 mayores del mundo. No obstante, por ahora SAMI, con empresas conjuntas con Boeing, fabrica principalmente repuestos para cazas estadounidenses y algunas líneas de vehículos blindados. Barzan Holdings, de Catar, también tiene metas ambiciosas pero escala reducida.
Es en los Emiratos Árabes Unidos (EAU) donde el avance es más notable. En 2019, unas 25 empresas locales se fusionaron para crear el Grupo EDGE, un conglomerado nacional de defensa. Desde entonces, ha adquirido participaciones mayoritarias en firmas extranjeras. En mayo pasado, acordó comprar el 80% de Costruzioni Motori Diesel, fabricante italiano de motores. Posee el 51% en empresas conjuntas con las italianas Leonardo (sectores diversos) y Fincantieri (construcción naval), y una alianza con la alemana Rheinmetall (defensa aérea). En noviembre, conformó una sociedad con Anduril, empresa estadounidense de tecnología defensiva, para producir drones para los EAU y sus aliados.
El año fiscal pasado, los ingresos de EDGE superaron los 5.000 millones de dólares, con márgenes de ganancia calificados como saludables. La cartera de pedidos creció en aproximadamente 8.000 millones de dólares, elevando el total pendiente a más de 20.000 millones. Hamad al-Marar, director ejecutivo, estima que los ingresos aumentarán un 20% en los próximos dos años conforme se ejecuten esos contratos. Actualmente, EDGE figura entre los tres principales fabricantes mundiales de municiones guiadas de precisión.
La estrategia de EDGE no apunta a la autosuficiencia total, sino a priorizar sistemas y componentes críticos o con cadenas de suministro vulnerables. Su enfoque inicial en propiedad intelectual se ha expandido: según un ejecutivo, ahora la compañía busca también producir esa propiedad intelectual localmente.
El crecimiento de EDGE ha reducido la participación de los EAU en las importaciones globales de armas, del 3,5% en 2016-2020 al 2,7% en 2021-2025, según el instituto sueco SIPRI. Sin embargo, la empresa no solo abastece al mercado local: exporta cerca del 75% de su producción a países de América Latina, África y Asia. Marar señala que, pese al aumento de la competencia regional, el contexto geopolítico abre más destinos de exportación. En enero, EDGE firmó un acuerdo de empresa conjunta con Barzan Holdings y licenció su tecnología de vehículos a SAMI.
El poderío defensivo emiratí ha demostrado su valor en combate. Irán ha atacado a los EAU con mayor frecuencia que a Arabia Saudita o Catar. Según funcionarios, cerca del 80% de los drones Shahed iraníes fueron interceptados con tecnología emiratí. Los sistemas de guerra electrónica de EDGE detectaron misiles y drones entrantes, activando interferencia y suplantación de señales, en colaboración con sistemas antimisiles balísticos estadounidenses.
Marar destaca que la ventaja de EDGE radica en que su tecnología ha sido probada en combate real. No obstante, la guerra también implica retos: los suministros que quedan atascados en el estrecho de Ormuz, por ejemplo, retrasan planes de producción. Aun así, los esfuerzos emiratíes por nacionalizar la producción defensiva parecen hoy visionarios. En un mundo de aliados poderosos y vecinos fraternales, la autosuficiencia adicional resulta invaluable. El campeón defensivo de los EAU podría otorgarles la ventaja decisiva que necesitan.
Fuente: Infobae