Joven confundió fatiga con estrés y le hallaron tumor cerebral: su lucha

Michael Archer, un residente de St Neots, Cambridgeshire, en Reino Unido, de 35 años, solía pensar que su debilidad muscular y su pérdida de audición eran simples consecuencias del estrés diario y del envejecimiento. Sin embargo, los médicos descubrieron que en realidad padecía un tumor cerebral causado por una neurofibromatosis tipo 2, una enfermedad genética poco común.

Síntomas como la sordera parcial o la falta de fuerza en las piernas, que muchas personas asocian con la edad, pueden ser indicios de dolencias graves. La neurofibromatosis tipo 2 es un claro ejemplo: afecta al sistema nervioso y puede pasar desapercibida si se confunde con el paso de los años, lo que retrasa el diagnóstico y reduce las opciones de un tratamiento temprano.

La vida de Michael Archer dio un giro radical después de los 30 años. En su oficina, solía bromear sobre su posible sordera y notó que perdía coordinación y fuerza en las piernas.

En septiembre de 2022, acudió a una limpieza de oídos. Posteriormente, en marzo de 2024, cuando tenía 33 años, visitó a un fisioterapeuta por molestias musculares. El especialista, al sospechar un problema neurológico, lo remitió para exámenes más profundos.

En el Hospital Hinchingbrooke, una resonancia magnética y análisis de sangre confirmaron la existencia de tumores en el cerebro y la médula espinal.

La neurofibromatosis tipo 2 puede pasar inadvertida cuando síntomas como sordera, debilidad en las piernas o falta de coordinación se confunden con el envejecimiento (Michael Archer Instagram)

Archer declaró a Talk to the Press:

“Podría haber restado importancia a estos síntomas, atribuyéndolos simplemente a la edad, ya que en realidad comenzaron después de cumplir los 30. Me lo tomé con mucha indiferencia y no esperaba nada malo en absoluto”.

El camino hacia el diagnóstico de la neurofibromatosis tipo 2

El proceso arrancó con pruebas en las piernas y culminó con el diagnóstico de neurofibromatosis tipo 2 en octubre de 2024. Los exámenes detectaron dos tumores en el cerebro y dos en la médula espinal, que provocaban rigidez y falta de coordinación.

Archer recordó que, al recibir la noticia, sintió una mezcla de confusión y miedo.

“Estaba atónito y no podía comprender lo que me estaba pasando. Lloré todo el camino a casa, donde estaban mis amigos, y pensé: ‘Voy a morir’”.

Después del diagnóstico, la rigidez y la debilidad empeoraron. El especialista interpretó los hallazgos como signos neurológicos anormales y ordenó estudios específicos que finalmente permitieron descubrir la enfermedad.

La neurofibromatosis tipo 2 puede pasar inadvertida cuando síntomas como sordera, debilidad en las piernas o falta de coordinación se confunden con el envejecimiento (Imagen Ilustrativa Infobae)

El impacto emocional y social del diagnóstico

El diagnóstico golpeó profundamente a Archer, quien en un primer momento recurrió al alcohol para manejar el impacto emocional.

“Sonaba como una sentencia de muerte, así que mi primera reacción fue una depresión total. Empecé a beber mucho y a tener dificultades para sobrellevarlo; básicamente, durante los primeros meses me emborrachaba para huir del diagnóstico”.

La incertidumbre sobre el futuro y el carácter impredecible de la enfermedad marcaron su día a día. “De la noche a la mañana, toda la vida que imaginabas desaparece y no va a ser como la habías imaginado”.

Actualmente, Archer utiliza sus redes sociales para compartir su historia, conectar con otros pacientes y recaudar fondos. Considera que mucha de la información disponible en internet sobre esta condición está obsoleta o resulta desalentadora.

En una publicación, expresó: “Me he sentido ansioso, enfermo, agotado y, en general, desequilibrado. Pero momentos como este también me recuerdan lo agradecido que estoy. Cuando vives con NF2 y tumores espinales, empiezas a ver la vida de otra manera. Incluso los días difíciles se convierten en recordatorios de lo que aún tienes”.

El tratamiento de Michael Archer incluye una cirugía prevista para octubre de 2026 en el Hospital Addenbrookes y una medicación de por vida para frenar el avance de los tumores (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para enfrentar este panorama, Archer remarcó la importancia de ejercitarse y mantenerse activo.

“La mente domina la materia. No soy médico y no estoy dando consejos médicos. Entrenar, moverme y mantenerme activo me ha ayudado mentalmente más de lo que puedo expresar con palabras, y me ha mantenido hasta aquí”.

Tratamiento y futuro de la enfermedad

Archer deberá someterse a una cirugía programada para octubre de 2026 en el Hospital Addenbrookes. Tras la intervención, comenzará un tratamiento farmacológico para intentar frenar el avance de los tumores, una medicación que probablemente deberá tomar de por vida.

El seguimiento médico incluirá evaluaciones periódicas con resonancias magnéticas y revisiones auditivas y visuales. Los especialistas recomiendan que las personas con neurofibromatosis tipo 2 se realicen controles regulares para detectar tempranamente nuevos tumores.

Enfrentarse a una enfermedad incierta es un desafío continuo para Archer. Su experiencia resalta la importancia del autocuidado y el apoyo comunitario, y demuestra que la esperanza puede convertirse en la base sobre la que construir el día a día.

El diagnóstico de neurofibromatosis tipo 2 tuvo un fuerte impacto emocional en Archer, que describió depresión, miedo e incertidumbre sobre su futuro (Imagen ilustrativa Infobae)

Qué es la neurofibromatosis tipo 2 y cuáles son sus síntomas

La neurofibromatosis tipo 2 es un trastorno genético raro que provoca el desarrollo de tumores benignos en los nervios del cerebro y la médula espinal. El riesgo de transmitir la enfermedad a los hijos es del 50% si uno de los padres está afectado.

La enfermedad puede heredarse de manera autosómica dominante o aparecer de forma esporádica por una mutación genética nueva. Entre los síntomas más frecuentes se cuentan problemas de equilibrio, dolores de cabeza, cataratas prematuras, pérdida auditiva, zumbidos en los oídos, alteraciones visuales y debilidad facial.

Uno de los tumores cerebrales de Archer aumentó 3 mm en seis meses. El diagnóstico se basa en exámenes físicos, estudios genéticos y pruebas de imágenes como la resonancia magnética.

El asesoramiento genético resulta relevante para quienes tienen antecedentes familiares del trastorno.

Fuente: Infobae

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