La reconocida actriz británica Emilia Clarke, mundialmente famosa por interpretar a Daenerys Targaryen en Game of Thrones, se adentra ahora en el género de espionaje con la serie Ponies. Esta producción está ambientada en la Rusia de la Guerra Fría y marca un giro radical en su carrera.
Disponible en las plataformas Sky y Now en Reino Unido e Irlanda, Ponies no solo representa un nuevo registro actoral para Clarke, sino también su debut como productora ejecutiva. En una entrevista para el pódcast Dish, la artista confesó los pormenores de esta doble responsabilidad y los obstáculos que debió superar, entre ellos, el aprendizaje del idioma ruso.
En Ponies, Clarke interpreta a una espía novata en el contexto de Moscú, 1977. La actriz detalló que participar en la producción va más allá de su trabajo frente a las cámaras. Ahora, también se involucra en decisiones creativas, colabora estrechamente con el equipo técnico y mantiene una actitud cercana durante el rodaje, que se lleva a cabo en Budapest.
El origen de ‘Ponies’ y el salto a la producción
El interés de Emilia Clarke por Ponies surgió desde la primera lectura del guion. Según sus propias declaraciones: “A veces simplemente lees algo y piensas: ‘Esto es tan divertido, tan encantador… quiero verlo y quiero formar parte de ello’”.
Al hablar de su labor como productora, Clarke explicó que pudo ir más allá de un crédito honorífico. “Pude aportar ideas reales como productora, mucho más allá del crédito habitual para actores. Me involucré en el día a día, me aseguré de que todo el equipo estuviera bien y mantuve el ánimo positivo en el set”, señaló. La actriz añadió que esta nueva faceta le ha permitido un crecimiento profesional significativo. “Me encanta estar un poco demasiado ocupada. Siento que así las cosas siempre avanzan”, afirmó.
El equipo de producción le brindó una libertad creativa que, según Clarke, marcó una diferencia sustancial respecto a otros proyectos anteriores, permitiéndole influir en aspectos narrativos y organizativos de la serie.
El reto del ruso y la ambientación histórica

Meterse en la piel de una espía en la Unión Soviética de los años 70 implicó para Clarke un desafío histórico y lingüístico de gran magnitud. En la entrevista, confesó que el aprendizaje del ruso fue particularmente complejo. “El aprendizaje del ruso fue un reto enorme; implicó métodos de memoria inusuales y mucha disciplina”, relató.
Para dominar el idioma, Clarke trabajó con un tutor que empleó técnicas poco convencionales. La actriz describió su método: “Cada palabra se convertía en una secuencia de imágenes. Aprendía la historia, la ubicaba mentalmente y recurría a ese recorrido durante las escenas en ruso”. Esta estrategia incluyó la asociación de sílabas con imágenes y la creación de un “palacio de la memoria”.
La trama de Ponies, situada en 1977, sigue la historia de dos mujeres estadounidenses que, tras perder a sus esposos —quienes eran agentes de la CIA— en Moscú, deben reinventarse como espías en un entorno hostil. El guion explora temas como la amistad femenina, el duelo y el proceso de autodescubrimiento en circunstancias extremas, elementos que dotan de profundidad emocional a la serie y la diferencian de otras narrativas de espionaje.
Rutinas en el set, pasión por la cocina y el origen de su vocación

Durante el rodaje en Budapest, Emilia Clarke mantuvo ciertas rutinas para crear un ambiente familiar y fomentar el compañerismo. En Dish comentó: “Cuando estás lejos, cocinar o preparar bocadillos para el equipo hace que todo parezca más familiar y llevadero. Encontré un mercadillo de productos frescos y una pescadería italiana, y así pude seguir cocinando incluso en pleno rodaje”.
La actriz también compartió su pasión por la gastronomía, confesando que disfruta planificar cenas para amigos y que la cocina es una vía de relajación e integración en su vida diaria y profesional. “Me apasiona cocinar para la gente. Puedo pasar días planeando un menú para amigos y compañeros”, señaló.
En cuanto a su vocación, Clarke reveló que supo desde muy pequeña que quería dedicarse a la actuación, inspirada por su entorno familiar. “Creo que tenía solo tres años cuando me di cuenta de que quería ser actriz. Mi padre era diseñador de sonido teatral y me llevaba a los ensayos”, recordó.

Esa pasión infantil se consolidó gracias a su participación en montajes escolares, y hoy, con Ponies, Clarke busca una integración artística profunda, superando barreras idiomáticas y apostando por historias donde la sororidad femenina ocupa un lugar central.
Fuente: Infobae